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I- MIÉRCOLES 10- 6- 87- OPINION -ABC, pág. 19 ESPERANZA POLACA ACE ocho años, cuando Juan Pablo II visitó por primera vez, como Papa, su tierra natal, algún periódico occidental tituló: Wojtyla invade Polonia No encontraba otra fórmula mejor para describir la ola de pasión popular que la presencia de su compatriota despertaba en el antes dormido pueblo polaco. Y, efectivamente, los vientos de libertad desatados en aquella visita iban a sacudir durante años los espíritus y la vida social y política del país. Hay palabras que no se prenuncian impunemente. Y la palabra libertad era una de ellas en Polonia. Una palabra que descubría lo que todos sabían y nadie se atrevía a decir públicamente: que, por debajo de la férrea estructura creada por el Partido Comunista único, latía con fuerza la vida de un pueblo profundamente libre y religioso. Ocho años después en Polonia han sucedido demasiadas cosas y la presencia del Papa por tercera vez tiene muy distinto color. El despertar de 1979 fue aplastado por las botas militares y por la constante amenaza- -ya conocida en países vecinos- -de la invasión soviética. Y las esperanzas creadas por el movimiento sindical de Solidaridad han sido semienterradas. Se entiende, por todo ello, que la renovada presencia de Juan Pablo II signifique para los polacos la última esperanza que les queda para salir del marasmo de. una dictadura impuesta sin sangre, pero impuesta. Un esperar contra toda esperanza. Pero resulta que Karol Wojtyla no es hombre que se rinda. Tiene fe sobrada para impedirlo. Tal vez su visión pecara de algún optimismo hace ocho años. Ahora, desde el más serio realismo aprendido a fuerza de observar y conocer, Juan Pablo II ha vuelto a g r i t a r a s u s compatriotas que hay que seguir luchando porque la victoria espera al final del camino Pero, al mismo tiempo, ha repetido públicamente a Jaruzelski que los polacos tienen derecho a una verdadera participación en la vida pública en un clima de auténtica libertad y que ya es hora de que sean dueños de su propia casa sin vivir bajo él permanente HUCHAS PARA LA CIENCIA OSCIENTOS becarios del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) se paseaban ayer frente a la Secretaría de Estado de Universidades e Investigación con huchas y llamativas pancartas que ponían en evidencia la penuria de su situación: hace tres meses que no cobran las ya de por sí escasas ayudas y, lo que es más grave, llevan entre cuatro y ocho años en condiciones de inestabilidad. El suceso es un síntoma elocuente del estado lamentable en que se encuentra nuestra investigación. Más allá de la retórica maravalliana y de las altisonantes proclamas de modernización, la realidad es esa: personas cualificadas que deben recurrir a espectáculos como el descrito para atraer la atención sobre sus problemas. He ahí, bien patentes, los frutos de la flamante ley de la Ciencia y la Investigación aprobada por los socialistas. Es posible, por qué dudarlo, que estos y otros asuntos no tengan una solución fácil ni rápida, pero en este caso habrá que preguntarse por la viabilidad y la pertinencia de tantas leyes marco y también, cómo no, por las causas profundas de la soberbia con que la Administración hace frente a estos conflictos. Desde luego, es evidente que la modesta cuantía de las becas de los investigadores del CSIC mal se compadece con las sempiternas acusaciones de corporativismo y demás caja de los truenos de descalificación que los actuales gobernantes tienen preparados para ocasiones como ésta. H chantaje de que, si no están quietecitos, vendrán la bota y los tanques rusos para volver a acallarles. Todos cuantos han vivido una dictadura tiránica saben lo que estas palabras significan para un pueblo que anhela libertad. Sólo u n a fuerza como la que Juan Pablo II se ha ganado en el mundo a pulso podría decirlas tan sin rodeos, con tanta franqueza como valor. Con ellas vuelva a reavivar las brasas de una esperanza ya casi apagada en los últimos años. Lógicamente al Papa las brasas que le interesan son las de la fe. Pero sabe muy bien que a éstas están unidas en Polonia las de la libertad civil, y sabe también hasta qué punto es insoportable en un país la coexistencia de un caparazón artificial impuesto por un partido ateo con el latido vivo de un pueblo entrañablemente católico. En ese difícil equilibrio, Juan Pablo II ha colocado- -como un sumando que hay que tener en cuent a- el peso de su voz, el coraje de su abierta defensa de los valores humanos. Todos los que en el mundo aman de verdad la libertad deben hoy estarle agradecidos. La visita del Papa a Polonia, por otra parte, viene a poner de manifiesto, una vez más, el carácter singular que representa la nación polaca en la Europa del Este. Y en este sentido, no debe dejar de resaltarse el inmenso potencial de libertad que genera en la patria de Juan Pablo II, el patrimonio inmenso de su fe católica. D La verdad cierta es que la investigación está hoy en España por los suelos. El porcentaje del presupuesto que se le dedica es mínimo y no resiste la comparación con el de otros países de nuestro entorno. Mucho se prometió; poco se ha hecho. Eso no ha evitado, claro es, las triunfalistas declaraciones de algunas autoridades, que no h a n vacilado en anunciar el progreso real de nuestra investigación. Habría que saber los criterios empleados para mediciones tan optimistas: ¿número de tesis o monografías publicadas? De lo que se trata es de la calidad, no de la cantidad de publicaciones o de alumnos- -siempre en proporción creciente, claro- -que cursan el doctorado; de ver cuántas de esas tesis y artículos aparecen en las bibliografías internacionales y se utilizan en las universidades y centros de investigación de todo el mundo, es decir, de las aportaciones sustantivas que se realizan. Como se trata también de verificar el interés que nuestros centros superiores suscitan en estud i a n t e s y profesores de otros países. La respuesta a estas preguntas no puede ser positiva. Nuestra investigación está bien reflejada- -triste es reconocerlo- -en esos doscientos atribulados becarios de huchas y pancartas. Y así continuará mientras no se adopten las medidas necesarias. Hace falta dinero, por supuesto; pero no sólo eso: urge un nuevo marco legal y administrativo que estimule la creación de ciencia, que es, no se olvide, el objetivo central de la universidad moderna. Y para ello no hay otro principio que la protección y el premio al esfuerzo, al trabajo, con una recalificación constante del personal. Sólo un sistema abierto, sin trabas enojosas, permitirá el desarrollo efectivo de la investigación. A eso se aspiraba con la autonomía de los institutos correspondientes; pero hoy esa autonomía es puro y simple papel mojado. Ese sistema abierto ha de estar en contacto fluido con la empresa privada, cosa que hoy no ocurre ni ocurrirá mientras subsistan tales estructuras y se entienda de tan peculiar manera cuáles son las necesidades reales en España de la investigación y de la enseñanza: ABC Presidente- Editor GUILLERMO LUCA DE TENA Director LUIS MARÍA ANSON Director de ABC de Sevilla Francisco Giménez- Alemán Subdirector: Antonio Burgos Subdirectores Darío Valcárcel, Joaquín Vila, José Javaloyes, Manuel Adrio, Joaquín Amado Jefes de Redacción: J. A. (Sundín (Continuidad) J. 0 Azcue (Internacional) B. Berasátegui (ABC literarb) A. 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