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MARTES 9- 6- 87 A excentricidad de la cultura hispánica no se reduce a la Contrarreforma y a su negación de la modernidad. España es incomprensible si se omiten dos elementos esenciales de su formación: los árabes y los judíos. Sin ellos no podemos entender muchos rasgos de su historia y su cultura, de la conquista de América a la poesía mística. Una cultura no se define sólo por sus actos, sino por sus omisiones, lagunas y represiones; entre estas últimas, en el caso de España, están la expulsión de los moriscos y la de los judíos. Fue una automutilación que, como todas, engendró muchos fantasmas y obsesiones. No es menos compleja nuestra otra herencia, la india y la negra. También en ella abundan los fantasmas terribles: la conquista, la esclavitud, la servidumbre y los mitos, los idiomas, los dioses perdidos. TRIBUNA ABIERTA ABC, póg. 57 L LOS HISPANOS DE LOS ESTADOS DNIDOS (IV) Aparte de esta complejidad étnica y cultural, los grupos hispánicos de los Estados Unidos pertenecen a países distintos. En un extremo, la población mexicana, originaria de un país en el que la realidad inmediata son las montañas y las grandes planicies. Una población que tradicionalmente ha vivido de espaldas al mar. En el otro extremo, los portorriqueños y los cubanos, isleños que no conocen más llanura que la del mar. Entre los mexicanos- ceremoniosos, callados, introvertidos, religiosos y violentos- la herencia india es determinante; entre los cubanos y los portorriqueños- extrovertidos, bullangueros, efusivos, vivaces y, también, violentos- la influencia negra es visible. Dos temperamentos, dos visiones, dos sociedades dentro de una misma cultura. La diversidad étnica, geográfica y psicológica se extiende a otros dominios. La mayoría de la población mexicana es de origen campesino. Los más antiguos son los descendientes de los antiguos pobladores del sur de los Estados Unidos, establecidos en esas tierras cuando eran mexicanas; los otros, los más numerosos, han llegado en sucesivas oleadas durante todo el siglo XX. México es un país antiguo y lo más antiguo de México son sus campesinos: fueron contemporáneos del nacimiento de las primeras culturas americanas, hace tres mil años; desde entonces han sobrevivido a inmensos trastornos, varias divinidades y distintos regímenes. Son también los autores de una extraña y fascinante creación: el catolicismo mexicano, esa síntesis imaginativa del cristianismo del siglo XVI y las religiones ritualistas precolombinas. Profundamente religiosos, tradicionalistas, tenaces, pacientes, sufridos, comunitarios, inmersos en un tiempo lento hecho de repeticiones rítmicas, ¿cómo no comprender su desconcierto y sus dificultades para adaptarse a los modos de vida de los Estados Unidos y a su frenético individualismo? Choque de dos sensibilidades y dos visiones del tiempo, ¿cuál será el resultado final de este encuentro? El caso de los cubanos es el opuesto. Es una inmigración nueva que salió de Cuba expulsada por el régimen de Castro y que pertenece en su mayoría a la clase media: abogados, médicos, comerciantes, técnicos, profesores, ingenieros. No han tenido que dar el salto a la modernidad: ya eran modernos. Esta es una de las razones de su rápida y nencia del individuo como valor central es doble, según señalé: viene de la Reforma y de la Ilustración. La sociedad hispano- católica Por Octavio PAZ es comunitaria y su núcleo es la familia, peafortunada inserción en la vida norteamerica- queño sistema solar que gira alrededor de un na. Las otras son su inmensa vitalidad, su astro fijo: la madre. No es accidental la fundespierta inteligencia, su acometividad, su ca- ción cardinal de la imagen materna en la sopacidad de trabajo. Comparar a los cubanos ciedad latinoamericana: en su figura concon los puertorriqueños es injusto; la inmigra- fluyen las viejas divinidades femeninas del ción cubana tuvo desde el principio una ven- mediterráneo y las vírgenes cristianas, las diosas precolombinas y las afritaja de la que han carecido mucanas: Isis y María, Coatlicue y chos puertorriqueños: una cultuYemayá. Eje del mundo, rueda ra moderna. Sin embargo, los lodel tiempo, centro del movimiengros de los puertorriqueños no to, imán de la reconciliación, la son desdeñables y hay uno en madre es fuente de la vida y deverdad extraordinario y que topósito de las creencias religiosas dos deberíamos admirar: no sólo y de los valores tradicionales. han conservado su fisonomía nacional, sino que han revitalizado Los valores hispano- católicos su cultura. expresan una visión de la vida muy alejada de la que prevalece Las diferencias que imponen en la sociedad norteamericana, la geografía, la sangré y la clase en la que la religión es, sobre son también diferencias de tiemtodo, un asunto privado. La sepos históricos: el campesino de paración entre lo público y lo priOaxaca que ha emigrado a los vado, la familia y el individuo, es Estados Unidos no viene del menos clara y tajante entre los mismo siglo que el periodista de Octavio Paz hispanos que entre los norteaLa Habana o el obrero de San Escritor mericanos. Los fundamentos de Juan. Pero algo los une: son los la ética son semejantes para expulsados de la historia. Los mexicanos pertenecen a una tierra sobre la unos y otros: ambos comparten la herencia que diferentes civilizaciones han levantado pi- cristiana. Sin embargo, las diferencias son rámides, templos, -palacios y otras admirables capitales: en las dos versiones de la ética construcciones, pero que no ha podido, en norteamericana, la puritana y la neohedoniseste siglo, albergar a todos sus hijos; los cu- ta, la prohibitiva y la permisiva, el centro es el banos y los puertorriqueños- fragmentos de individuo mientras que la familia es el protaun gran imperio desmembrado: el español- gonista verdadero en la moral hispánica. La han sido el objeto de la expansión imperial primacía de la familia no tiene sólo efectos norteamericana y ahora, los cubanos, de la benéficos: la familia es hostil por principio al rusa. Los otros grupos de hispanos proceden- bien común y al interés general. La moral fates de la América Central y de otras regiones miliar ha sido y es adversa a las acciones gede Suramérica son también fugitivos de la nerosas y desinteresadas (recuérdese la conhistoria. Los latinoamericanos no. herños podi- denación evangélica) La raíz de nuestra apado crear todavía sociedades democráticas, tía y pasividad en materia política, así como del patrimonialismo de nuestros gobernantes estables y prósperas: -con su causa de nepotismo y corrupción- Por- más terribles y poderosos que hayan está en el egoísmo y en la estrechez de misido los motivos que los obligaron a dejar sus ras en la familia. Además, precisamente, porpaíses, los hispanos no han roto los lazos que el individuo goza de menos espacio para con sus lugares de origen. Apenas Castro desplegarse, la acción individual se manifiespermitió que los exiliados pudiesen visitar a ta muchas veces en dos direcciones igualsus familias y parientes de Cuba, la isla se mente perniciosas: el orden cerrado y la rupllenó de visitantes de Miami y de otras partes. tura violenta. Cohesión y dispersión: el paLo mismo ocurre con las comunidades puer- triarca y el hijo pródigo, Abraham y don Juan, torriqueñas y chicanas. En el norte de México el caudillo y el francotirador solitario. y en el sur de los Estados Unidos hay ya una subcultura que es una mezcla de rasgos La continuidad de los modelos tradicionales mexicanos y norteamericanos. La cercanía de convivencia no se explica únicamente, clageográfica ha favorecido el intercambio y, asi- ro está, por la fidelidad a la cultura propia y mismo, ha fortalecido los vínculos de las co- por la influencia de la familia. Las persecuciomunidades hispánicas con su suelo natal. nes, el trato desigual, las humillaciones y las Este es un hecho preñado de futuro: la comu- diarias injusticias han sido también factores nicación entre la minoría hispana y las nacio- decisivos para fortificar la cohesión de las cones latinoamericanas ha sido y es continua. munidades hispanas. Esto es particularmente No es previsible que se rompa. Es una verda- cierto en los casos de las minorías puertorridera comunidad, no étnica ni política ni eco- queñas y mexicanas, víctimas constantes de nómica, sino cultural. la discriminación y de otras iniquidades. A esEn suma, lo que me parece notable no es tas circunstancias hay que añadir otra igualla diversidad de los grupos hispanos y sus di- mente poderosa de orden económico: la dififerencias, sino su extraordinaria cohesión. cultad para obtener una educación superior. Esta cohesión no se expresa en formas políti- Todo esto- -cultura, tradición y cohesión cocas, pero sí en conductas y actitudes colecti- munitaria, pero también discriminación- ha vas. La sociedad norteamericana está funda- influido en las modalidades y logros del trabada sobre el individuo. El origen de la preemi- jo intelectual y artístico de estos grupos. Arte e identidad