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MARTES 9- 6- 87 CULTURA Cien años de Corpus Barga ABC 55 A era hora. De nuevo tenemos a Corpus Barga con nosotros, un día de fiesta para la literatura contemporánea española, el descubrimiento de lo perdido, ahora encontrado. En nuestro país no nos debe extrañar este suceso. Las razones históricas, sociales o psicológicas se nos parecen a montones. Que si la envidia, que si los celos, que si- el resentimiento. Lo que sí se debe afirmar es que por una razón o por otra, ya Corpus Barga lo hemos colocado en su nueva casa con los mejores honores, con este homenaje que hoy le tributamos gente de la más diversa condición. Sólo nos reúne la emoción, el pensamiento y la tranquilidad del cumplimiento de un deber que se nos hacía apremiante y con Corpus Barga otros nombres olvidados, que si Ramón Gómez de la Sema, Max Aub o Antonio Espina, tan mal situados donde habita el olvido. (Por citar un hecho: en los años treinta de este siglo Ramón Gómez de la Serna aparecía en todas las mejores revistas europeas, alemanas, francesas o italianas, con la mayor frecuencia como una figura extraordinaria de nuestra cultura. Hoy casi no se habla de él. Una desgracia. Creemos que ha llegado el momento de sacar a primer término a este Corpus Barga, nada más que ponerlo en su sitio, en su lugar de descanso, como é se lo merece por tan original, atrevida, innovadora obra. A estas alturas no sabemos si Corpus Barga fue un novelista, un periodista o un memorialista. Cualquier palabra es buena para identificarlo. El ignoraba cómo nombrarse. Lo que está muy claro es que todo lo supo hacer bien. Hecho no corriente. Esta manera de comportarse literariamente siempre nos llenó de perplejidad. En los mejores escritores, llámese Miguel de Unamuno, Pío Baroja o Benito Pérez Galdós, clásicos y modernos, viejos y nuevos, hay páginas chapuceras, inútiles, desgraciadas. En Corpus Barga, no. Le salía todo redondo, la narración, la crónica, el ensayo. Lo leí siempre desde los años treinta, en la Revista de Occidente El Sol o en La Nación de Buenos Aires. Quiero confesar con cierto candor que en todo momento me hubiera gustado escribir como él, Corpus Barga fue el modelo de un crítico moderno, mi máxima aspiración. Siempre guardé como oro en paño un ensayo publicado en la Revista de Occidente 1935, con su título, Política y literatura con motivo del Congreso Internacional de Escritores que se celebraba en París en esas fechas y la asistencia de gente de todo el mundo: soviéticos, ingleses, austríacos, norteamericanos o chinos, con figuras como André Malraux, Paul Eluard, Aldous Huxley, Heinrich Mann, Alexis Tolstoy, todos de esta categoría. Para mantener su criterio con relación a la obra del realismo soviético y al realismo occidental de orden liberal, Corpus Barga se vale de la novela de Louis Aragón, Las campanas de Basilea que hacía poco tiempo se había publicado, sobre la que establece su meditación verificada con una independencia de criterio, su estupendo bien hacer y esa gracia tan ligera que él sabía imprimir a todo lo que tocaba. Un don que nadie a estas alturas le puede quitar. Pero ya es hora de que entremos en un análisis más riguroso de su trabajo literario, porque hizo todo bien, redondo, en su punto Y Al fin, de nuevo de caramelo. El acercamiento a su escritura, el hallazgo de su tesoro textual. El estuvo reñido de modo reiterado con las formas tradicionales más en boga, se saltó todas las reglas a la torera, fue siempre un ácrata inspirado, una condición muy ibérica. Pero al mismo tiempo el artista más cosmopolita. Los pasos contados -una vida española a caballo en dos siglos, 1887- 1957- su más importante libro es el mejor testimonio de aquel buen hacer. Este mismo título, Los pasos contados nos puede servir de trampolín. ¿Qué se nos quiere decir con los pasos contados? No sabemos si se desea contar nuestros pasos, los que damos en nuestra vida uno a uno, numéricamente, o si se nos intenta ofrecer el cuento de esa misma vida. Corpus Barga se queda con el secreto. Y nosotros con su literatura, que es lo que nos va a enriquecer. Cuando se habla de Corpus Barga siempre se menciona al periodista, que fue el mejor periodista, que se pasó su vida ejerciendo de periodista. Que esto es cierto y si no nos olvidamos que por encima de todo jamás dejó de ser un excepcional escritor, que en Los pasos contados nos desvela su historia. El periodista número uno que cuando quiere se hace ensayista, otras veces se nos convierte en el mejor memorialista y si le da la gana se hace el mejor crítico, con su texto ligero, divertido, incitante. Estos cuatro tomos de Los pasos contados son una delicia. Corpus Barga hace con su literatura lo que le place. A lo largo de sus páginas lo vamos conociendo muy bien, con sus tan diversas actitudes, el pensamiento en tensión y su criatural condición significante en acción. Aquí aparece el novelista. Antes el memorialista y siempre el historiador que no abandona sus principios clásicos. Lo que no quiere decir que cuando le parece, por ejemplo, el tomo tercero de la serie, se nos convierta en un surrealista, un surrealista singular, porque de automatismo psíquico puro nada. Su formación humanística no se lo permitía. Pero no cabe duda que en estos textos, excepcionales para nuestro país, hay un surrealismo a su manera caudaloso, alegador, disparado, que nos sorprende, atosiga y maravilla. Que bien valdría la pena estudiar con un poco de calma. Recordemos que Paul Eluard, el gran poeta surrealista francés, le dijo un día en París a Corpus Barga que escribiera sus memorias. Efectivamente, son éstas las que leemos hoy en Los pasos contados Se nos narra aquí una vida. Esta expresión es muy de nuestro periodista, tan difícil de definir. La vida de Los pasos contados está hecha de historias, chismes, anécdotas, dimes y diretes, patrañas, enredos y muchos cuentos, todo esto trabado por una memoria prodigiosa, el hecho periodístico más atrevido del texto más acogedor que pueda darse. Corpus Barga escribe para que se le quiera. Es como un delfín que navega primero por la popa del navio y luego delante de su proa con sus saltos, piruetas y acrobacias fascinantes. El navio sería la historia real de Corpus Barga, convertida hoy en la mejor literatura. Al fin ahora redescübierta y que nos afirma lo que decía nuestro gran Baltasar Gradan; en su Aforismo del oráculo manual de hombres en su siglo. A Corpus Barga le ha tocado ahora su vez Al fin, de nuevo. Domingo PÉREZ MINIK -Bibliografía La vida rota (dos volúmenes) Apocalipsis Tiempo de nadie Memorias: Los pasos contados (I, Mi familia, El mundo de mi infancia II, Puerilidades burguesas III, Las delicias IV, Los galgos verdugos Hechizo de una triste marquesa (La primera edición se publicó con el título de La baraja de los desatinos Canciones Clara Babel Pasión y muerte El hombre raro de Getafe