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86 A B C CAMPEÓN Campeonato de Europa de baloncesto LUNES 8- 6- 87 88- 104: España, tercera en su grupo tras caer derrotada frente a la URSS Díaz Miguel cambió la defensa a zona ante grandes tiradores Atenas. Julio Carlos Diez, enviado especial No tenía trascendencia el partido entre España y la Unión Soviética, con ambas selecciones clasificadas para jugar los cuartos de final del Campeonato de Europa de baloncesto y eso se notó en la pista. Los jugadores salieron distendidos, sin motivación y los errores fueron más que los aciertos. Al final, un rotundo 88- 104 que pudo ser menor si en los últimos minutos los hombres de Díaz Miguel no hubieran perdido tantos balones. La verdad es que antes del comienzo del encuentro, la discusión entre los españoles que están siguiendo el torneo en Atenas se centraba en saber qué era más interesante: ganar a la Unión Soviética para ser campeones de grupo, lo que suponía poder encontrarse con Grecia en semifinales, o perder y quedar terceros para jugar frente a los rusos en ese teórico cruce posterior. No había unanimidad, porque el temor a la influencia del público griego sobre los arbitros invalida cualquier valoración previa de los equipos. El hecho es que Díaz Miguel cambió sustancialmente el equipo habitual- inicialmente jugaron Montero, Sibilio, Margal! Jiménez y Romay- y la forma de defender. Se olvidó el sistema agresivo al hombre, con ayudas constantes, y se pasó a una zona, no muy presionante, con lo que los tiradores soviéticos encontraron el camino abierto para sus lanzamientos. Lo malo para ellos es que estaban en tarde negra y sus fallos eran casi tan numerosos como los de los españoles en su turno de ataque, hasta el punto de llegar a planear en el Palacio de la Paz y la Amistad la duda de si Gomelski y compañía no estarían haciéndose la misma pregunta que los españoles sobre la conveniencia de ganar y ser campeones de grupo o perder y quedar en la segunda posición. señal de que no merecía la pena esforzarse más. Queda mucho torneo por delante y lo importante está aún por hacer. El ensayo de una zona frente a un conjunto que se distingue por sus tiradores se. puede calificar de arriesgado, aunque en el primer tiempo el resultado fue bastante aceptable. Se podría apostar, con seguridad de acertar, a que si llega el nuevo enfrentamiento en semifinales, España no jugará como lo hizo en esta ocasión. Y probablemente, los rusos tampoco. Por eso, la derrota sufrida no significa nada, aunque a nadie le guste perder ni en encuentros amistosos. Romay alternó los aciertos con los errores ante la presión y calidad de los jugadores de la Unión Soviética momentos brillantes con fases opacas. Los demás, discretos. Lo peor fue el desacierto general en el lanzamiento, con porcentajes de que dejan mucho que desear: 28 por 100 desde más allá de 6,25, 41 por 100 desde fuera de la zona, 62 por 100 desde dentro de la zona y 73 por 100 en tiros libres, mejorando mucho en este aspecto sobre partidos anteriores. Arbitraron el polaco Zych y el canadiense Steeves, que se lesionó en la segunda parte y dejó su puesto al israelí Warnick. Los tres cumplieron sin problemas la función que tenían encomendada. España: Viliacampa (0) Sibilio (13) Margall (5) Jiménez (20) Romay (7) Montero (9) F. Arcega (16) Solozábal (7) Ferrán Martínez (2) y Epi (9) Unión Soviética: Volkov (12) Enden (3) Tarakanov (4) Homicius (8) Bebenko (0) Tikhonenko (22) Valters (1) Tkatchenko (12) Marchulenis (22) lovaisha (4) y Pankraskin (2) Desacierto en lanzamientos Quizá lo único que se le pueda reprochar a Díaz Miguel es que no pusiera en la pista durante más minutos a Ferrán Martínez. Era la ocasión idónea para hacerlo, pero sólo actuó durante algo más de cuatro minutos. Luego, el seleccionador se quejará de la inexperiencia de este joven jugador. Los mejores, en esta ocasión, fueron Montero, que está muy seguro en la mayor parte de sus acciones; Fernando Arcega, que luchó con habilidad, y Jiménez y Romay, aunque ambos alternaron La otra canasta- Seis puntos al descanso Con los españoles alternando, en los primeros minutos genialidades con fallos lastimosos y los rusos empeñados en marrarlo casi todo, el marcador se movió con constantes sobresaltos. Tan pronto estaba un equipo por delante como el otro, siempre con diferencias no muy acusadas: 14- 16, a los cinco minutos; 24- 23, a los diez; 39- 37, a los quince, y 51- 45, a los veinte, en el descanso. Para entonces; España, sin dejar su zona, había dado entrada a Fernando Arcega por Jiménez y otra vez a éste por Romay, mientras que el festival soviético de malas jugadas alcanzaba a toda la plantilla, excepto Goborov, que fue el único que no jugó. En la segunda parte, el partido no experimentó cambios notables, porque los dos equipos mantuvieron sus sistemas. La novedad fue que los rusos apretaron un poco su defensa individual, para evitar que el base español pudiera subir el balón con la misma comodidad de que había disfrutado en la primera mitad. Estos mayores obstáculos, cierto conformismo y el convencimiento de que daba lo mismo perder que ganar frenaron el ímpetu hispano y alejaron a los soviéticos en el tanteo, lo suficiente para dejar sentenciado el resultado (67- 70) a los diez minutos. Fue la SIN SORPRESAS Terminó la primera fase del Europeo, y España logrando su objetivo de buscar uno de los cuatro primeros puestos de su grupo, la terminó sin sorpresas, aunque justo es escribir que lo intentó y que en su partido frente a los rusos de Gomelski planteó una buena estrategia con la defensa de zonas y con ella tuvo en jaque a los soviéticos, equipo con más poder reboteador, más potencia y un sabio director en el banquillo, que es de los pocos hombres en el baloncesto mundial que puede superar en talento, oportunidad y experiencia a nuestro indiscutible Antonio Díaz Miguel. También ocurrió frente a Rusia, como el día anterior frente a Yugoslavia, que España evidenció que no puede soportar todo su poder reboteador en Fernando Romay, y que Andrés Jiménez, luchador infatigable, tiene sus techos cuando enfrente se encuentra con hombres de mayor envergadura; además, también nuestro manchego universal, Díaz Miguel, pareció olvidarse de Epi y Villacampa, y en sus cambios, salvo los relevos cantados de Romay y Jiménez, amenazados por las faltas personales, no estuvo oportuno, y el equipo, sin jugar peor que frente a Yugoslavia, lo hizo sin homogeneidad, sólo a ráfagas y sin encontrar la identidad de su juego, con la continuidad que un equipo como el soviético exige. Al terminar esta fase, terceros justamente, el balance del juego de España hay que reseñar que es bueno, y ahora habrá que esperar, sin sorpresas, las eliminatorias de este martes. Si los pronósticos pueden valer, ganaremos sin problemas, para volvernos a ver disputando la primera opción a las medallas con los rusos. Ese será otro cantar para el que hay que esperar, recuperar fuerzas, muy necesarias, y no perder los auténticos pilares de nuestro juego, la defensa y el contraataque, sin olvidar que Romay tiene que volver a ser el de los tres primeros partidos. EMILIANO