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LUNES 8- 6- 87 ABC wwm m ABC 71 Coloquio- la prestación unitaria de los servicios se está hablando en otro lenguaje. C. Albiñana. -No cabe duda que los presupuestos por programas en gastos de inversión tienen que ser mucho más eficientes. Pero en otros gastos que no son unidades físicas estos presupuestos por programas io único que hacen es abrir una corriente de transferencias internas donde se agotan todos ¡os créditos, aunque no se mejoren ni ia caiidad del producto ni la eficiencia de la Administración. Yo creo que el presupuesto por programas es una condescencencia política para ofrecer al país algo nuevo, pero que, insisto, debía haberse aplicado nada más que en aquellos casos que tienen una resultante en unidades que se pueden pesar y medir. ABC. -Sin embargo, el Gobierno ha aireado mucho esta forma de presupuestar... G. Añoveros. -Hay que tener en cuenta que el mensaje político que entrañan los presupuestos por programas no es un mensaje falso; pero es, en todo caso, un mensaje político. El afán recaudatorio ha hecho perder el norte a la Hacienda pública española ei déficit, a mí me interesaría dejar claro qué clase de sector público queremos tener y, sobre todo, que el trasvase de recursos del sector privado al público se haga con eficacia. Que no se nos vaya el agua del cubo con el que estamos trasladando recursos del sector privado al público. ABC. ¿Y no consiste en eso, precisamente, la inseguridad jurídica? G. Añoveros. Ya digo que no hay inseguridad, sino incertidumbre. No es que los ciudadanos estén inseguros, sino que no es fácil que puedan tener absoluta certeza de lo que puede pasar en una inspección abierta varios años, con ¡os cambios que las urgencias presupuestarias pueden producir. Aunque yo creo que se están haciendo normas con excesiva rapidez, con poca meditación, como consecuencia de las angustias que se producen en el día a día. E. Albi. A mí me da la impresión de que la Hacienda Pública española en los últimos años ha perdido el norte. El volumen de legislación es tremendo, pero el problema esencial es el de los vaivenes que se han producido, que es lo que origina ese sentimiento y realidad de inseguridad. Por otra parte, ha habido una falta de cuidado jurídico. Y, finalmente, el afán recaudatorio se ve muy claro en la normativa. A veces se tiene que pagar la tasa de inspección, aunque se sea honesto al ciento por ciento, y no se dedica la atención necesaria a las bolsas de fraude. Gestión complicada ABC- ¿Y no se nos va el agua en la complejidad de la Administración tributaria? G. Añoveros. A mí me resuita difícil hablar de ello porque estuve personalmente implicado durante años en la Administración tributaria. No obstante, creo que una buena Administración tributaria es el único remedio contra el fraude. Por otra parte, tenemos una Administración tributaria insuficiente, principalmente por razones de política de personal. Cuando en mil novecientos setenta y siete se decretó la fusión de la Inspección, se fijó en mil quinientos miembros. Durante el tiempo que yo estuve en el Ministerior (de mil novecientos setenta y nueve a mil novecientos ochenta y dos) conseguí situar la Inspección efectiva en ochocientos. ¿Por qué no somos capaces de llegar a los mil quinientos? Sencillamente, porque hay una pésima política de personal, que puede ser ahora peor que antes, pero que siempre ha sido mala. ABC. ¿Y cuáles son las razones de esa maldad G. Añoveros. Porque es imposible insertar un trabajo especializado como es el de la Inspección, que tiene una demanda privada importante con unas altas retribuciones, con unas remuneraciones públicas que nada tienen que ver con la realidad. Y eso ha producido una estampida tremenda de funcionarios. No todos los funcionarios de las mismas carreras pueden tener el mismo nivel remunerativo. La Administración no está preparada para gestionar unos impuestos en masa con siete millones de declarantes de renta y otros tantos que hacen por lo menos cuatro declaraciones al año del IVA. ABC. ¿Y no existe además un exceso de normativa, una cierta discrecionalidad en su aplicación y una actualización continua de los reglamentos y como consecuencia de todo ello una inseguridad jurídica del contribuyente? Déficit: Albarda sobre albarda ABC. -La gente cree que esos mensajes políticos son los que más. dinero cuestan al contribuyente y en ellos está el origen del déficit... F. Quintana. -La realidad es que hoy tenemos cinco generadores de déficit: la Hacienda Central, la Seguridad Social, la Hacienda de las Diputaciones, la de los Municipios y la de las Comunidades autónomas. De modo que el déficit es general. Hemos venido poniendo albarda sobre albarda. Todos los impuestos no han sido suficientes para cubrir el gasto público y así se origina el déficit, y esto produce efectos nocivos sobre los precios, sobre los tipos de interés y sobre los ajustes de la economía. El heraldo de la inflación es siempre el déficit, los tipos presionan sobre los mercados y no habrá transformaciones económicas mientras se subvencionen actividades a pura pérdida. G. Añoveros. -Yq, querría añadir que el déficit, además, es superior en los últimos años al que se reconoce. Porque hay un en- r Enfrentamientos G. Añoveros. No creo que la inspección se produzca con fines recaudatorios. Es peor. A veces ni se llega a recaudar porque se interponen recursos en las diferentes instancias de la Administración y no se llega a saber nunca cuántas gana el Estado y- cuántas no gana. El problema de la gestión no está en la inspección. En un sistema de impuestos en masa, donde se sabe que el noventa y cinco por ciento de los declarantes jamás verán un inspector más que en el cine o la televisión, el problema está en cómo organizar la gestión. Confiar demasiado en la inspección es un error, aunque por razones internas no se ha conseguido encontrar otros mecanismos que los baremos. Los presupuestos por programas son una simple condescendencia política El apresuramiento en la forma de legislar produce sensación de indefensión Mayor protagonismo de la imposición indirecta en 1986 por efecto del IVA deudamiento del sector público que aparecía en las cuentas presupuestarias sin pasar por el déficit. Podríamos citar el caso de Rumasa, que ha pasado directamente a endeudamiento del sector público sin pasar por el déficit. (Al llegar a este punto los participantes en el coloquio hicieron numerosas precisiones técnicas sobre los diferentes conceptos teóricos del déficit y las fórmulas de contabilizar el endeudamiento del sector público. E. Albi. -En relación con la presión fiscal y Inseguridad, incertidumbre G. Añoveros. Yo creo que existe un apresuramiento en la forma de legislar, en la normativa, aunque esa normativa inevitablemente ha de ser amplia y copiosa. No hay inseguridad jurídica, sino incertidumbre. Lo que ocurre es que a veces los mecanismos de inspección producen indefensión porque el funcionario está presionado por la necesidad de obtener unos resultados, dado que el aumento de la recaudación es perentorio. Yo creo que se debería enfocar la Administración tributaria con independencia de las necesidades recaudatorias. Y eso requiere tranquilidad y un modo de operar que normalmente no se ha tenido en España desde el año mil novecientos setenta y siete hasta ahora. A veces, las normas chirrían. La proliferación de incentivos distorsiona la asignación de recursos La norma de 1985 no es de recibo y está hecha para casos concretos Hay un desánimo más farisaico que real porque el ahorro se está recuperando. C. Albiñana. La realidad es que la legislación de estos últimos años en materia tributaria ha sido una legislación de casos y, por tanto, hay que modificarla según las realidades de cada momento, lo que no permite una interpretación coherente. Cada vez que se produce un fraude de ley (se aprovecha una ley para no cumplir otra) hay que taponar esa brecha con una norma que incluso la repugna el propio conjunto de la disposición donde se injerta. Y por lo tanto eso está creando una