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80 A B C SAN ISIDRO 1987 DOMINGO 7- 6- 87 Vigésima tercera corrida or fin salió el toro con que A los toros de Samuel Flores les ocurre lo que a los de Pablo Romero: que cada vez que los anuncian nos remueven el gusanillo de la esperanza, nos traen recuerdos de corridas gloriosas, inolvidables, y nos hacen pasar por alto otras tardes, más recientes, de decepciones y desencantos, de chascos y desilusiones, que les hizo perder su otrora bien ganado cartel. Pero le tocó, desdichadame Y es que me ha venido de perlas la comparación de los toros de Samuel con los de Pablo Romero por lo que de belleza de lámina llevan consigo. Son guapos con ganas. Hermosos, serios, bien armados. No se les puede poner un pero de presentación, más luego llega la hora de embestir y comienza a desmoronarse el castillo de naipes que hemos montado con nuestras taurinas esperanzas. Es muy triste eso de que en la plaza hayamos tenido que montar una tertulia taurina Aquilino, el de la- papelería de la calle Maldonadas, un cabal castizo de los madriles; Felipe Morillo y su esposa, Amparo, que no se pierden una; mi primo Pedro, que es veterinario, pero que hacía no sé cuántos años que no venía a los toros, y un servidor, que apenas sí ha tomado notas, por la sencilla razón de que no había nada que anotar. El ejemplo de dos corridas bajitas, encastadas y revoltosas, vamos a llamarlo por su nombre, como las de Baltasar Iban y la de Felipe Bartolomé, tiran por tierra lo de toro grande ande o no ande. como ese que ha salido en segundo lugar, capaz de justificar la reaparición de Ántoñete, si llega a caer en sus manos, y que hubiera resucitado al mismísimo Curro Romero si le toca un toro así, porque más que un toro era un amigo íntimo haciendo de toro, de puro boyante y ansias de colaborar que llevaba en sus rectas embestidas, yo me pregunto, digo, si vale la pena buscar tanta dulzura aun. a costa de sacrificar la casta, el temperamento, la movilidad del verdadero toro bravo. Está claro que el aficionado desea la emoción honda y dramática que nos hace temblar de angustia y gozo. Creo que todos los ganaderos, no sólo Samuel, deben buscar el toro encastado, con movilidad y codicia, echándole todo ese tiempo que, en mi opinión, pierden en buscar un toro colaborador como el segundo, al que unos pocos diestros retirados, que andaban sentados por los tendidos eran todavía capaces de cortarle las orejas. ¡Qué toro se dejó ir Jairo Antonio Castro! dos reconocieran que la flámula no llevaba una arruga, de que el temple, el sentido de las distancias y la técnica toda del albaceteño eran de una rara perfección, porque Dámaso estaba construyendo su obra con una meticulosidad de orfebre. Muy al final se le entregaron, olvidándose ya de la anodina embestida del toro, carente de chispa, algo así como un guiso sin sal. El toro no ponía otra cosa que la bobaliconería, el de Albacete puso lo demás, amarrándolo en el engaño y llevándolo con un ritmo realmente prodigioso. A pesar de la Sosería del toro, Dámaso le habría cortado la oreja, si no llega a salir hoy en plan de pinchaúvas, estropeando con el acero lo que había ganado con esa maña de gran muletero que Dios le ha dado. El cuarto- ¿por qué lo brindó al público? -embestía con la cara alta, desganado y sin codicia. El toro tenía mucho respeto, pero se negaba a presentar pelea con cierta viveza de genio. No fue ni en los medios, donde Dámaso le puso la muleta con una y otra mano en busca de unas arrancadas que no se producían con la alegría característica del toro fiero, sino con la abulia de la burra, que le espolean con los tacones para que ande. Total, que se le ha ido la feria a Dámaso González con una mala pata tremenda en el sorteo de los toros, y eso lo acusa el diestro, al Digamos que mató al quinto, que no era bueno, con cierto decoro. Si de lo que se trataba era de cumplir con un compromiso, mejor habría sido pagarle el viaje y llevarle invitado a la Feria de Sevilla, pero lo de la isidrada ha sido una broma de muy mal gusto, don Manuel. Una pena Producía lástima contemplar a un torero como Dámaso González, que es de los pocos que torean hoy poniendo la muleta muy plana, siempre por delante, haciendo un derroche de temple con el que abrió plaza, un toro más soso que una mata de habas. Los largos muletazos con una y otra mano, los redondísimos pases tardaban un mundo en llegar a los grádenos, aunque los aficiona- Amor... Imagino con cuánto amor ha preparado esta preciosa corrida para Madrid Samuel Flores. Ni una sola pega se le puede poner al escrúpulo del ganadero, mas sólo un toro- e l segundo, tristemente desaprovechado por un torero insulso- dio un juego paralelo a su preciosa estampa. Yo me pregunto si por llegar a un toro con tanta nobleza y bondad r- -Ficha de la corrida- Plaza Monumental de las Ventas. Vigésima tercera corrida de la feria de San Isidro. Lleno. Seis toros de Samuel Flores, muy bien presentados, preciosos de lamina, pero mansos, a excepción del primero, que fue soso, y el segundo, que resultó de bandera para la muleta, siendo ovacionado en el arrastre. Dámaso González, caña y oro. Dos pinchazos, estocada tendida y descabello (ovación) En el cuarto, cuatro pinchazos y media estocada (silencio) Jairo Antonio Castro, de azul y oro. Estocada (bronca) En el quinto, dos pinchazos y estocada (silencio) Victor Mendes, fucsia y azabache. Estocada atravesada (ovación) En el sexto, media tendida (pitos) Víctor Mendes en un quite por gaoneras