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DOMINGO 7- 6- 87 RELIGIÓN A B C 77 Miles depersonas llenaron El Pilar para la retransmisión del rosario El acto estuvo presidido por el arzobispo de Zaragoza Zaragoza. Luis del Buey Nunca Zaragoza fue tan universal. Respondiendo a la convocatoria de Juan Pablo II, varios millares de personas, llegados de diferentes lugares de España, se congregaron ayer tarde en torno a la Virgen, en la basílica del Pilar- e l templo se encontraba repleto- para orar por la paz del mundo, en espera del don del Espíritu Sus corazones, en comunión con el resto del mundo a través de Televisión, estaban unidos al de María. Buena nueva ¿CONVENCIDOS? Se llenaron todos del Espíritu Santo Hechos En cada uno de vosotros se manifiesta el Espíritu para el bien de los demás Pablo Recibid el Espíritu Santo Evangelio f A la capital aragonesa acudieron gentes de toda España. El margen del Ebro era una larga cadena de autocares con matrículas de Madrid, Barcelona, Castellón, Teruel, ...Entre los miles de fieles, unidos en su misma oración, estaba presente el arzobispo de Zaragoza, monseñor Elias Yanes y el resto del cabildo catedralicio. Los demás obispos aragoneses, que en un principio tenían prevista la asistencia en Zaragoza al rezo del rosario, decidieron, en el último momento, quedarse en sus diócesis respectivas presidiendo los actos que en cada una de ellas se han organizado. La basílica del Pilar estuvo de gala para la inauguración del Año Mariano: la Virgen, con su corona de brillantes- -la mejor que posee- y su manto (sólo los días 2 y 12 se la puede contemplar así) rodeada de cientos de flores blancas y amarillas. Los fieles, repartidos entre la capilla angélica, el altar mayor y las naves del templo, pudieron seguir la conexión con Roma y los otros santuarios a través de pantallas de vídeo instaladas por TVE. Estas resultaron bastante pequeñas para que pudieran ser vistas por todos los asistentes, lo que obligó a colocar también varios receptores de televisión para atender a los lugares desde donde no era posible la visibilidad. Si la afluencia de personas fue impresionante, lo más destacable fue el número de jóvenes y familias completas que se unieron desde Zaragoza al rezo del rosario a la Virgen. Podían verse muchos rostros juveniles mezclados entre la gente, cuyos labios saboreaban las avemarias brotadas con sinceridad de sus corazones. El rezo del rosario fue seguido de rodillas por muchos fieles. En la basílica, el silencio de oración entre respuesta y respuesta, sobrecogedor, era fiel reflejo del clima de recogimiento y plegaria. Asimismo, las palabras del Santo Padre fueron seguidas con gran atención. Al final, en el momento de la bendición, miles de pañuelos blancos se agitaron como saludo y muestra de adhesión hacia el Santo Padre. Por la noche, en varias iglesias de Zaragoza, grupos de jóvenes han permanecido orando en la vigilia de Pentecostés. Una cosa es la descripción, incluso portentosa, del acontecer de Dios y otra esa misteriosa, imperceptible y minuciosa acción transformadora que realiza siempre la fe en cada corazón. Relatos como el de la Ascensión del domingo pasado, o como el de hoy, la venida del Espíritu Santo en forma de viento impetuoso y lenguas de fuego sólo sirven para la risa justificadamente grotesca del incrédulo o para la sonrisa interior de quien se ve graciosa e inofensivamente fotografiado. (El cómic y el vídeo bíblicos están siendo objeto de fuertes inversiones de dinero y tiempo... y seguimos adoleciendo de unas mínimas lecturas significativas de aquello más ingenuamente escenif ¡cable. ¡El servicio es sospechoso y pobre! Hay unas palabras de Jesús (poco escenificables) referentes al Espíritu (se leen estos días) que impresionan y rara vez se escuchan como revelación: Cuando venga el Espíritu que os enviaré... El convencerá al mundo de un pecado, de una justicia y de una condena; de un pecado porque no creen en mí, de una justicia porque me voy al Padre y de una condena porque el príncipe de este mundo ya está condenado Esto no es una escena imaginativa de Lucas, son palabras del mismo Jesucristo: La presencia del Espíritu no es un, poliglotismo admirable sino una claridad, no es una dialéctica o argumentación inteligentísima, es una convicción: rendirse a una comprobación patente y triple: 1. Un pecado: No creen. No creer es el único pecado malo y cierto; no creer es cerrar el mundo al horizonte de la noche interminable, entregarlo al fracaso de los inteligentes y testarudos inauguradores de inútiles paraísos. 2. Una justicia: Me voy al Padre. La única justicia es la que Dios hará a los honestos; pero no sólo después como premio, sino ahora ya como razón: en Cristo quedó claro que sólo la honestidad es fecunda, sólo la honestidad da asiento a la esperanza. Esto se sabe pero no se acepta. 3. Una condena: El príncipe ya lo está. Y esto también lo sabemos todos. El Evangelio de Jesús desenmascaró y dejó patente la traición y la mentira de todos los que sirven al poder y a la ambición del reino del mal y del señorío de la muerte. Celebrar Pentecostés (sin lenguas ni ciclones) es dar lugar dentro al que gime: el Espíritu, para que llene el Universo de luz, derrame en nosotros el amor, promueva la verdad y aliente la esperanza de una tierra nueva, paso imprescindible para un cielo nuevo. Jaime CEIDE Juan Pablo II compone una oración a la Virgen para rezar durante el Año Mariano Ciudad del Vaticano. M. C. Juan Pablo II ha escrito una Oración para el Año Mariano que ha sido difundida por la sala de Prensa del Vaticano en la que renueva la consagración de Rusia a María. El Papa dice que confía de modo especial a la Virgen los pueblos que celebran el sexto centenario o el milenario de su adhesión al Evangelio Es una explícita referencia a Rusia, Ucrania y Lituania. Pío XII fue el Papa que hizo esa consagración por primera vez. Juan Pablo II repitió esta consagración el 13 de mayo de 1982 en Fátima, en el primer aniversario del atentado de Alí Agca. Este es el texto completo de la oración compuesta por el Papa: Madre del Redentor, en este año a ti dedicado, exultantes te proclamamos bienaventurada. Dios Padre te ha elegido antes de la creación del mundo para actuar su providencial plan de salvación. Tú has creído en su amor y obedecido a su palabra. El Hijo de Dios te ha querido como Madre suya cuando se hizo hombre para salvar al hombre. Tú lo has acogido con pronta obediencia y corazón indiviso. El Espíritu Santo te ha amado como su mística Esposa y te ha colmado de dones singulares. Te has dejado plasmar dócilmente por su acción escondida y poderosa. En la vigilia del tercer milenio cristiano, a ti confiamos la Iglesia, que te reconoce y te invoca como Madre. Tú que sobre la tierra la has precedido en la peregrinación de la fe, confórtala en la dificultad y las pruebas, y haz que en el mundo sea siempre más eficazmente signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano. A ti, Madre de los cristianos, confiamos de modo especial los pueblos que celebran en el curso de este Año Mariano el sexto centenario o el milenio de su adhesión al Evangelio. Su larga historia está profundamente marcada por la devoción hacia ti. Dirige a ellos tu mirada amorosa; da fuerzas a cuantos sufren por la fe. A ti, Madre de los hombres y de las naciones, con confianza entregamos la Humanidad entera con sus temores y esperanzas. No dejes que le falte la luz de la verdadera sabiduría. Guíala en la búsqueda de la libertad y de la justicia para todos. Dirige sus pasos por las vías de la paz. Haz que todos encuentren a Cristo, camino, verdad y vida. Sostén- ¡Oh, Virgen María! -nuestro camino de fe y consigúenos la gracia de la eterna salvación. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Madre de Dios y Madre nuestra, Maria!