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VI ABC ABC rífcrarío Poesía 6 junio- 1987 Libro antiguo Diario cómplice Luis García Montero Prólogo de Rafael Alberti Poesía Hiperión El premio Adonais suele destacar- cuando acierta, naturalmente- a poetas que traen los papeles en regla. No sé si esto ocurrió del todo en 1982, en la convocatoria en la que ganó Luis García Montero, con El jardín extranjero Pero ciertamente le puso entusiásticas alas para hacer una carrera en la movida socio- cultural de los últimos años. Diario cómplice leído con atención, revela que el poeta ha eliminado los descuidos, reafirmándose en una reflexión presidida por lo que Alberti ha llama- Luis García Montero do una leve gracia inasible Es un libro bien concertado entre lo que García Montero intenta decir y en lo que dice. Es, por lo tanto, una buena confirmación. ¿Qué es lo que traía el autor de El jardín extranjero para que haya podido hablarse- a favor, claro está, de rúbricas más o menos interesadas- de una nueva sentimentalidad de una distensión de la pugna culturalismo- neosurrealismo? De momento, las formas densas de un poeta que ha logrado, sobre todo en Diario cómplice borrar la frontera entre lo racional y lo irracional, entre lo realista y lo inefable, entre la tradición y la modernidad... García Montero apenas aporta ninguna novedad espectacular, salvo la de su calidad cada día más evidente. Y, no obstante, su poesía contiene cierta frescura, cierto ademán desenvuelto, capaz de salvar la personalidad del autor, ecléctico hasta cierto punto y mimético en algún caso. A partir de Diario cómplice García Montero ofrece nítidamente lo que tiene dentro. Un vaho intimista muy revalorizado por lo erótico y una adjetivación asombrosa, como elemento individualizador de su estilo. En El jardín extranjero con tres partes lejanamente concordadas- lógicamente con enormes aciertos que compensan los mimetismos incluso voluntarios- ya iniciaba un tono conversacional sobre el que pivota la dinámica emocional y expresiva de su lírica. Sorprende la total falta de énfasis en una obra donde la exaltación vital se da por descontado. El aire narrativo de aquel primer libro se mantiene y aún se decanta aquí, alejado del prosaísmo, por la vigilancia (y el instinto) del poeta en salvar los momentos vulgares. También han desaparecido- y para bien- algunos gestos generacionales, determinados tics de la historia y, desde luego, el amparo cernudiano directo. El bello título de este libro ya define el, cada vez más intenso, cuerpo a cuerpo con la poesía, en la que se revela dentro de su magma luminoso y marino, casi con transparencia de acuario, tan encelado encontramos al poeta con su llama, es decir, con su objeto amoroso, indivisible en buena manera. García Montero reelabora la materia amorosa tradicional con la libertad de los nuevos tiempos, algunos datos realistas y urbanos integrados muy fluidamente. Y, por supuesto, con capacidad contrastada para esmaltar el conjunto de ricas imágenes. No es la de este libro una poesía intercambiable con los poetas de su promoción, ni mucho menos una poesía sumaria. E incluso el don nostálgico y lento- imposible olvidar que estamos en el Sur contemplativo- se halla depurado de guiños andalucistas o literarios. Efectivamente, para entender cumplidamente el lirismo del joven poeta granadino, hay que admitir el escribir desde una contemplación romántica de las cosas: la ciudad, la amada, el mar, el cuerpo, etcétera. Declara que el cuerpo conoce una memoria que no es la realidad ni son los sueños Todo ello no es óbice para que su poesía se manifieste con una sugerente opacidad, desrealizada, en una fusión que poetiza la vida y cotidianiza la poesía. Acaso es más difícil definir un lirismo que posee una complejidad, en absoluto hermética, embarcada en un largo tonelaje de imágenes, asociaciones, metáforas. Es imprescindible- a l menos, yo así lo considero para hacerme entender- -poner algunos ejemplos: Y nada es neutro, -ni siquiera las sombras de las cosas antiguas- preguntando su paisaje perdido en las aceras, -ni siquiera la grúa- que lejana, -hermosa como un cisne, -tiende su largo cuello y lo descansa- sobre el alero gris del horizonte. No es ornamentalidad pura la imagen del cisne, sino la distensión fascinadora de un elemento tan crudamente realista como una grúa. Nos da el alto la luz, -sentimos su revólver por la espalda, -demasiado indeciso, -su temblor en nosotros, encubierto- bajo el pequeño bosque de las sábanas. Tampoco hay aquí surrealismo o automatismo, sino una imagen feliz, libertadora, luminosa... Diario cómplice se establece en dos partes y, en realidad, sin solución de continuidad, en Libro I y Libro II con una Invitación y otra Invitación al regreso En resumen: se trata de un largo viaje al fondo del conocimiento y de la fruición amorosa (en complicidad con los lugares incierto del mar, de la ciudad de Granada y otros ámbitos, el silencio, la lluvia, la luna color de viejo saxófono... en el que el poeta ha amado mucho. Posiblemente para celebrar que la niebla- l o íntimo e inefable- también le pertenece, revuelve recuerdos, desperdiga libros ajenos y periódicos, persiguiendo un mundo y anegándolo de amor. Algo de la vastedad nerudiana se ha colgado de las esquinas de este poemario amoroso, donde al lado de tu pelo, capital de los vientos, -la historia en dos, el ruido de las lágrimas, -tienen que ser pasado necesario, -alejada miseria, -cosas para contar después de algunos años... Florencio MARTÍNEZ RUIZ Platero y yo Ediciones La Lectura Madrid, 1914. 20.000 pesetas En la Naturaleza, las fragancias más intensas suelen encontrarse en las flores más humildes y menos aparatosas. Algo parecido sucede con frecuencia en el mundo de la bibliofilia. Uno de los ejemplares de bibliofilia más estimados y apreciados es un volumen chiquito (170 x 100 milímetros) que conserva intacta su austera encuademación original: una tela color marfil sin más adorno que una orla de hojas de parra y de racimos de uva, estampada en color azul, que enmarca el título de la obra y, en la cubierta posterior, una pequeña viñeta- e l logotipo de la editorial- que representa un añoso tronco de árbol con renuevos de hojas en sus ramas. Al pie, en clara tipografía modernista, campea el precio a que se vendía cada ejemplar: 75 céntimos. Ello se explica porque fue impreso en 1914, en la imprenta madrileña de La Lectura, formando parte de la colección El libro escolar de la citada editorial. Es, pues, un libro que fue editado para los niños. Su autor, un poeta onubense apellidado Jiménez Mantecón que ya por entonces había publicado una docena larga dé libros de versos de tan bella factura como escasa difusión. Pues se trataba de un libro infantil, el papel utilizado era recio y a prueba de manecitas inexpertas. Sus editores cuidaron, sin embargo, con infinito amor su presentación y encargaron al dibujante Fernando Marco la realización de las ilustraciones que habían de hermosearlo: mariposas, cipreses, flores, paisajes, niños, cabras, patos y la repetida presencia de un tierno borriquito desde diferentes perspectivas. Todas las páginas están impresas a dos tintas: negra- como mandan los cánones- para el texto, y naranja, verde, azul, violeta, sepia o carmín, alternativamente, para los dibujos. El resultado final es un libro de singular encanto. La tipografía es nítida y elegante; la armonía entre los textos y las ilustraciones, absoluta; la composición, ejemplar; la generosidad en los márgenes, la adecuada. Una demostración práctica, en suma, de cómo es posible suplir, a base de buen gusto y de dominio de las artes gráficas, la cortedad de medios materiales. Hoy ese volumen es un pequeño tesoro que cualquier buen aficionado se honra en poseer. Los escasos ejemplares que, de vez en cuando, salen al mercado cotizan por encima de las 20.000 pesetas si se hallan en buen estado de conservación (circunstancia nada fácil tratándose de un libro que nació para ser manejado y leído por los niños) Su autor recibiría, muchos años después, el premio Nobel de Literatura, siendo ésta, sin duda, su obra más difundida y traducida a todos los idiomas. Para entonces el mundo le conocía, no por sus apellidos, sino por su nombre de pila: Juan Ramón. El libro descrito es- n o haría falta decirlo- -la primera edición de Platero y yo, la obra cumbre de la poesía española en prosa de nuestro siglo. Guillermo PIERA