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IV ABC ABC Novela 6 junio- 1987 Autobiografía Medardo Fraile Ed. Iberoamericanas Madrid, 1987. 238 páginas Tánger- Bar Miguel Sánchez- Ostiz Seix Barral Barcelona, 1987. 189 páginas El tema de esta espléndida novela- uno de los mejores libros de ficción en castellano que yo haya leído en los últimos tiempos- es el de la función primera del novelista, de la novela: la búsqueda de la verdad, de la verdadera realidad. No se crea el lector, sin embargo, que nos encontramos ante una novela abstracta, intelectual o vanguardista: debido a la insólita capacidad de fabulación y a la inteligencia artística de Miguel Sánchez- Ostiz, Tánger- Bar puede ser objeto de una lectura meramente literal, que resultará apasionante; Sanchez- Ostiz aunque, por supuesto, sólo quien la lea siendo consciente de su sentido último podrá beneficiarse de todas las riquezas que encierra. ¿Es la búsqueda de la verdad, de la verdadera realidad, la función primera del novelista, y no la creación de un universo imaginario dotado de autonomía en el cual se manifieste su yo secreto? A mi parecer, la creación de un universo imaginario es función esencial del artista considerado de un modo general; pero en el caso concreto del novelista su obligación primera es buscar la realidad verdadera, siendo esta búsqueda lo específico de su arte- que, por otra parte y como todo arte, deberá cumplir también con la otra función Lo que en el libro que nos ocupa es puesto de manifiesto por el hecho de que TángerBar sea, a un tiempo, el título de la novela de Sánchez- Ostiz y el título de la novela que escribió uno de los personajes de la primera, Altube; Sánchez- Ostiz hace que el lector confronte de esta forma una novela auténtica y un ersatz de novela, dejando entender que la incoherencia de la segunda no se debe a que Altube sea peor artista que su creador, sino a que utiliza el género para fines espurios, mezquinamente personales- saciar su resentimiento, reinterpretar a su favor una realidad sórdida- del mismo modo que hacen muchos novelistas (o seudonovelistas) de carne y hueso. Como los malos novelistas, la mayoría de la gente tiende a falsificar la realidad en su provecho, a ofrecer de la realidad una visión que subvierte el verdadero orden y sentido de las cosas. Esa visión deformada es impuesta por los peores a los mejores con objeto de establecer con ellos- y de mantener después- relaciones de poder ¿no se ha llegado a la aberración, por ejemplo, de dar por sentado que el celoso es alguien que ama extremadamente a la persona por quien siente celos? Y de aquí el papel social- fundamental- de los verdaderos novelistas: desmontar las falsedades que velan la verdadera realidad y luego profundizar al máximo posible en el auténtico sentido de la misma, creando un cosmos a partir del caos. En Tánger- Bar, el protagonista- que cuenta la historia en presente y en primera persona- regresa, sin saber bien por qué, a la ciudad donde vivió en su adolescencia y, tras vencer la tentación equívoca de la nostalgia gracias a su voluntad de verdad- a pesar de que presiente que esa verdad lo condenará- va desmontando el tinglado de sus recuerdos, buscando la realidad no embellecida que había bajo ese tinglado, y consigue de tal forma enfrentarse con el sentimiento de culpa que de algún modo lo mantenía vuelto hacia él pasado y le impedía progresar interiormente, ser él mismo- s e siente culpable de haber inducido a la Policía a sospechar de sus amigos con respecto a un crimen y de haber escapado de la influencia de esos amigos gracias al dinero de uno de ellos, una mujer con la cual vivía- y reinterpretar correcta y liberadoramente la realidad de ese pasado: esos amigos, incluida la mujer con la cual mantenía relaciones, lo habían manipulado siempre, lo habían utilizado para verse a sí mismos magnificadamente, y eran ellos quienes lo habían convertido en sospechoso ante la Policía de un crimen con el cual en cierta medida ellos sí que estaban relacionados (lo que, indudablemente, no quita responsabilidad a su actuación pasada- fue cobarde, traicionó y abusó de la confianza puesta en é l- pero la résitúa en su verdadero contexto) Muy consciente de cuál es el objetivo fundamental del género novela- l o que no puede decirse de la mayoría de quienes lo practican entre nosotros- Sánchez- Ostiz confiere a su libro una autonomía imaginativa completa gracias a sus excepcionales dotes de fabulador y a su inteligencia artística, según quedó dicho: la trama, los personajes, los diálogos, las acciones de su libro atienden sólo a dar encarnadura al tema central del mismo, y lo hacen sin forzamientos y con inagotable creatividad, sin perder nunca su condición de correlatos en imágenes de un proceso intelectual, espiritual, literalmente transfigurado por ellos. La novela, por otra parte, está muy bien narrada- con pasión y lucidez aunadas, con dominio de la materia narrativa, con un relanzamiento constante del interés del lector hacia nuevas revelaciones y descubrimientos- y su estilo, impecable, debe su belleza tanto a su perfecta adecuación a aquello que vehicula como al dominio sintáctico que del castellano tiene Sánchez- Ostiz, un novelista cuya carrera habrá que seguir con un máximo de atención de aquí en adelante. Leopoldo ÁZANCOT Al comienzo del año aparecieron en este suplemento- y en otros diarios- la noticia y el comentario a la Antología de cuentos de posguerra que preparó Medardo Fraile, antología en la que- n o debía ser de otro modo- se incluía también uno de sus cuentos. Cuentista internacional mente conocido, publica ahora por primera vez una novela. Esta novela vive también en la preguerra española. Es un dilatado despliegue de cosas, sonidos, gentes, cotidianos sucesos y vidas, muy comunes con otras vidas y sucesos. El aire de los cuentos de M. Fraile parece- c o m o si hubieran abierto puertasextenderse a más estancias de la casa y convertirse en cuento grande, novela. La casa es, por así decir, la misma que la de sus cuentos: el latido de lo verdadero, de lo que se ha de algún modo vivido y se recuerda de tenidamente. No en vano el título, que parece insultante, de la novela es Autobiografía Aunque no pueda decirse que la historia familiar relatada lo sea a través de los ojos o de la conciencia del niño protagonista, sí que el autor se hace de algún modo niño para rememorar y presentar vivos e hilvanados los recuerdos. Así están ausentes la amargura o el resentimiento o el rencor- digo estas palabras sólo para indicar algunos de los vicios adultos- y todo está dicho como con placidez, y no porque en su polícromo suceder no haya realidades amargas, sino porque la perspectiva de la memoria en niebla les da más verdad, más honda unidad de sentido. Aparte de otras normales bellaquerías humanas, las dos o tres brutalidades presentadas lo son como tales, como vilezas; también en esto hay verdad. Casi diría que está tan traducida al libro la preguerra española, que en ocasiones parece estar viéndose un documental, aquí hecho libro. Un libro en el que, sensiblemente, me parece que sobresale el sonido de las cosas; en el que muchas personas entran y salen del inmenso teatro de ese Madrid descrito: personas, las más, con breves papeles, pero que en sus pocos trazos dan el color, la voz, que va creando el arhbiente. Y lugares, paisajes, que, igualmente con economía de medios expresivos, se autoafirman y dejan el rastro de su fuerte presencia. Mucho dialogo, todo el mundo habla o grita; es un escenario tan movido que la autobiografía no puede convertirse en autoegolatn a ni en nostalgia entristecida, sino... sino en una especie de muestrario de caracteres y de acontecimientos humanos diversos, que parecen invitar a seguir viviendo, a vivir más humanamente, a buscar mejor. Pedro Antonio URBINA