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6 junio- 1987 A ocupaba su nicho en el Diccionario el vampiro, esa nocturna criatura de tan selecta gula. Con la acepción que le corresponde, se recoge también la de persona codiciosa que se enriquece por malos medios, y como chupando la sangre del pueblo Definición, por cierto, con mucho tinte romántico ¡Fuera del trono, tiranos! ¡A la tumba, vampiros! clamaba colérico Víctor Hugo) y evidentemente verdadera, pero que no recubre otro sentido habitual del vocablo: no sólo el pueblo puede ser desangrado por tales monstruos, sino personas bien particulares: maridos, amantes, esposas, padres, hijos... Empresarios, incluso. Y contribuyentes. Choca, por cierto, algo que deberían considerar quienes motejan al idioma de machista: parece que sólo pueden ejercer de vampiros los varones, ya que la forma femenina vampiresa, también legitimada en la futura edición, requiere condiciones y aptitudes monográficas que no poseen todas las mujeres chupasangres. Si la lengua fuera equitativa con los sexos, debería existir vampira. Se incorporará ahora el nombre de tan siniestra actividad: vampirismo. Pero habrá que retocar la definición de vampiro, para que convenga a cualquier tipo de explotador inclemente. ABC Hícrar ío Calle de Felipe IV ABC III con una asesina cornamenta aguardándolo: imágenes así no me las compensa el gozo de una verónica ni el súbito destello de un farol. Pero quedábamos en la gran productividad léxica del toreo, muchos de cuyos términos han pasado, con sentido figurado, a la lengua general (faena, brindar, empitonar, dar la puntilla, puyazo y tantas más) Otras muchas, por el contrario, las han tomado los taurinos de los usos comunes, especializándolas, como recibir, encierro, tercio, lance, maleta, etcétera. Entre ellas, figura doctorarse, en el sentido de tomar la alternativa un matador remitida ahora al Diccionario. Es apropiada metáfora. Falta sólo que se dé el paso de otorgar doctorados honoris causa en tauromaquia; concediendo algunos a los encarnizados enemigos que le han salido a la fiesta en el Parlamento Europeo, tal vez se dulcificara su ecológica inquina. ¿Se podrá creer que aún no figuraba registrado el verbo enfriarse, en el significado de acatarrarse ¿O mesilla, como mesa de noche ¿O que teníamos agua de seltz, pero no el familiar sifón, con el sentido de agua carbónica (o de agua con sabor a pies dormidos según la genial definición de Ramón Gómez de la Serna) Cuando la Junta académica descubre omisiones de tal jaez, experimenta honda desazón. Por ello se ha dado prisa (medida en decenios) para incorporar agua tónica, bebida gaseosa que contiene, en pequeñas cantidades, alguna sustancia considerada estimulante, como quinina, cafeína, etcétera Es permanente la tarea de enmendar definiciones que parecen imperfectas. Jal acontece con reír, explicado hasta: ahora como manifestar alegría y regocijo con te expresión de la mirada y con determinados movimientos de la boca y otras partes- del cuerpo Se añadirá que tales movimientos van acompañados casi siempre con sonidos de la boca Proporciona alguna mejoría tal corrección, pero temo que no definitiva. Tal vez deba volverse sobre este asunto. El hincha que grita ¡gol! cuando su equipo lo mete, hace determinados movimientos con boca y cuerpo, y emite sonidos. Sin embargo, en aquel momento no ríe. Da la impresión de que esto, reír o reírse, consiste en manifestar regocijo ante algo que parece divertido o có- mico, expresado con ciertos movimientos del rostro, acompañados a menudo por sacudidas del cuerpo y una particular emisión de sonidos no articulados. Me fijo ahora, por cierto, en la risa sardónica, de la que el Diccionario brinda dos acepciones, la originaria del rictus patológico, y la de risa afectada y que no nace de alegría interior Pero, esta última, ¿no será la risa fingida? Las risas sardónicas que recuerdo de lecturas tremebundas de juventud provenían siempre de individuos- malvados, normalmente ante víctimas a quienes helaban la sangre con aquel alarde; Así, los vampiros, cuando tras haber hincado los colmillos en una yugular palpitante, mostraban riendo sus fauces rojas. Cabría pensar en que tal tipo de risa es la que expresa una burla sarcástica y malévola. Y como empezamos hablando de vampiros, con ellos acabamos, no sin requerir antes unos ajos que los conjuren. Fernando LÁZARO CARRETER Y REAL ACADEMIA las prendas femeninas. Designa, como sabemos, la que sujeta el busto hasta la cintura, sin tirantes, lo cual permite le grand décolleté Corpino significa aproximadamente lo mismo, y sirve con la misma utilidad. Olvidemos el bustier. Son frecuentes las ausencias de ese tipo, es decir, la del nombre abstracto que corresponde a otro concretó, o a un verbo o adjetivo ya consignados. Se incluía, por ejemplo, desnacionalizar, pero TÍO desnacionalización (actividad tan recomendable) teníamos epclaustrar, sin aparecer enclaustramiento; desnucar, y no desnucamientó; y estaban colecth vizar, sin colectivización, y auto nático sin automaticiáad. Todos esos vocablos serán incorporados a la próxima edición. Es muy curiosa la historia de busto. Procedente del latín bustum, significó en aquella, lengua crematorio de cadáveres, cenizas de tal cremación, muerto- sin sepultura, y otras cosas así de regocijadas. Entre eltás, monumento funerario, que, muchas veces, tenía la particularidad de estar ornado con una escultura de la cabeza del muerto. Pero ¿qué era el bustum, la cabeza pétrea o los despojos del sepulcro? ¿O la persona que se representaba como si estuviera viva? De ahí las vacilaciones con que se adoptó ese vocablo en italiano en el siglo XVI: busto designaba tanto el cadáver como el cuerpo de un hombre vivo. Se incorporó al español en la centuria siguiente; Lope de Vega habla de sangrientos cuerpos, destroncados bustos verso con que la Academia documentó su acepción de 1726: El cadáver o cuerpo muerto sin cabeza advirtiendo que era voz de raro uso. Y es en los dos últimos siglos cuando se reordenan y fijan sus actuales sentidos, probablemente en italiano, que los irradia a las otras lenguas románticas: Es cultura- o pintura de la cabeza y parte superior del cuerpo humano y parte superior del cuerpo humano En Francia, sin embargo, desarrolló una nueva acepción: la de pecho de la mujer (otra vez sin la cabeza) pareció menos explícito que tos vocablos usuales para designar esa zona, Y tal exquisitez se ha colado en nuestro idioma, hasta lograr el puesto en el Diccionario que ahora se le concede. No sucede lo mismo con bustier, desvergonzado galicismo de tan activa presencia actual entre Rondando todavía por fugares inquietantes, sorprende corno en una época como la nuestra, de tan manifiesta ostentación de los contenidos, se retraigan con pudor 1o s continente. Taparrabo puede ser un ejemplo: nadie osa ya utilizar una voz de tan sincera explicitud. Otro, el de Ta veloz retirada del sostén (al vocablo me refiero) a expensas de sujetador, sinónimo que- ya incluyó la Academia en 1984. Aquella palabra, tal vez por Jos frecuentes contextos lúbricos en que aparecía, se había contagiado de ellos, y fue feliz el hallazgo de sujetador, que devolvía al objeto una neutra y hasta casta nominación de simple prenda; sostén parecía impregnado de olor a alcoba. Si me refiero a este asunto es porque el Diccionario añadirá al sustantivo copa una nueva acepción: Cada una de las dos partes huecas del sujetador de las mujeres Es muy grande el número de términos que la fiesta de toros ha forjado. La terrible fiesta, con la cual he manifestado hace poco reticencias que se me han reprochado: Pero las aumento cadas. día. Hace poco han andado por la Prensa las fotografías de Joselito por los aires como un pobre muñeco manteado, A- cde, tafleal Academia Española