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18 A PC OPINIÓN SÁBADO 6- 6- 87 Panorama AREILZA COMO NARRADOR H ACE un par de semanasjmi familia, jubilosa, me entregaba un ejemplar de un periódico. Me imaginaba de qué se trataba. Abrí por las páginas de Cultura y me encontré con una extensa crítica sobre mi última novela, Las cenizas del esplendor Confieso que temblé, pues había leído ataques de aquel crítico a novelistas consagrados en los que sin el menor temor reverencial les ponía de chupa de dómine, y probablemente con razón. A medida que leía me iba serenando. No sólo se abstenía de vapulearme, sino que me elogiaba con ese quinto sentido que el buen crítico tiene, es decir, con intuición, conocimiento y medida. Me alegré sobremanera y me dije a mí mismo: Si un crítico duro e independiente como éste elogia tu libro es que lo que has escrito es bueno. Y mentalmente descorché una botella de champaña para celebrar la crítica, que de alguna forma habrá contribuido a que la primera edición se haya agotado en un mes y esté ya en las librerías la segunda. Pocos días después abría las páginas de cultura y me encontraba con un artículo dedicado a Siete relatos de José María de Areilza, que éste me había anunciado. Según avanzaba en la lectura, mi talante evolucionaba en dirección opuesta a la que acabo de explicar, pues la crítica era implacable. Terminé de leerla desolado. No había ni una sola virtud o mérito reconocido en la sucesión de censuras. Téngase en cuenta que Areilza no sólo había participado en la presentación de mi libro junto a Pedro Laín y Julio Caro Baraja, sino que en gran medida me había ayudado a emprender la tarea y a rematarla, animando mis momentos de decaimiento. Las palabras del crítico me cayeron como una ducha fría. Quedé entristecido. En la presentación de mi libro había confesado lo que me costó pasar de ser un escritor enfrascado en la política y en la conspiración a manejar la ficción volviendo a los aires de mi juventud primera. Pocas cosas tan opuestas hay como el manejo literario de la política y el de la ficción, sea novela o relato. Y quien dice política dice diplomacia. Cuando un embajador informa sobre la situación del país en el que está acreditado, puede hacer todo menos ficción. Y naturalmente la función va creando el órgano y viceversa. El diploma- -M e han dicho en el hospital que no pueden atenderme hasta dentro de quince meses, así que, con lo cariñoso que está Pepe, seguro que negamos a tiempo de que me atiendan en el parto siguiente. tico, el político, quedan incapacitados para ser novelistas profesionales. O lo uno o lo otro. Mi propia experiencia me lo prueba; aunque no he llegado todavía- n o perdamos el buen humor- ni a embajador ni a ministro, recuerdo lo que me costó, como he dicho antes, pasar del estilo literario propicio para tales metas a la de humilde narrador de cuentos y novelas. Por eso, cuando un hombre como Areilza, formado en la política y en la diplomacia durante toda su vida, lo que imprime carácter, se lanza a la narración deportivamente, debe ser juzgado también un tanto deportivamente. A ningún crítico se le hubiese ocurrido condenar a Areilza si, tras apuntarse en un marathón llegase el último; más bien hubiera hecho exactamente lo contrario. Alabar su valor, su vitalidad, su falta de temor al ridículo, su fortaleza. Pues lo mismo ocurre, a mi juicio, con su incursión en el mundo de la narrativa. El comentario, en el que no entro, ha de ser proporcionado a la circunstancia humana. Por otro lado, Areilza tiene madera de narrador, aunque no la haya podido cultivar hasta ahora por imperativos vitales. Quien lea, por ejemplo, sus Memorias exteriores se sorprenderá ante trozos de literatura deliciosa, interpolados en la fría narración oficial. Sus retratos de la sociedad bonaerense, de la americana y de la francesa tienen todos los elementos que hicieron, por ejemplo, de Saint Simón, de Paul Morand o de los embajadores venecianos, maestros en la sutileza, en la penetración psicológica, en la ironía y en la expresión plástica de un ambiente y unas costumbres. A un hombre así no hay que desanimar nunca, sino orientarle. Por ejemplo, se le podía haber dicho: Bienvenida sea su entrada en el mundo de la ficción más o menos esotérica, hoy tan de moda con sus pontífices y sus charlatanes, pero recuerde que su segundo libro de narración debe fundarse sobre su experiencia auténtica; cuéntenos cómo eran los oligarcas y la corte de Eva Perón, enzarzados en una lucha a muerte; cómo eran las viudas millonarias americanas que desde su intoxicación ideológica y etílica hacían cruzadas anticomunistas; cómo eran las rivalidades entre los diversos estratos de la nobleza francesa, desde los capetianos hasta los bonapartistas, y las extravagancias del gratín intelectual parisiense, que Steinbeck aprovechó para su sátira The short reign of Pippin IV así como Scott Fitzgerald retrató la sociedad americana. Y cuéntenoslo con la exageración y las invenciones y las licencias que dan credibilidad a la realidad en la pluma de un novelista. Si el crítico hubiese dicho algo así, es probable que el año próximo tuviéramos un nuevo libro de narraciones de Areilza, que aquél habría saludado con alborozo. Ya que no ha sido así, me permito proponérselo yo. Los suspensos no sirven para nada cuando el examinado es diligente y polifacético, cosa bien distinta de dilettante Aún recuerdo el efecto negativo que sobre mí tuvo un suspenso- e l único de mi vida- que me dio en Derecho Civil don Federico de Castro cuando en el resto de asignaturas todo eran sobresalientes, y yo era un hombre maduro, lleno de buena voluntad. Los fracasos de los estudiantes ante todo son el fracaso de sus profesores: aforismo que se podría transportar a la vida literaria. Antonio MENCHACA ¡1.000 diseños divertidos y vanguardistas! m MOVILAUTO ES OPEL Bravo Muríllo, 36. i a 446 62 50 Bravo Murillo. 63. Te! 254 99 68 CENTRO DE DISEÑO dePermanent San Bernardo, 118. 28015 Madrid. Tel. 593 29 70- 593 30 00- 593 30 25. 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