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JUEVES 4- 6- 87 EN LA MUERTE DE UN ESPAÑOL UNIVERSAL A B C 77 iré que Una revolución musical La dilatada y triunfal trayectoria artística de Andrés Segovia constituye un testimonio irrecusable, irrepetible también, no sólo de su excepcional calidad interpretativa, sino creadora. Porque, a diferencia de otras expresiones artísticas, la música es un arte de recreación. El compositor la crea, aunque en última instancia sólo plasma en el pentagrama las voces del silencio. De ahí que necesite ser recreada por el intérprete, quien, mediante su actuación, confiere a la obra su feble entidad. No es en el pentagrama, sino en la interpretación, donde la obra musical alcanza su plena dimensión estética. A diferencia de las otras manifestaciones artísticas, la composición musical, en la plenitud de su interpretación, se nutre del tiempo y, en cierto modo, con el tiempo se identifica. Es fugaz, efímera. Muere con el último acorde y, como el tiempo, es irreversible. No puede volver atrás. Por eso cualquier versión es irrepetible y lleva marcada de modo indeleble la impronta del artista que la interpretó. El sello que deja Andrés Segovia en la interpretación musical se eleva al orden categoremático. Constituye en sí mismo una categoría artística. La interpretación musical, sublimada así por el maestro, es como el milagro de la resurrección. Los sonidos yacen mudos, sepultados, y a la vez sostenidos por la reja con cinco barrotes del pentagrama. Y el intérprete es como e taumaturgo destinado a conmover el frío e impasible simbolismo de la notación, destinado a transformarlo en una descarga emotiva. Le basta aplicar la alquimia de su técnica al instrumento, para transmutar en sonido el metal, la cuerda o la madera, y requiere una estrecha vinculación, que es en cierto modo intimidad entre el instrumento y el instrumentista. Tal es la grandeza de la interpretación musical, no exenta de servidumbre. La servidumbre impuesta por las limitaciones inherentes al instrumento, reducido a ejercer una función específica. No todo instrumento puede emitir y modular cualquier sonido. Atendiendo a dicha función específica, el academicismo vigente ordenó los instrumentos musicales conforme a la jerarquía de unos valores generalmente admitidos y consagrados. Se impuso así un clasismo instrumental que dignificaba a los instrumentos considerados más nobles, postergando o marginando a los plebeyos, vetando su acceso a las más altas cimas de la recreación musical. Entre tales instrumentos preteridos, la guitarra. Andrés Segovia acometió su revolución musical rompiendo estos esquemas. Una revolución frustránea, destinada irremisiblemente al fracaso, según opiniones muy autorizadas en los ambientes musicales de la época. Después de los intentos de Carulli y Carcassi, de Tárrega y de Sors, afirmaba Felipe Pedrell en su Diccionario técnico de la música: El piano acabó por destronar a esta reina de la canción popular, la guitarra, que nunca debió haberse empeñado en los tiempos modernos en un camino de aventuras imposibles. Para Pedrell, la función específica de la guitarra clásica se ha limitado muy acertadamente a acompañar serenatas o composiciones características A pesar de tales admoniciones, Andrés Segovia se arriesgó y comprometió en esa aventura imposible. Y el triunfo de su propósito constituye el éxito de su revolución. Supo intuir Andrés la enorme capacidad expresiva de la guitarra, la inagotable riqueza de sus voces y modulaciones, porque supo ver en ella el instrumento musical más expresivamente humano. Es como la prolongación expresiva del hombre mismo, sin solución de continuidad, sin necesitar las mediaciones del mazo o de la púa, del arco o del registro. Ni la guitarra ni el hombre, como advirtiera Andrés Segovia, son unidimensionales. Igual que el hombre, la guitarra es a la vez una y múltiple, simple y complicada, elemental, compleja, profunda hasta lo insondable. De ahí su misterio y también su arcano. Para desentrañar ese misterio, para arrebatar su secreto a la guitarra, para triunfar en esa aventura imposible, se precisaba el ánimo esforzado, la técnica prodigiosa, la imaginación apasionada, la penetración intelectual, la sensibilidad exquisita, la grandeza de espíritu, en suma, que definen humana y artísticamente al maestro Andrés Segovia. Antonio ARÓSTEGUI su mundo niones erróneas. Pacífico, laborioso y entusiasta, sin envidia de la habilidad o del mérito ajenos. Me inclino a la soledad porque, como decía no sé quién, prefiero soportar mis propios defectos a los defectos ajenos, pero me encanta la conversación con amigos buenos e inteligentes El flamenco: El flamenco de hoy ha roto completamente con la noble tradición del flamenco. En el cante jondo, las bailarinas sólo se llevan la pelambrera a los ojos y hacen gestos violentos. Y el baile flamenco ha de ser apasionado, pero no obsceno. Antes, el toque de la guitarra flamenca se limitaba a expresar lo que el concertista tenía que decir. Ahora es el comercio el que maneja el sentimiento del tocaor La música moderna: La música moderna está fuera de lo que yo llamo mi tiempo. Apurando las cosas, se podría decir que yo la interpreto, excepto cuando está compuesta de ruidos. A mí me gustaría ver una evolución de los experimentos que ahora se hacen, de modo que la cadencia que empieza siendo simplemente ruidosa sea luego sonido y, finalmente, música Sus ideas: Uno ha visto morir tantas ideologías... Eso es lo triste. No hay más que violencia. El mundo se ha tornado desapacible y, con el mundo, el arte, la poesía, la música. Es la consecuencia del descenso de la moralidad, de la escalada de la violencia, de... No, nunca fui político; de hecho, a mí la guerra civil me dejó aturdido, nunca llegué a entender el enfrentamiento. La situación actual de nuestro país me ha apasionado como español. Siento que se vaya torciendo la democracia que con tanto trabajo se ha instalado... Pienso que sería magnífico que llegáramos a la libertad sin libertinaje, a la moral cristiana sin mojigatería y a la fraternidad sin caer en la amenaza revolucionaria de ¡Sé mi hermano o te mato! Su aportación a la guitarra: Cuando yo llegué a la guitarra, lo que habían hecho por ella Fernando Sor, el magnífico compositor cata: lán, y Tárrega, parecía en el olvido. Los críticos y los músicos compartían el desdén por la guitarra, que se hallaba paralizada. Ahora hay en casi todo el mundo discípulos míos a los que yo no he dado talento, porque eso no se da, sino entusiasmo. Ahora, la guitarra se enseña en Universidades y en Conservatorios y es, con el piano, el instrumento de concierto preferido por los músicos. Entre los discípulos que yo citaría, para hacer una breve lista de la guitarra de hoy, estarían el californiano Christopher Parkening, el belga Guillermo Fierenzs, el mexicano Chucho Silva... Del nacimiento de la guitarra: Me he inventado una leyenda: Apolo corría tras una ninfa y la pobrecita miraba atrás, angustiada. Apolo, galante, le prometió no amenazarla más y ella cayó en sus brazos e invocó a su padre, que era un demiurgo, un demiurgo que la transformó en el árbol de laurel de Daphnae. Desde entonces se corona a los dioses y a los vencedores con laurel, y de aquella madera hizo Apolo la primera guitarra. Poniendo, por fuera, una alusión a las curvas femeninas. Y poniendo dentro un poco de histeria