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JUEVES 4- 6- 87 EN LA MUERTE DE UN ESPAÑOL UNIVERSAL ABC 75 ESCLAVO DE LA GUITARRA El mayor libertador es aquel que abre al espíritu humano continentes nuevos escribía hace unos años Salvador de Madariaga en este artículo de ABC dedicado a Andrés Segovia. Además de glosar la figura y la obra del famoso guitarrista, Madariaga se extiende en agudas consideraciones sobre la libertad y su ejercicio, sobre la esclavitud, libremente asumida, del artista. del alma, los jóvenes todos supieron de instinto que en cuanto salía a escena aquel hombre sencillo, fuerte, roble humano de abundante flor, era imperioso callar todos y escuchar con toda el alma esperanzada aquella voz divina. Lo exigía en silencio el ser escogido por la Providencia para hacer sonar la pura voz del gran poeta de la música europea. Revolución universal, arrolladora, inaudita: todos los espacios abiertos a las audiciones de la guitarra de Segovia, abarrotados de gente: todos aquellos, jóvenes y viejos, vibrantes que la emoción más pura que darse puede, ávidos de pasar por aquella vivencia única: el goce de una imaginación espiritual sin reproche. Y aquella asombrosa sensación de libertad que los millones y millones exultaban de gozar, sentían surgir en su ánimo aquella libertad de vivir alto y puro que aquel roble español derrochaba en las almas de los cinco Continentes. ¿Qué era si no el fruto y la flor de toda una vida de esclavitud a su arte, el sacrificio de todos los goces menos el único y supremo goce de oír perfecto lo que en el fondo de su corazón creador habría oído Juan Sebastián Bach? Quien en Nueva York o en Tokio, en Berlín o en Córdoba vibraba de emoción inefable, se sentía por unos instantes en la cúspide de su ser, pensaba en las horas de humilde trabajo del esclavo libre de aquella guitarra que día tras día y noche tras noche consumía el aceite vital de su voluntad en asegurar la perfección de la voz divina de Bach para que la oyeran las multitudes. Este es, sin embargo, el fondo de la gran revolución lanzada al mundo entero por Andrés Segovia. De la labor tenaz de aquel esclavo de la guitarra, prolongada año tras año, mes, día, hora, durante toda una vida nutrida de su libertad, han brotado para la Humanidad enteros siglos de la más resplandeciente y pura libertad espiritual. ¿Libertad? pregunta algún dubitativo. Pues sí. Libertad es poder de selección, capacidad de escoger esto o lo otro, lo cual supone que aumenta con e) área del mundo que conocemos. El mayor libertador es aquel que abre al espíritu humano continentes nuevos, el Colón del espíritu que descubre a todo hombre nuevos Perúes y Méxicos donde acampar. Esto es lo que ha sido toda su vida nuestro gran compatriota. Andrés Segovia es descubridor para miles y millones de hombres de nuevos continentes del espíritu donde ejerce su libertad. Y lo punzante y hondo de su obra está precisamente en que, por la magia de su arte, la libertad que ha regalado a las multitudes está amasada de su propia esclavitud. Que ser esclavo no es incompatible con ser libre; antes bien, no es fácil que un hombre sea del todo libre si Dios no le ha concedido un amo grande de veras a quien sacrificar su libertad. Salvador de MADARIAGA de la Real Academia Española Esta voz es tan auténtica de Bach que, por serlo de él, es la voz de Europa: que Europa es la síntesis más perfecta de serenidad de pensamiento y de pasión del ser que el mundo de los hombres ha conocido desde aquellas inolvidables esculturas del gran Egipto clásico; y esta doble vibración del alma humana, la serenidad del pensar y la pasión del sentir, se encarnan en los tres europeos más grandes que jamás ha habido, que son Leonardo, Shakespeare y Bach. A esta trinidad, el esclavo libre de la guitarra por la gracia de Dios contribuyó descubriendo en un humilde instrumento de música popular la voz auténtica de Juan Sebastián Bach. Esto lo percibió pronto la juventud del mundo entero. El descubrimiento de Segovia llegó a florecer en la Historia cuando todos los jóvenes del mundo arden de entusiasmo por la guitarra; y a ella entregaban su libertad en imitación, cada uno la suya, lograda o no, aceptada o no, por el Señor. Pero cualquiera que fuese la intuición, el gusto, la devoción La guitarra a Andrés Segovia Ocho sonoro donde el aire espera dormido, el despertar de la armonía, tensas cuerdas, silentes todavía, grávidas de su gloria venidera. mástil en cuya plana de madera cuerdas y trastes con su geometría trazan quieto sexagrama en que un día viva se grabara música entera de tu vientre fecundo, ocho sonoro, la mano sabia que su genio guía hará brotar en un ensueño de oro de Juan Sebastián Bach la melodía, alzando al cielo en anhelante coro escalas de infalible simetría. Salvador de MADARiAGA N ACE el hombre libre y apenas madura viene a arrodillarse y ofrecerle su libertad virgen a la divinidad. Y ora: ¡Oh, Señor, hállame un buen amo para vivir mi esclavitud! Los hay a quien Dios escucha con creces, y, de ellos, uno de los más favorecidos fue Andrés Segovia, a quien eligió para esclavo de la guitarra. Desde aquel día, Dios y él saben cuándo se iluminó su alma, y Segovia ha sido un hombre libremente esclavo de ia guitarra. La halló saladísima y traviesa en las ágiles manos del barbero de Sevilla, y, en una vida modelo de fidelidad, la elevó hasta convertirla en la voz más auténtica de Juan Sebastián Bach que jamás oímos los hombres.