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70 A B C SAN ISIDRO 1987 Vigésima corrida de la feria de San Isidro JUEVES 4- 6- 87 Está claro: con los Victorinos no se aburre nadie El Rey: No se debe cuestionar la fiesta en España porque forma parte de nuestra tradición y nuestra cultura José Antonio Campuzano salió por la puerta grande y Aragón Cancela resultó herido de gravedad mismo lo que supone de cara a un futuro ese percance? Ha estado a punto de pasar de la nada a la fama. Simplemente el cambiar la muleta de mano le puede costar una fortuna y quedarse donde estaba, o sea, volver a empezar de cero cuando salga del sanatorio. ¡Qué difícil es ser torero! Gran expectación también para la corrida de los Victorinos. Y digo también porque hasta hace poco toda la expectación de la feria era en Madrid para la corrida del ganadero de Galapagar, que últimamente se nos está haciendo extremeño a fuer de comprarse fincas por aquellas nobles tierras, y ahora los llenos se suceden tarde tras tarde se lidien o no toros de Victorino. Diez minutos antes de comenzar el festejo llega Su Majestad el Rey, que asiste a la corrida de manera informal. Nada de protocolos. Ocupa una barrera del 1 Le acompaña el general Fernández Campo, secretario general de su Casa, un asturiano que va entrando en la fiesta, compartiendo la afición del Monarca, ¿verdad, Sabino? El Rey no está de acuerdo con que se cuestionen las corridas de toros en España. No es de recibo en nuestra nación eso de toros sí o toros no, porque la fiesta nacional forma parte de nuestra tradición y nuestra cultura, lo siento así, independientemente de que yo sea aficionado. dos pinchazos y estocada escuchó una fuerte ovación. Desgracia y torpeza El colmenareño Carlos Aragón Cancela tenía la oportunidad de su vida. Corrida de lujo, la televisión por medio y un toro bravo, auténticamente bravo, y noble, delante. Tuvo el éxito en la mano. Antes de comenzar la corrida, su apoderado, Andrés Vázquez, me dijo en el pasillo que me fijara en el toro número 18. Estoy seguro de que va a embestir afirmó el torero retirado de Villalpando. Y embistió. Y lo hizo bien, con el morro por el suelo, con mucho estilo. Aragón Cancela le cogió pronto la velocidad en dos series superiores con la mano izquierda. El toro le seguía con fijeza en el trapo el camino que le marcaba el torero de Colmenar Viejo. Hubo un momento en que la plaza estaba con él. No cabía otra cosa que seguir por el izquierdo- e l pitón bueno del toro- porque la faena iba sobre ruedas y, al final, se hubiera valorado una enormidad al ser concebida toda ella con la mano zurda, pero cometió el imperdonable error de pasarse el trapo a la diestra. El de Victorino no tardó en orientarse. En un periquete le prendió por el muslo, le hizo girar sobre el pitón y le propinó una cornada con dos trayectorias en el muslo derecho, una ascendente y hacia dentro de 15 centímetros y otra descendente, que el eminente doctor don Máximo García Padrós calificó de graves. Una verdadera lástima. Difícil será que Aragón Cancela vuelva a tener un triunfo, que podría haber sido ruidoso, tan al alcance de la mano. Esto de los toros, aunque algunos no lo crean, es así: los errores no sólo se pagan con sangre, ¿quién puede valorar ahora Interés La corrida no perdió un ápice de interés. Los Victorinos, después del percance de Cancela, y de que Campuzano se quitara al animal con brevedad de en medio, nos tuvieron a todos pendientes de su juego por una movilidad realmente apasionante. No cabía el descuido. Los toreros, siempre con la mosca detrás de la oreja. Los aficionados, con los cinco sentidos en el ruedo. Mal comienzo La corrida comenzó con mala sombra, pero con muy mala sombra. El primer Victorino se iba al suelo, como consecuencia de su flojedad de manos. La protesta estaba más que justificada. El toro fue devuelto a los corrales, salió un deslucido sobrero de Lupi y encima las nubes oscurecieron el coso venteño. Nos temíamos lo peor. El segundo de Victorino, tras la gris actuación de José Antonio Campuzano, con el toro lusitano (animal que no valía taurinamente un escudo) comenzó blandeando, para irse para arriba, con evidente bravura, en el transcurso de la lidia. El portugués Víctor Mendes caldeó él ambiente con tres espectaculares pares de banderillas, el primero al cuarteo, otro de dentro afuera y otro por los tableros. El toro flojeaba bastante, pero tenía codicia y bravura. A la bravura del toro el portuguesiño opuso la suya. Le echa corazón el hombre a eso del aguante, de quedarse quieto con un pundonor realmente admirable. Cuando mató de Entrega total Quedaban tres toros. La con ida podía desplomarse, pero no fue así, porque los toreros que quedaban en la arena estaban dispuestos a jugarse la vida, a buscar el triunfo con un ahínco novilleril. El portugués Mendes pondría toda la carne en el asador en el cuarto. Había que divertir al público, hacerle más agradable la dura pelea del ruedo con los encastados Victorinos, que no paraban de estar en acción, de repetir sus embestidas, de arrancarse sin parar seis veces seguidas al capote- ¡iluso percal! que pretendía pararle los pies en el clásico toreo a la verónica. En esto el banderillero Montoliú, y se va a los medios con intenciones de banderillear. Mendes toma los palos. El público quiere ver al valenciano, que es un artista, un buen alumno de Paco Honrubia. El matador lusitano, generosamente, le deja que coloque un par. Creo que vale la pena relatarlo. Montoliú, elegantemente, se deja ver. Busca la fijeza del toro en los medios. Se aleja de esa mala costumbre que vemos a diario del toro al trote y el torero a galope. Montoliú La cuadrilla de Aragón Cancela dio la vuelta al ruedo. Un Victorino se abre paso entre los mosquitos, ¡vaya plaga! al saltar al ruedo. El par al cambio de Víctor Mendes