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34 ABC OPINIÓN Panorama JUEVES 4- 6- 87 LOS EXAMENES S I en algo estamos de acuerdo profesores y alumnos es en el odio a los exámenes. Mientras ellos sudan, fuman y se debaten con los temas, nosotros recorremos el aula de arriba abajo, vigilando que no se copie, que no asome la chuleta que no se produzca el bisbiseo, y nunca los minutos son tan lentos y nunca el aburrimiento es mayor. Pues bien, el tedio mecánico de medir las paredes del aula, de escuchar todos los rumores sospechosos, de intentar ver con la nuca, sintiéndose por momentos perro gregario es sólo la más grata etapa del capítulo examen luego vienen las dos siguientes, la lectura y la calificación. Uno no se cura nunca de aguardar el ejercicio deslumbrante, que nunca llega. Y cada año uno cree haber aprendido de experiencias anteriores y tener el secreto de las preguntas clave que eviten respuestas elusivas o la ambigüedad, cada año soñamos lograr el maniqueísmo valorativo: de un vistazo, el bien o el mal No, todavía no hemos dado con la fórmula idónea, todavía los especialistas en pedagogía se debaten sobre el mejor método para corregir exámenes y la manera más justa de puntuar. Remitidas copias de un mismo examen a varios correctores, se han constatado diferencias de calificación de tres puntos y medio en Redacción o Filosofía, y de dos puntos en Matemáticas. Si hubiese la oportunidad de corregir al alimón con otro colega, al menos llegaríamos a la tranquilidad de conciencia de una calificación más democrática, pues las malas lenguas dicen que la nota puesta a un ejercicio informa más sobre la personalidad del corrector que sobre el trabajo del alumno. Yo creo que la corrección ideal sería la efectuada por el profesor de la asignatura, por otro colega de la misma especialidad y por el alumno mismo. Cotejados los tres juicios, se paliaría la posible injusticia y se calificaría el conocimiento en la materia y la capacidad de autocrítica del estudiante. Sobre el sentido y la función de las calificaciones disienten profesores y alumnos. Mientras que para los primeros las notas sirven para comunicar el éxito o el fracaso del alumno en la materia que se examina y deben incitarlo a un rendimiento mejor, los segundos no se sienten motivados por las calificaciones ni creen que sean un barómetro justo y, exacto. Les sirven para justificarse ante los padres, para justificarse ante el organismo o la entidad que les concede una beca, y para ir cumpliendo un expediente académico que les franqueará la vida profesional o la promoción social. Es decir, ninguna de las razones por las que el alumno aspira al aprobado o al sobresaliente tiene que ver con la profundización en el conocimiento por sí mismo, ni con la necesidad de enriquecer la comprensión y la percepción del mundo. Para el alumno, orientado hacia fuera y hacia mañana, la asignatura es un medio inevitable, pasajero y pronto caduco, en verdad un ladrillo en la distancia que hay que atravesar. Para el buen profesor, muchas veces la asignatura es un fin en sí misma. ¿Cómo ponerse de acuerdo a la hora de examinar? Marta PORTAL Pues yo creo que todo esto tiene que ser por algo. Contraventana SILENCIO DE TODAS LAS GUITARRAS H Nos habían avisado desde Nueva York, hace unas semanas, pero tenía que venir otra vez a Madrid. Viajero infatigable, enamoLloran en silencio todas las guitarras. A sus rado de España y de la música, el último latinoventa y cuatro años, nos tenía maravillados do de Andrés Segovia se ha apagado en su Andrés Segovia. Su talento y su vitalidad iban domicilio madrileño. Con el silencio de Ande concierto en concierto. Se puede llegar a drés Segovia se quedan mudas todas las guiesa edad con plenitud de facultades como tarras. ¿Cómo pueden sonar tan diferentes dicen los entendidos. Sólo esa plenitud es unos mismos instrumentos en unas manos auténtica cuando, como en el caso de Andrés que en otras? Cuando me paro en un escaSegovia, los dedos de las manos se movían parate de música y veo muchas guitarras alitan deprisa como su cerebro enviaba los neadas, siempre me parece que el nombre mensajes difíciles del concierto. Ensayaba to- de Andrés Segovia está escrito allí. Una vez sentí la hermosa tentación de aprender algudos los días y nadie recuerda que sus recitanos secretos de la guitarra. Acudí a comprar les hubieran decaído nunca. Al contrario, parecía su vibración artística cada vez más en- una, acompañado de Pablo Sebastián, que arenada y dispuesta a demostrarnos que su sabía afinarla, entendía de madera y de cuercapacidad musical transmitía esa perfección das y me aconsejó una que tenía detalles muy flamencos Esta noche, cuando regretécnica insuperable. Se mostraba siempre como un genio incansable. Vivía para la mú- se a mi casa, buscaré en algún rincón la funda y los restos de esa vieja guitarra olvidada sica y para transmitiré! canto de la guitarra. y le pondré desde la prima al bordón, como Andrés Segovia es el mejor ejemplo de la una cejilla, un lazo de crespón negro. perseverancia en una vocación. Alguna vez le oí hablar de las virtudes de la juventud. Algo Luis PRADOS DE LA PLAZA AY días que no se puede escribir de otra cosa. Adelantado el verano, en trance el baloncesto de Europa, inquietos los candidatos de la triple elección que se nos echa encima, el latido de una guitarra clásica nos llega más hondo que nada. Aunque no se oigan las notas, el rasgueo inconfundible, la guitarra de este genio de España figura esta tarde en el pensamiento de todos los que miran hacia el termómetro, de todos los que siguen el rebote y la canasta, de todos los que gritan en favor de un voto... El corazón de Andrés Segovia estaba lleno de música. Habían llorado las cuerdas de su guitarra todo lo que las demás guitarras no podrán llorar hoy, incluidas las guitarras de juguete, aquellas con alambres metálicos que hemos destrozado de niños a fuerza de tensar más de lo debido. de esas virtudes ha sabido él mantener a lo largo de su juventud de noventa y cuatro años. Cuando tocaba la guitarra no tenía edad. Pero tampoco cuando conversaba. Estas personas excepcionales, que deslumhran por la sensibilidad y el ejemplo que transmiten, forman parte de la clase elegida que Andrés Segovia ha paseado por el mundo. Hace pocos años, en el Colegio SEK, donde estudiaba su hijo, le dedicaron la parte de honor de una sesión solemne de apertura de curso. Los demás padres de alumnos aprendimos algo más de Andrés Segovia, por si era poco el lenguaje de su guitarra y la admiración que desprendía tanta sencillez para derramar kilovatios de cultura.