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María Antonia Dans Galería Biosca Genova, 11 Junio Vicente Rojo Galería Soledad Lorenzo Orfila, 5 (Precios: De 160.000 a 1.400.000 pesetas. de las arios Hasta el 11 de julio ABC ultramar, verde esmeralda, bermellón fuerte, carmines, siena tostado, amarillos, cadmio, negro, ocre... para los pueblos verdosos llenos de prados en que nació María Antonia Dans. Me tengo muerta de frío y abrasada de calor tratando de cogerle el aire y el calor a esos Admitida de tal suerte la existen- campos ordenados por Dios que cia de una escuela gallega de pin- tanto me intrigan decía un día ya tura, ésta podría ir de Castelao a lejano la pintora, por fortuna todaLaxeiro, pasando por Seoane y vía intrigada ante el espectáculo de Colmeiro, aunque en los tres últi- la naturaleza y de las cosas, de las mos estamos ya ante pintores más gentes que le dan un sentido, una intrínsecamente tales que pudo intimidad que, como en Rosalía, es serlo Castelao. Castelao es lo so- religioso y sensual, primariamente ciopolítico de Galicia trascendido panteísta y, a la par, telúricamente del eros de su tierra; Laxeiro sólo gallego, instintiva y apasionadaes la pintura. Otra cuestión es, más mente local (de donde su posibilireal y decisiva que la de escuela, dad de transcender, pues sólo lo la del paisaje y la vida cotidiana de local acaba siendo universal, que Galicia en iíf pintura Éi paisaje ga- no es lo mismo que multinacional) llego puede tipificársela partir de tan gallego que puede llegar a traAvendaño, pero Avendaño pintaba ducir a galaico lo que temáticamenGalicia a la italiana, lo mismo que te no tenga por qué serlo, y es Sotomayor pintaba las romerías esta galleguidad plástica la que gallegas como kermesses De singulariza en la exposición multiFermín González Prieto y Juan nacional que es Madrid la pintura Luis a Constantino Grandío es po- de María Antonia Dans, como la sible ya encontrar un paisaje esen- galleguidad de Manuel Colmeiro lo cialmente gallego, aunque la mane- singulariza en la cita internacional ra de estos pintores no sea autóc- que es la école de París tona, y a partir de Julia Minguillón y Manuel Colmeiro es posible tamFernando Mon (no citado en la bién reconocer un testimonio veraz parcial bibliografía del catálogo) y apasionado de la vida gallega dice que la pintura de María Antoque ya es mucho más que mero nia Dans expresa siempre el dolor, costumbrismo. el gozo sensible o la alegría de vivir. Lo expresa, puede expresarlo Un eros de la tierra galaica que porque hay un delicioso equilibrio ya no es mero costumbrismo, pero entre sus medios expresivos y la que se inspira en las cosas y acae- poética ingenuidad de su mirada. ceres de la vida cotidiana, es este Todo se corresponde sutilmente, que se humedece y esponja en la nada azarosamente: la manera y el pintura de María Antonia Dans, tan sentimiento. Un poco de sabiduría sutil en su formulación que traduce podría destruir este sencillo paraísu fuerza telúrica en un murmullo so. de cuento como en un poema miA. M. CAMPOY lagrero de Valle- lndán. Cobalto y JUEVES 4- 6- 87 L reencontrar ahora esta Ga licia morriñosa, pueril y i sensual, tan instintiva y sutilmente recreada por María Antonia Dans, es obligado plantearse, siquiera sea marginalmente, el tema de una posible escuela gallega de pintura (la escultura merecería otra consideración, pues Chamoso Lamas la supone dentro ya de la cultura de los castras, o del Hierro Céltico II, y hasta en escultores contemporáneos, como Faílde Gago, parece prolongarse una tradición viva) La tradición, el magisterio y el método suelen definir a toda escuela, y Galicia, según Fernando Mon La pintura actual en Galicia 1967) carece de una sólida tradición pictórica Claro que por escuela pueden entenderse otras cosas, y así Alberto Míguez, tratando de la pintura gallega, dice que escuela es un talante ético común ante la vida que el arte refleja criterio que abre la posibilidad de hablar de una escuela gallega alrededor de las motivaciones críticas de un Castelao, por ejemplo, que es para Ramón Otero Túnez un símbolo de las reivindicaciones políticas, sociales y literarias de Galicia Plástica gallega varios autores, 1981) A Niña con paraguas K O es de negar que el pintor V 1 mexicano Vicente Rojo I V (Barcelona, 1932) sea un constructivista, como aduce en el catálogo Francisco Calvo Serraller. Sí, lo constructivo está presente, como también hallazgos impresionistas, ópticos y geométricos. Pero en ninguna de esas características parciales se verifica el espíritu rector del estos cuadros, de esas diagonales en tres dimensiones que unen- -como la lluvia que da título a la serie- el cielo y la tierra. En realidad lo que más llama la atención son el proceso y la poesía. Vicente Rojo parece volcarse en sus cuadros con el mismo insistente vértigo que esa lluvia. Está en ella y también ve o intuye a su través. Intuye, ve. Colores que en su imaginación se ordenan como tejidos o mosaicos o se contorsionan como movidos por el viento que vuelve loco. Pero también es una lluvia que tiene dientes o se anuda en lazos, como la piel del pájaro- serpiente o la corteza del árbol que oculta tras su profundísima plenitud. A lo largo de su carrera, Vicente Rojo ha trabajado sobre series, y ésta le ocupa desde 1981. Impulsado tal vez por alguna vaga visión, el artista va descubriéndola mediante la acumulación de planos, de colores, como recreando ese proceso del agua que cae (nunca muerta) hasta llegar al punto en que él mismo y los espectadores puedan decir: así es. La poesía nace de esa búsqueda, se desenvuelve en los colores México bajo la lluvia B- 8 (1986) y amenaza con sus bordes aserrados. Se ve que a Rojo ese trayecto le cuesta quién sabe si sufrir. Tal vez por ello, y ante su propia exigencia lírica, dice y repite que no pretende llegar a ampliara masas, por mucho que su obra esté ya desde hace tiempo en los mejores museos del mundo y sus antológicas (como la de Madrid de 1985) resulten algo más que minoritarias. Vicente Rojo debe saber que su obra despierta al menos curiosidad y que ésta es una de las mejores puertas al conocimiento y a la emoción. Que poca gente llegue a calar en ella tanto como el mismo Rojo o su exegeta José Miguel Ullán No hay lluvia para el que la pide no debe ser considerado una frustración. En sus numerosas capas de significado, como de materia y también de lluvia, cada espíritu encontrará un eco. Incluso cuando sus cuadros gustan más mirados al bies. Y eso es el arte. J. M. COSTA -í -Sca México bajo la lluvia B- 2 (1986) ABC 23