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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 4 DE JUNIO DE 1987 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA i EÑALO una vez José María Pemán, en uno de sus inolvidables y magistrales artículos, gala de las terceras de ABC, lo difícil y pejigroso que resultaba intentar la descripción de algo tan excepcional y reconocido como los fondos- palacio árabe, patio de Carlos V, Generalife... -del Festival de Granada. Lo pienso al enfrentarme con el triste deber de escribir sobre Andrés Segovia, su impulsor, artista universal de España, centro de semblanzas, entrevistas, juicios críticos y testimonios i m p r e s o s de una a c t u a l i d a d sostenida sin desmayo; acrecidos, gloria y cariño en torno, casi desde el comienzo de nuestro siglo: desde que en 1909 inició con su guitarra ese camino sin fronteras que mantuvo abierto hasta el último instante. Conocí personalmente a Andrés Segovia el año 1951, en el Festival de Burdeos. Aún no había regresado a España, pero sentía nostalgia y necesidad del retorno. Formulé mis deseos de entrevistarle. Tocaba esa noche en el Chateau de la Bréde. Estuvo gentilísimo: Después del concierto, a la hora que usted quiera, me tiene a su disposición. Antes, he de estudiar. Han sido muchas las ocasiones de nuevos encuentros periodísticos y humanos: como crítico, entrevistador y amigo. En distintos países, en el Festival de su Granada, en la Academia de Bellas Artes los lunes, siempre que su actividad incesante permitía el paréntesis madrileño. Y pude comprobar en él constantes invariables: la disciplina para el trabajo, el encendido amor a la guitarra, los buenos modos, la cortesía de aristócrata del arte y el espíritu, antes de que Su Majestad el Rey Don Juan Carlos le otorgase el marquesado de Salobreña, el humor a punto, la expresión y el tono de voz dulces, suaves como la sonoridad que arrancaba de las cuerdas de su instrumento. Dos horas y media por la mañana y otras tantas por la tarde, interrumpidas con sendas pausas. Más no se puede trabajar. Menos... lo nota la guitarra. Quien aspire a ser concertista ha de trabajar toda la vida, amar tanto la música que contagie su ilusión al público, tener una salud de hierro. Segovia predicaba con el ejemplo. Su rigor era proverbial; su ilusión, compañera solícita t o m o la guitarra; la salud, pasaporte de longevidad activa. Ilusión: en el arte y la vida. Ya cumplidos los setenta y siete años, en 1970, uno después de contraer su tercer matrimonio, Emilita le regala un hijo. Andrés lo recibe alborozado: He tenido un nieto sin intermediarios. Y cuando el chiquillo, en sus balbuceos iniciales, reclama al escuchar un disco, ¡Papá, sal de ahí! el gran triunfador se enternece y recibe el más alto premio en su carrera. La guitarra. Es un ser vivo, a mi lado; una gran orquesta mirada con gemelos al revés, que oímos aquí desde un planeta más delicado que el nuestro. ¡Y qué fidelidad la suya, qué seguridad en la elección de esa compañía permanente! El piano, el violín previstos, se reciben con recelo. Un ABC guitarrista flamenco, en cambio, le deslumbra, porque intuye lo que puede hacerse. En 1909, el primer concierto granadino- nací en Linares, me bauticé en Jaén y soy de Granada, porque allí pasé mi juventud y empecé a trabajar -es ya demostración concluyente de una calidad. Y los de Madrid, tres años después. Valencia, Barcelona, América del Sur, París, Italia, Ginebra. El salto decisivo a los Estados Unidos se produce en 1928. Dice Virgil Thomson, el mejor crítico americano: Guitarra, la española; su profeta, Segovia. Por algo Bernard Gavoty Clarendon lo calificó en Le Fígaro de príncipe de la guitarra y el ginebrino y temible Aloys Mooser llegó al ditirambo, ya en la crítica de su primer concierto. Andrés Segovia, sin prisas ni cortes, atesora premios, títulos, distinciones y- viajero del mundo- se convierte en ídolo de los públicos de todas las latitudes: Europa, América, pronto el Japón. Australia... cuando en Tokio es aclamado, siente orgullo bien legítimo, porque si la guitarra es una colina con dos vertientes, clásica y flamenca, que coexisten sin mirarse, él impone la primera y en sucesivos viajes comprueba que los centenares de estudiantes iniciales han pasado a ser millares, hasta alcanzar cifra superior a los dos millones, antídoto de los cultivadores de la guitarra eléctrica, que desnaturaliza la calidad poética del sonido y empobrece la auténtica. REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID s EVOCACIÓN DE ANDRÉS SEGOVIA que supuso y el porqué de la singularidad de Segovia, quizá sea esta calidad única del sonido- como un día Kreisler, Casáis, Rubinstein... -lo que distinguiese su arte. La mano sensible, carnosa, de acuerdo con la estampa abacial, arrancó timbres de insuperable belleza. Está después la ampliación fabulosa del repertorio que se busca, de una parte, en los tesoros clásicos- Milán, De Visee, Purcell, Vivaldi, Bach... -y en la puesta a punto de los grandes de la especialidad, presididos por Sor y Tárrega; de otra, en ese constante implicar a músicos contemporáneos famosos para que escriban obras con destino a la guitarra. Nacen así páginas de Villalobos, Ponce, Tansmann, Castelnuovo Tedesco, Rodrigo, Moreno Torraba... Para este último, se convierte en el impulsor más eficaz (unidos por el afecto y la admiración recíprocos tanto como por las paralelas cronologías) de escapadas felicísimas lejos de su habitual mundo lírico. Y el apostolado pedagógico, mentor calificado en la Academia Chiggiana, en Música en Compostela dispersos por el mundo alumnos ya concertistas de la talla del inglés John Williams, el venezolano Alirio Díaz, el español José Tomás; abiertas las enseñanzas de la guitarra, por la fuerza inicial de su nombre, en centros de todos los continentes. Y la autoridad ante los públicos- ¡qué alegría la gran presencia juvenil! -de los que lograba un silencio como nadie fue capaz de imponer, porque hay que empezar a construir desde el nivel del mar Eso, la difusión, más de trescientas obras grabadas, por el disco... Andrés Segovia salta de uno a otro continente, caballero andante de su guitarra, Más de setenta y cinco años de actividad esa maja desnuda en expresión feliz de dieron a Segovia la ocasión de conocer a personalidades de todos los campos: jefes Gerardo Diego, a la que siempre rindió culde Estado, políticos, artistas plásticos, múto. Han sido muy pocos los instrumentos sicos, escritores... Fue amigo de Picasso, -d o s de Hausser, dos de Ignacio Fleta, Strawinsky, Falla, Lorca, Pérez de Ayala, otros tantos de José Ramírez... -por él Juan Ramón, Madariaga. Lo tuvo todo. Las pulsados con el afán permanente del sonimáximas condecoraciones, los títulos de do puro, lleno, redondo y el color sin arisdoctor honoris causa por una serie de tas, flecos ni ruidos parásitos por cambio prestigiosas Universidades, los entorchados en la posición de los dedos. académicos, premios nacionales, medallas En el momento de repasar lo que fue, lo de oro... Tuvo el raro talismán que le permitió conquistar audiencias millonarias con las suaves confidencias de su guitarra. Dijo de él un día D Annunzio: Es como los antigudS constructores de instrumentos musicales, que morían con sus secretos. Y fue en Venecia, allá por 1980, cuando, por acuerdo unánime de un ilustre senado internacional, se le otorgó la distinción que mejor podía convenir a su trayectoria: Una vida por la música. Una vida, sí, que se apuró con goloso celo de elegido, hasta EDICIÓN INTERNACIONAL que, ya cumplidos los noventa y cuatro años, hubo de interrumpir esta primavera Un medio publicitario único su gira americana de conciertos. Que deja tras sí un hondo vacío. Sólo su propio repara transmisión de mensajes cuerdo, hecho de mil evocaciones humanocomerciales a ciento sesenta artísticas, podrá cubrirlo. naciones Antonio FERNANDEZ- CID