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SÁBADO 30- 5- 87- TRIBUNA ABIERTA ABC, pog. 69 C ORRE, desde hace algún tiempo, un hormiguillo muy visible: ¿Cuántas palabras tiene tal lengua? ¿Cuál tiene más, el inglés b el español? Y multitud de cuestiones de este cariz nos asedian en artículos, tertulias, conversaciones intrascendentes. Muchas veces, detrás de la pregunta es muy perceptible el temor a una contestación adversa para la lengua que el demandante quiere proteger o destacar. Hay incluso un oscuro sentimiento de patria ultrajada si se afirma que la lengua extraña dispone de virtudes, valores, etcétera, superiores a los de la propia. También es notorio el amargor de sentirse colonizado ante la posible supremacía extranjera. Y todo esto nos hunde er ¿bizantinismos estériles que no llevan a puerto alguno. Se trata de una actitud efusiva, emocionada, que se niega a someterse a codificación. Hoy, por todas partes nos sentimos envueltos en una atmósfera anglizante. No vale la pena disimularlo ni esgrimir ademanes numantinos. Esa penetración del inglés es, por ahora, imparable. En primer lugar, hay que dejar muy clarito que la amenaza que tenemos encima está muy favorecida por la peculiar actitud ante el trabajo de la comunidad hispanoparlante. Nos falta, en nuestra tradición más honda, un sentido de la preocupación científica aplicada verdaderamente llamativo. Poseemos una riquísima tradición de tipo humanista literario. No en vano, nuestra literatura ha sido la única de los pueblos modernos que ha creado mitos de universal valía, o que descubrió, como gran personaje literario, al hombre desnudo y desheredado de la calle. Pero no podemos oponer a ese pasado una tradición parecida en materia científica. Los grandes descubrimientos científicos españoles se han hecho un poco a contrapelo de la sociedad, eran patrimonio de gente rara, extraña. Se han hecho esas aportaciones lejos de España, en medios donde ese tipo de dedicación no era quehacer de marginados o perseguibles. (Siempre hay que citar a los hermanos Eldhuyen, o a Servet, o a Ochoa ya en nuestro tiempo. Así percibimos bien la diferencia: los hispanismos en las de- jjjás lenguas responden a la forma de vida espTTiíuaLespañola (literatura, vida religiosa, conductanbtele a todo riesgo, etcétera) la lengua de la ciencia tenía que importarse. Mientras no tengatwfs una producción original en nuestra tarea científica como colectividad, tendremos que someternos, queramos o no, a esa llamada que ílega de fuera. Hay que crear aquí, dentro de nuestras fronteras: y solamente así lo creado irá bautizado en español. Cuando volvemos la vista atrás, nos encontramos con situaciones muy parecidas a la actual. Es curioso que la gran invasión de galicismos a través del Camino de Santiago disfrute de una gran cohesión. Se refieren a aquellas cosas, hábitos, etcétera, que no eran fácilmente encontrables en el meollo de la vida española, absorta entre cielo y tierra, sociedad que vive en mantenida cruzada. Una colectividad que vive para la guerra, y guerra santa, tenía que importar palabras como sen sentido mesón, jardín, no digamos jamón, que llegaba sin el prejuicio religioso fundamental para el cristiano peninsu- lejos del ofís moderno. Pero no hay que desmelenarse. De todo este barullo, algo quePor Alonso ZAMORA VICENTE dará en la lengua gede la Real Academia Española neral. Todos hoy deseamos un chalé para vivir, hay quien se pilar, vergel, palafrén caballo lujosamente enj a e z a d o Deleite y manjar son bien rra por andar con el esmoquin colocado a representativos. Otros serían, por ejemplo, todas horas, hablamos sin darnos cuenta de orage, gañán, adobar, desdén, solaz... En el trailer... Todos pertenecemos a un determinasiglo XVIII, un hombre atento a su contorno, do staff... Ya Unamuno nos decía que meter palabras nuevas, haya o no otras que las Feijoo, se ve obligado a emplear numerosas reemplacen, es meter nuevos matices de voces nuevas, y como él todos los escritores ideas Revolucionar la lengua es la más de su tiempo. Pues todas esas voces, hoy incorporadas a la lengua general, pertenecen a honda revolución que puede hacerse. Sin ella, la revolución en las ideas no es más que formas de vida que no tenían hueco en la esaparente. Ensayos) Naturalmente, esa retructura de los Austrias caducos: modista, por ejemplo. Los innumerables nombres de los volución no se dará en una actitud simplemente boquiabierta. No saldrá gran cosa de tejidos, satén, batista, tisú, o de las prendas, chaqueta, pantalón, corsé. En la estructura la audición repetida, por parte de gentes que del ejército, de la industria, etcétera, también están ya hechas a una forma rural de vida, entran los galicismos a raudales: hoy no los de las emisiones de actos deportivos, con su reconocemos, tan patrimoniales se han vuel- lenguaje ininteligible y pedantesco. to. En el siglo XIX se repite la invasión, esta Pero armar griterío por la simple entrada vez a través de instituciones políticas, hábitos de voces que no tienen su equivalente en la de convivencia y de administración. La amlengua patrimonial no pasa de ser un vano pliación de las negociaciones comerciales, el pasatiempo. Lo primero que debemos pensar trazado de los ferrocarriles, etcétera, aumenta es cuál es la causa que tolera esa penetrala incorporación de voces extrañas. Nadie se ción. Y, después, qué vamos a hacer con lamenta hoy por ello. En el cruce de los siella. Creo que no ha habido mayor invasión, glos XIX y XX, el modernismo, fundamentalauténtica inundación, de léxico y de formas mente cosmopolita, se llenó de giros, voces y de vida, que la italiana en los siglos XV, XVI hasta de espíritu francés. Frente a la chabay XVII. Incluso Juan de Valdés, tan conocecanería, el horizonte monótono de Núñez de dor y amante de la lengua viva popular, preArce o de Campoamor, surge la voz de Rufería en ocasiones alguna voz italiana. La voz bén Darío, atestada de conciencia nueva. nueva era necesaria, y traía consigo realida ¿Quién se atrevería a comentar hoy a Rubén des las formas poéticas, por ejemplo: soneto, desde ese ángulo? Y, sin embargo, existen terceto, madrigal, estrambote, balada, estanmuy sesudos trabajos que han dedicado larcia, bufón, comediante, protagonista, saltimgas horas a poner en claro esa actitud. Tan banqui, jornada teatral Y con esos térmihondo y compenetrado puede estar Rubén nos estuvo funcionando, para asombro de con esta actitud que llegará a afirmaciones todo el mundo conocido, la literatura españoexageradas: Demuestran más encantos y la. Pasma la abundancia de términos musicaperfidias coronadas de flores y desnules incorporados: dúo, alto, contralto, bajo, das, las diosas de Clodion que las de F ¡soprano, tenor, mordente, pavana, fuga, batudias. Unas cantan francés, otras son muta, aria... Y así en las artes todas. Y en la nadas texto que revela la sobrevaloración que vegación: chusma, esquife, bergantín, fragavengo señalando. Nuestro Valle- lnclán no ta, mesana, crujía, brújula, piloto, dársena, está libre del pecadillo Tenemos hoy una zarpar... Pues bien, con todos esos préstagran obra crítica sobre Valle- lnclán: Casi nunmos, la vida española creó todo un mundo ca se habla de su galicismo interior, a veces musical que aún proporciona horas de brillo: muy visible. los nombres de Guerrero, Morales, Vitoria, Cabezón, Milán, etcétera, son buena prueba. Puede parecer que estoy de parte de las Y las naves españolas, con su carga de léxiinnovaciones, sin restricción alguna. No, en co extraño, llevaron las. formas de vida euroabsoluto. Estoy a favor de la innovación fruc- pea por los mares desconocidos Por mares tífera, provechosa. Ni siquiera comparto la de antes nunca navegados dirá Camoens) idea, muy generalizada, de la vuelta a la voz ¿Quién puede hoy sospechar que Tierra firpatrimonial que equivalga a la invasora. No me, expresión tan llena de sentido en esos suele existir esa voz. Suena lo mismo, sí; su siglos capitales, era ¡talianismo? realización fonética es igual, pero su contenido varía, se llena de un sentido que, como es No, no hablemos de lenguas pobres o ricas, muy natural, no existía en el contexto social sino de hablantes con tales o cuales condicioen que la voz tradicional fue creciendo. Ha nes. ¿Sabremos hacer algo nuevo y distinto servido para la defensa momentánea, como con los anglicismos que nos llegan? Contra lo en azafata, o liberal. Pero ya no sé bien que protesto y protestaré siempre es contra la cómo podríamos defendernos erítxeburócrata actitud beatona del semiculto engreído que, y covachuelista, entre bóveda y túnel. ¿Quién por el hecho de salpicar su charla hueca de se atrevería hoy a sustituir jol por zaguán, repalabras extranjeras, por hablarnos de su piso cibimiento o vestíbulo? Ya no son lo mismo. con o sin estanding de refregamos por las La Humanidad que se mueve en un jol se narices el marketing a todas horas, o abrumarsentiría denigrada al tener que vivir en una nos con su conocimiento del software, se cree casa con zaguán, oloroso a retama y campo superior, con carné de identidad expedido por de pan llevar. Una vieja cocina tradicional es- las altas autoridades celestiales y poco menos pañola, con su escaño, su campana y sus que con inalienable derecho, para él y sus alacenas, grandes troncos de encina ardien- descendientes, a figurar en los sucesivos Sudo, con la lectura familiar en alta voz de pe- plementos de las Enciclopedias más al uso. riódicos, pliegos de cordel, etcétera, está muy Bueno, con su pan se lo coma. VOCES NUEVAS