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30 mayo- 1987 ABC fíTcrarío ABC XIII Baynes, K. Bohman, J. y McCarthy, T. -After Philosophy. End or Transformation. MIT Press (Cambridge and London, 1987) 488 páginas. 14,95 -Pensamiento y ciencias sociales ¿Muerte o transformación El pensamiento político del siglo XX Francote Chátelet y E. Pisier- Kouchner, Las concepciones políticas del siglo XX. Historia del de la Filosofía? pensamiento político. Editorial Espasa Calpe (Madrid, 1986) 646 páginas, 3.180 pesetas E STA antología de filosofía contemporánea muestra claramente que la filosofía está lejos de morir. El interés por planteamientos filosóficos y la voluntad de lograr respuestas radicales de algún tipo sigue tan vivo hoy como en cualquier momento del pasado. T ENEMOS la impresión de vivir tiempos de una creciente aceleración histórica. Si podemos dudar de que la vida humana haya subido de nivel o haya mejorado espiritualmente, no parece posible negar que sufra transformaciones vertiginosas. Esta impresión puede remontarse al menos al comienzo del siglo actual. Estas profundas transformaciones tienen sus repercusiones en La muerte de la Filosofía no equivale a la conciencia de la dificultad de establecer verdades últimas o definitivas que reflejan estas páginas. Por el contrario, comportaría más bien la ciega entrega del dogma o a la convención, la inconsciencia o incluso la recreación decadente en las formas o en los detalles. La selección realizada en esta obra resulta más que aceptable en su carácter tópico al incluir textos bien elegidos de algunos de los autores más leídos del momento: Apel, Blumenberg, Derrida, Foucault, Gadamer, Hubermas, Lyotard, Putnam, Ricoeur y Rorty, y en última instancia es claro reflejo del interés vivo por la especulación de nuestro tiempo. El acierto de los editores ha consistido en subrayar la convergencia y unidad de las tradiciones filosóficas que durante tanto tiempo se han mantenido alejadas. Siguen los pasos de Rorty al insistir en la existencia de cierta coincidencia de preocupaciones y puntos de referencia en el mundo anglosajón y continental. Desde este puntó de vista estimamos más esta antotogía que la de Bontempo de 1975, que conoce el lector español en 1979, o la de Lübbe de 1978, a pesar del interés de ambas. Ciertamente, este posible diálogo se funda en la conciencia de la dificultad de establecer de manera definitiva conocimiento alguno y un esfuerzo común por asumir de manera fecunda dicha limitación de la razón humana. Pero también coinciden de una forma positiva Wirtgenstein, y hasta cierto punto Heijjegger, como clásicos de nuestro momento y laTSgnciencia de la importancia del lenguaje, han contribuido no poco a establecer este ámbito común. En rigor, una transformación de la Filosofía es inevitable al estftr inscrita ésta dentro de la evolución de nuest cultura. El tiempo no se detiene, y nada por ello puede seguir igual. Pero cuando se emplea la palabra transformación se apunta a un cambio particularmente profundo y definitivo, y aquí nuestro juicio no puede ser tan categórico. La crisis de la Filosofía, por ejemplo, puede llevar a cuestionar la valoración de lo lingüístico, desde la cual se ha formulado, y en ese caso la Historia se convertiría, una vez más, río sólo en el, relato del cambio, sino en el cauce del recuerdo y la presencia viva del pasado que nos puede orientar. Jaime DE SALAS el campo de la política. Ahora bien, las acciones políticas dependen de sistemas de ¡deas que constituyen su impulso y su justificación, contra toda interpretación puramente materialista. El excelente manual de Chastelet, en colaboración con Pisier- Kouchner, verdadera historia del pensamiento político del siglo XX, si bien no al modo convencional, constituye un acertado panorama de estos sistemas de ideas Los autores, rechazando explícitamente el modelo de análisis marxista, consideran como objeto temático la concepción política que constituye una concepción de la realidad que sitúa en el centro de su investigación el problema de lo político, cuyo núcleo esencial se manifiesta en el Estado, que se convierte así en el eje de la exposición. La tipología de las formas del Estado contemporáneo que ofrecen es interesante y original. Distinguen cuatro: el Estado Gestor, el Estado Partido, el Estado Nación y el Estado Sabio. El Estado Gestor es el tipo de Estado dominante en el primer decenio del siglo XX y característico de los países dirigentes del bloque occidental. Puede ser calificado como liberal y se caracteriza por el humanismo, el pluralismo político y el reformismo. En él se incluyen las concepciones cristianas, el radicalismo republicano, la sociáldemocracia, ciertas formas del pacifismo y de las teorías de los derechos humanos, el liberalismo, las teorías críticas de la democracia de masas, las voces que proclaman la despolitización y el fin de las ideologías, las concepciones intervencionistas del Estado del bienestar y ciertas formas del sindicalismo corporativista. Su denominador común es la defensa de la democracia liberal. r ¡O J El Estado Partido comprende las concepciones políticas del socialismo marxista, centradas en la crítica del Estado burgués como sistema de dominación política y de explotación económica y la génesis del Estado socialista, en la que destaca la contradicción entre la tesis del reforzamiento del Estado y la de la desaparición del mismo, a través de las principales corrientes del marxismo de este siglo. El Estado Nación incluye los imperialismos con sus diferentes modalidades de expansión colonial, las teorías del Estado total del nacional- socialismo y del fascismo, el socialimperialismo soviético, el nuevo imperialismo nacido del reparto del mundo entre las superpotencias y la constitución como Estados de los pueblos del Tercer Mundo librados del colonialismo. La idea del Estado Sabio aparece difusa en todos los Estados contemporáneos e implica que el saber científico y técnico y sus aplicaciones industriales constituyen la guía del buen gobierno, es decir, la unión entre el saber y el poder, la entrada masiva de la ciencia y sus modelos en el seno mismo del Estado. A pesar de la instauración de la Razón experimental se mantienen las pretensiones de la Razón clásica de determinar la correcta organización social como lo atestiguan, por ejemplo, las obras de Eric Weil o Kelsen. A continuación son estudiados Pareto, Weber y Aron como ilustres intentos por comprender la naturaleza de lo político desde el campo de la sociología, para finalizar con el análisis de autores que constatan la existencia del Estado Sabio y definen su funcionamiento (Galbraith, Dahl, Parsons, Deutsch y Easton) o adoptan una actitud critica o de denuncia (Escuela de Francfort) Estos análisis desembocan en el cuestionamiento del Estado contemporáneo, última parte del libro, en la que se examinan el totalitarismo, caracterizado por la identificación entre el Estado y la sociedad y el antiliberalismo, y que sufre una demoledora crítica por su barbarie, y los problemas de la historia, de (poder y del Estado a la luz de los debates del más reciente pensamiento francés, que concluye con la afirmación de que todas las concepciones políticas del siglo XX incrementan la ilusión de la necesidad del Estado, ya que sólo argumentan sobre sus fines y olvidan cuestionar su principio Aunque existan ciertas inevitables insuficiencias y omisiones (por ejemplo, en lo relativo al anarquismo, al neocontractualismo, a algunos pensadores liberales, al problema de la monarquía, y una excesiva atención al pensamiento francés, se trata de un brillante y apasionante recorrido por el pensamiento político de este siglo del que puede extraerse, entre otras, la enseñanza de que, sin olvidar sus injusticias e insuficiencias, la esperanza reside en el perfeccionamiento el sistema político occidental, es decir, de la democracia liberal, si bien no debe olvidarse; qué ella por sí sola no garantiza el progreso material y espiritual de los pueblos. Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA