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44 ABC SAN ISIDRO 1987 Decimoquinta corrida de la feria de San Isidro SÁBADO 30- 5- 87 También las promesas llenaron la plaza Los astados de la ganadería salmantina de Barcia! salieron muy encastados Recuerdo la alegría que me producía que mi padre me anunciara que el domingo íbamos a ir a los novillos. Todavía no había inventado don Livinio la feria de San Isidro. El caso era ir a la plaza, aunque fuera una nocturna, porque para nosotros representaba todo un acontecimiento. Los tiempos cambian. Hoy mis hijos, a los que compro sus tarjetas de menores de diecinueve años, se dejan atrás las novilladas y hasta no pocas corridas de San Isidro. Siempre tienen que estudiar menos los días en que actúan los nombres más sonoros. Lo mismito que ese señor que sólo iba a los toros a ver a Manolete, después, a Aparicio y Litri, y más tarde a El Cordobés. Ya he explicado alguna vez mi teoría sobre el cazador de acontecimientos. El que sólo va a una, a la corrida del siglo o a ver el RealMadrid contra el Barcelona, o al concierto que patrocina la Reina Doña Sofía, que lo pague. Al buen aficionado no le falta jamás su entrada, porque siempre ha tenido buen cuidado en agenciarse a su debido tiempo el correspondiente abono. Sin embargo, ese señor que manda al chófer a la calle de la Victoria, mientras almuerza tranquilamente en un restaurante de cinco tenedores, encargándole que saque el mismo día de la corrida cinco tendidos bajos, buenos, del 9 o del 10, pues que lo pague por considerarse más listo que todos los aficionados juntos. Ustedes van a todas, yo sólo a la buena Yo veo a Espartaco, y ustedes se tragan hasta las novilladas. Pues a pagarlo, amigo, y no venga después protestando de la reventa. Es el precio que se abona por un farol, que luego apaga el revendedor profesional o el parado que se ha tirado un par de noches sin dormir frente a la taquilla para ganarse unos duros. Para la novillada de ayer no había apreturas, aunque el coso registrara un entradón, porque cada vez son más los que se dan cuenta del interés que tiene contemplar la apasionante incógnita del que empieza. Al aficionado le gusta descubrir nuevos valores. La mayoría se quedan en la estacada, porque esto del toreo es muy difícil, porque si fuera fácil no habría mineros en las minas ni albañiles en los andamies que también se juegan la vida, pero lo que sucede es que ponerse delante de un toro da muenómás miedo. Conozco más de un albañil que fue torero fracasado. Pero no conozco un solo minero que haya salido por la puerta grande de las Ventas. Tomen nota los animalistas demagógicos, qué suelen sacar el tema de los admirables mineros para ridiculizar a los toreros. Y es que cada cual tiene su mérito, pero el torero más, siempre mucho más, de ahí la diferencia de salarios. Ficha de la corrida Plaza Monumental de las Ventas. Decimoquinta corrida de la feria de San Isidro. Lleno. Seis novillos de Barcial, muy bien presentados, temperamentales, con abundante genio y serias dificultades para los novilleros. Se dejaron torear segundo y cuarto. Raúl Galindo, de azul y oro. Pinchazo y media estocada (silencio) En el cuarto, estocada (pitos) Rui Bento Vázquez, de azul marino y oro. Pinchazo y media estocada (ovación) En el quinto, dos pinchazos y estocada (ovación) Juan Cuéllar, de grana y oro. Dos pinchazos y estocada (palmas) En el sexto, gran es: tocada (Ovación) Indecisión Sin embargo, con la izquierda logró un par de series pletóricas de autenticidad. No movió los pies. Corrió la mano con buen gusto. Con la derecha bajó el tono de la faena. El novillo había perdido gas. A continuación, vendría una impresionante colada. No se afligió el lusitano e instrumentó tres naturales más. El novillo acabó con la boca cerrada, sin entregarse. Mató de pinchazo y media estocada. Escuchó una fuerte ovación. Con el capote dice muy poco Rui Bento Vázquez. Sin embargo, con las banderillas en su segundo toro formó un verdadero alboroto el portugués, especialmente en dos pares de banderillas a topacarnero. El joven diestro lusitano arrancaba con enorme violencia de frente. Para pararse de golpe. El toro se le venía como un tren. Cuando parecía que iba a poner un par al quiebro, sacaba el pie, cambiaba el viaje y hacía un espectacular giro para quedar enfrentado a la res y clavar de frente. Le salió el primero. Pero el novillo, como era muy ágil de cuello, se dio cuenta en el tercero y le ganó la acción. Le cogió de muy mala manera, buscándole en el suelo. Insipidona transcurrió la lidia del primer novillo, un cobaledita precioso como aquellos que exigían las figuras de los años cincuenta. Algo saben de eso Aparicio, Manolo Vázquez, Pedrés, Jumillano, el pobre Chicuelo II, que era un auténtico especialista en córtales fas orejas a base de espaldinas... El novillo de Barcial anduvo proboncete, parado y sin emplearse. Raúl Galindo no se confió lo más mínimo. Hizo como que quería, pero lo cierto es que no estaba dispuesto a dejarse dar la voltereta. Mató de pinchazo y media estocada. El público no se pronunció. Raúl Galindo se estiró con el cuarto en algunos muletazos con la mano derecha en dos series en las que hubo algunos pases de buena factura, entre otros muchos deslucidos. Predominó la indecisión del torero. No se acopló con la zurda. El novillo, que era muy bonito, muy serio, un torito, bien armado y astifino, fue imponiendo su temperamento. Estaba muy lejos de la borrega al uso. Raúl no consiguió lucirse ni redondear faena. Sólo destellos, tal o cual pincelada, pero le falló la decisión. El público acabó enfadándose. El novillo desarrolló sentido al final. Mató de una buena estocada. Muchos aplaudieron al toro en el arrastre, mientras se dividían las opiniones con eljoven Galindo. Valiente De todo el primer tercio del segundo novillo de la tarde lo mejor fueron unas apretadas chicuelinas, ceñidísimas, del portugués Rui Bento Vázquez, que arrancó la primera ovación fuerte de la tarde. Sin embargo, con las banderillas protagonizó un tercio de grandes saltos, que hacen que no iguale los palos y no le salgan las reuniones como es debido. Juan Cuéltar en su faena al sexto Del primer tiempo del par a topa carnero de Raúl Bento Vázquez