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ABC, pág. 26- TRIBUNA ABIERTA SÁBADO 30- 5- 87 P ARA conmemorar una efeméride, J Miguel Ullán me pide que le redacte en pocas líneas el primer recuerdo de mi vida. Este es un juego frecuente en las secciones literarias de los periódicos, de cuyos resultados raramente podemos fiarnos. Yo tengo una memoria reciente de mi infancia, pero no larga, y si algunos vestigios quedan de la época más remota, sus límites son difusos y carecen de cohesión. No obstante, le he complacido relatándole algo que desde mi juventud me he obstinado en considerar como recuerdo propio, aunque lo más probable es qué provenga de informaciones ajenas, cuando no de ese mismo episodio referido a alguno de mis hermanos menores: el día que me arranqué a andar, el momento en que di mis primeros pasos. Un hombre de memoria corta como soy yo no es admisible que recuerde una anécdota que por fuerza hay que atribuir a los primeros doce o catorce meses de vida. Sin embargo, dentro de una nebulosa general, yo veo el rincón de la casa donde fui depositado aquel día, siento la inseguridad propia del niño que hasta ese momento únicamente se ha movido a gatas y, por último, experimento el tirón que ejerció sobre mí el hecho de ver mi juguete preferido- u n muñeco de peluche- agitado por una mano ajena. Es decir, el móvil de mis primeros pasos, según este recuerdo, parece ser una afectuosa inclinación hacia un muñeco EL PRIMER RECUERDO SEMANA MADRILEÑA DEL tener la pechuga desplumada, o la caída en una alcantarilla que rebozó mis pierPor Miguel DELIBES nas de un barro inmundo. ¿Qué edad junto a la decidida voluntad de reivindicarlo, tendría yo entonces? ¿Dos años? ¿Tres? dos razones que se ajustan fielmente a la ¿Cuatro tal vez? Pero ¿cómo establecer endualidad sentimental y egoísta que subyace tre estos recuerdos una relación? Todos en todo ser humano y con mayor motivo en ellos, desvelados por una musiquita que he el niño. vuelto a olvidar, son anteriores, sin duda, a Esto del pozo de los recuerdos tiene un pa- los de las Carmelitas (al emparrado del parentesco evidente con el mundo tio donde jugábamos, los confide los sueños. Hace algún tiemtes de la hermana Remedios o po me dio la manía de dormir el lunar de la hermana Luciana) con un cuaderno y un lapicero pero no me es posible datarlos en la mesilla de noche, con objecon alguna aproximación, ni sito de escribir, nada más desperquiera ordenarlos cronológicatarme pero antes de desconectar mente. del todo mi mente del mundo Por eso he preferido relatarle onírico, la historia ensoñada. En a Ullán mi recuerdo del día en aquella época yo estaba leyendo que me arranqué a andar. Tal a Freud con verdadera pasión y recuerdo puede resultar apócrifo, aspiraba a confirmar personales cierto, pero dudo que alguien mente sus teorías sobre los suepueda presentar otro más antiños como realización de deseos. guo. Por más que Pacífico PéEntonces advertí que, al desperrez, protagonista de mi novela tar totalmente, el núcleo del sue Las guerras de nuestros anteño perduraba, pero para recupeMiguel Delibes pasados se acordase del día rar pormenores significativos tede la Real Academia que nació, de la manipulación de nía que apelar al cuaderno. Es Española la comadrona en el cuerpo de su decir, en la vigilia los sueños se madre y de su resistencia- muy van desvaneciendo como el humo, algo que comprensible- a poner los pies en este munsuele acontecer también con los recuerdos a medida que los años transcurren. Dos hijos do tan escasamente complaciente. míos se quemaron gravemente en su primera infancia y la menor recordó el episodio durante años, pero, en un momento dado, lo olvidó y su recuerdo pasó a ser una historia que la contábamos nosotros, los mayores. Sus esfuerzos por rescatarlo no sirvieron de nada, porque tratar de abrir una grieta en la niebla de nuestro pasado es algo tan quimérico como determinar el instante en que la noche sucede al día. LA N U E m COLECCIÓN DE NARRATIVA DE MQMDADQRI KMNJWH ANTICUARIO Veinte anticuarios de toda España, a su disposición toda esta semana Permaneceremos abiertos de 11 de la mañana a 2 2 horas, en la calle Juan Hurtado de Mendoza, 4 edificio del Rastrillo) A menudo he mencionado como recuerdo más antiguo de mi vida el colegio de las Carmelitas, donde me eduqué en mis primeros años: el patio con su pérgola y los emparrados de las puertas, los confites de la hermana Remedios, el lunar detonante en la piel clorótica de la hermana Luciana. Pero esto no deja de ser una cómoda postura para ahorrarme el buceo en las tinieblas del ayer, actitud que, de no contar con ciertos estímulos, es casi siempre infructuosa, ya que el mecanismo de la memoria únicamente suele ponerse en marcha al conjuro de una sensación que un día experimentamos, pero que, por pitos o por flautas, hemos tardado en sentir otra vez. Esto le ocurrió a Proust con su famosa magdalena, y más o menos, en cierta medida, nos ha ocurrido a todos. Un lejano período de mi vida (mis veraneos en MolledoPortolín, anteriores a los cuatro o cinco años) afloró un día, en cuatro fugaces instantáneas, al oír tararear una vieja y olvidada canción. Al escucharla, una zona oscura de mi memoria se iluminó y surgió un repertorio de anécdotas a las que nunca había tenido acceso, pese a conservar fotografías de la época. Aquella musiquita suscitó en mí recuerdos remotos, como el de mi tío Luis- hermano de mi padre- propinándome unos azotes en lugar de unas caricias al ser atropellado por una bicicleta, o mi sañuda persecución contra un pobre pollo tomatero por el único delito de VI 5 T Dfcl AMANECER EN EL TRÓPICO MONDADORI Narrativa MOVILAUTO ES OPEL. Bravo Murillo, 36. Tel. 44662 50 Bravo Murillo, 63. Tel. 254 9 9 6 8 MOQUETAS y ALFOMBRAS F E L P U D O S C Bravo Murillo, 105 Teléfono 233 21 80