Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
SÁBADO 30- 5- 87 OPINIÓN ZIGZAG El recuadro La paz soviética Con la concesión del Premio Lenin de la Paz al ministro de Asuntos Exteriores de Nicaragua, el sacerdote Miguel DÉscoto, el Kremlin ha ofrecido una elocuente lección de qué entiende por ese término. Como es bien conocido, Miguel DÉscoto es miembro de un Gobierno que se encuentra en guerra. Y, al mismo tiempo y a pesar de la suspensión a divinis el señor DÉscoto sigue siendo ministro de la Iglesia Católica, contra la que también libra una singular guerra desde su incorporación a! directorio sandinista en 1979, contraviniendo todas las normas de su condición clerical. A B C 17 Justa sanción La Consejería de Educación del Gobierno vasco ha advertido que rescindirá la subvención al colegio religioso María Goretti, de Durango (Vizcaya) por la negativa del centro a readmitir al niño Israel Pagalday, portador de anticuerpos del SIDA, hijo de una heroinómana fallecida a causa de la misma enfermedad, y que fue expulsado el pasado día 7 de enero. La Administración había venido exigiendo la readmisión del niño, de acuerdo con los informes sanitarios del propio Gobierno vasco, que señalaban que el niño no sufría enfermedad alguna y que su escolarización no representaba ningún riesgo de contagio, y había ofrecido incluso un plan especial de integración del niño, siempre a condición de que el colegio garantizara su reingreso. Nos parece una decisión muy justa, que abonan argumentos de tipo científico. UNA SEVILLANA RA- y e s- un callejón moruno en una Sevilla romántica, callejón de postigos y portalones de cocheras, que llevaba- y llevadesde las altas palmeras coloniales de la plaza de la Gavidia al silencio señorial de los patios de la calle de las Palmas. Le llamaron Callejón de Baena hasta que Sevilla subió a los altares, por su cuenta, al padre Tarín, y a él se lo dedicaron a su muerte en olor de milagro y santa misión. El Callejón del Padre Tarín forma parte de la desconocida Sevilla que no sale en las películas, que no retratan los turistas, pero que está viva en el alma de la gente. Callejón de adoquines de Gerena y de cal de Morón, de ventanas y celosías, tiene algo de media verónica que rematara ese abrirse de capa del urbanismo medieval que es la calle de las Siete Revueltas. Y allí, en aquel caliejoncito, hace de esto ya muchos años, tenía su casa morada un gran señor de Sevilla, hombre temeroso de Dios y leal al trono, que a honra tenía ser vecino, como aquel que dice, de un Infante de España. Pues era a la sazón capitán general de la Andalucía el serenísimo señor don Carlos de Borbón, y allí cerca vivía, en la Gavidia, en el palacete que dejó Polavieja como quien dejara un puesto de mando que no hubiera encontrado sitio en el barco para ser embarcado para la guerra contra los mambises en la manigua. Todas las mañanas, por el Callejón del Padre Tarín, pasaba, llano y saludable, el Infante Don Garlos, a cuerpo gentil, como lo que Sevilla sabía que era: como un sevillano cabal. Iba de Capitanía a la calle de las Palmas, de la Gavidia a! colegio de las Madres Irlandesas a dejar a su hija y, buen sevillano, cortaba por estos callejones de rejas y celosías, de postigos y calles con geranios de la primavera. Llevaba Don Carlos de la mano a una niña, alta para su edad, rubia por su cuna, que claros los ojos tenía y que en sus andares recordaba la rama de los Orleáns, aquella garza y amazona de la marisma manriqueña, que era la condesa de París. No pasaba un Infante E Filantropía sospechosa Aunque adopte forma de folleto destinado a la información, el impreso de la Cruz Roja sobre sexualidad puede calificarse de panfleto y está trazado en forma similar a la que entidades municipales habían publicado recientemente. La Cruz Roja sostiene que sólo pretende informar, pero la realidad es que el tratamiento que da a las relaciones sexuales y a la sexualidad en sí misma resulta una invitación paladina- s i se lee con ojos limpios y sosegados- a un ejercicio de la misma que, sea onánicamente o no, en absoluto supone, una colaboración moral a la formación juvenil. Y al decirlo tenemos en cuenta el pensar de una inmensa multi- tud de padres de familia que desean para sus hijos una vida en que el sexo desempeñe la función normal, pero sin convertirse en una obsesión ilimitada. Además, tales campañas no pueden contar con ningún apoyo científico fidedigno. No hay psicología ni medicina de reconocida autoridad que a ellas puedan prestar sólido fundamento. OVIDIO Campaña laborista El líder laborista inglés, Neil Kinnock, ha hecho recaer el peso de su campaña electoral en presentar un Reino Unido sin armas nucleares y con un considerable rearme convencional: más blindados, más aviones, más barcos, más fusiles, más hombres. Los conservadores le critican que pretenda hacer frente con una guerra de guerrillas a un posible ataque realizado con misiles de doble cabeza nuclear, capaces de destruir a toda Irlanda en cuestión de segundos. Y basan su crítica en que, a pesar de la buena marcha de las conversaciones de desarme, la realidad es que los misiles nucleares rusos y americanos siguen ahí tan disuasores como amenazantes. Es un engaño, dicen, basar una campaña en un acuerdo que aún no se sabe si se producirá y en qué condiciones para Gran Bretaña. Aplastante lógica. de España ni pasaba una Infantita, a la que María de las Mercedes llamaban, como en el romance de su tía abuela, dalia del parque de los Montpensier. Pasaban dos sevillanos. Y todas las mañanas, en una ventana del Callejón del Padre Tarín, aquel otro sevillano temoroso de Dios y leal al trono esperaba con los suyos el paso de los Infantes camino de las Irlandesas. Y por el zócalo de azulejos resonaba el taconazo, y entre las maderas de la celosía se quedaba prendada la dulzura de la manita de la menor de sus hijas, que adiós a la Infantita de su misma edad decía. Pasó el tiempo, quedaron lejos, en una vida de entregas y renuncias, aquellos años sevillanos de la Infantita, de la hija de! que todavía sigue siendo en la ciudad el Infante Don Carlos. Aquella Infantita madre es hoy de un Rey y augusta esposa del mayor patriota que en España mora. Aquella Infantita es hoy la Reina Madre, que la otra mañana, cuando iba a Madrid en su silla de ruedas por el pasillo de un hospital, oyó una voz antigua de celosía y arriato, que a sus espaldas decía: ¡Viva la Infantita! -Para- dijo Doña María a quien la acompañaba- que eso no lo dice más que una sevillana... Y así fue. Que aquella señora tan señora que a besarle la mano se acercó hincando la rodilla en la tradición de lealtad que de sus padres había aprendido, le dijo: -Y o soy, Señora, la niña que todas las mañanas, cuando el Infante Don Carlos la llevaba a las Irlandesas, le decía adiós a Su Majestad desde la ventanita del Callejón del Padre Tarín... Y en los ojos de Doña María, que azules son, o grises, como el cielo de su ciudad, cayó un chaparroncillo de emoción. Un chaparroncillo de nada. Porque en esos ojos está siempre el azul feliz del cielo de Sevilla, con el fernardino lema de la Virgen de los Reyes: Per me Reges regnant Antonio BURGOS