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EDITADO PRENSA POR ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 30 DE MAYO DE 1987 ABC LA VIDA que fue de enorme trascendencia biológica y médica. Existe una numerosa clase de virus altamente patógenos, que poseen transcriptasa reversa, los llamados retrovirus. Muchos de ellos son oncogénicos (es decir, carcinogénicos) en animales y algunos en el hombre. Su material genético es RNA. La adición más reciente al grupo de los retrovirus ha sido la del VIH, el virus causante del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) de notoria y sombría popularidad. Cuando un retrovirus penetra en una célula y libera su RNA y su transcriptasa reversa, el RNA sirve de guión para la formación de un DNA que posee la información genética de aquél y se inserta al material genético, es decir, al DNA, de uno de los cromosomas de la célula huésped. Esta inserción promueve, de manera aún poco conocida, la activación de determinados genes celulares, llamados protooncogenes, en oncogenes. Estos son, por lo menos en parte, responsables de la transformación cancerosa de las células infectadas, que, en lo sucesivo, producirán siempre una progenie de células cancerosas. A nuestros compatriotas en Estados Unidos Mariano Barbacid, Manuel Perucho, Ángel Pellicer, Eugenio Santos y otros se debe, en gran parte, nuestro actual conocimiento sobre el papel que estos genes juegan en la génesis del cáncer. Pero me he desviado un poco de mi propósito de discurrir sobre la vida para considerar algunos avances de la moderna genética molecular que nos adentran no poco en el conocimiento de la misma. Algo que es muy característico de la vida es lo que podíamos llamar su dinamismo. Todo se encuentra en constante estado de flujo. Las diversas células de un organismo, con la excepción de las neuronas o células nerviosas, mueren y se regeneran a plazos más bien cortos. Por ejemplo, los glóbulos rojos, que contienen la hemoglobina, el pigmento sanguíneo que transporta el oxígeno a nuestros tejidos, se renuevan cada pocas semanas. El mareaje de las proteínas, grasas y carbohidratos en la rata con isótopos radiactivos permitió a Rudolf Schoenheimer descubrir, al comienzo de los años cuaren- REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 2800 6- MADRID FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA A Enciclopedia Británica (decimoquinta e d i ción, 1943- 1973) en su sección resumida (Micropedia) dice de la vida que es un fenómeno casi imposible de definir o explicar en sus múltiples aspectos En su sección detallada (Macropedia) presenta nada menos que cuatro definiciones, a las que denomina fisiológica, metabólica, bioquímica y genética, respectivamente. Después de manifestar que no se trata en realidad de definiciones, sino de una exposición de las características de los seres vivos, examinadas desde diferentes puntos de vista, yo me inclinaría a dejar de lado la primera definición, quedándome con las otras tres. Y me quedo con las otras tres en su integridad, pues no son, a mi modo de ver, separables. Con la definición de la vida he tenido que enfrentarme durante muchos años al impartir la primera clase de bioquímica a los estudiantes de Medicina de la New York University. Los aspectos en que puse mayor énfasis fueron cambiando paulatinamente hasta que llegué a considerar la propagación y evolución de las especies, es decir, la herencia y sus modificaciones accidentales, como la propiedad más característica de los seres vivos, de los organismos unicelulares más simples a los multicelulares más complejos, como el hombre. Esta propiedad la encontramos ya en los virus, en los que no podemos pensar como seres vivientes, pero que yo me inclino a considerar como frontera de la vida. Hace ya bastantes años di en varias ocasiones una conferencia que titulaba Los virus, frontera de la vida y clave de alguno de sus secretos creo que la impartí por vez primera en el Ateneo de Madrid al comienzo de los años sesenta. L La diversidad y la variación en el grado de complejidad de los virus es inmensa, desde los que consisten tan sólo en el material genético (DNA o RNA) envuelto en una cápsula proteica a los que contienen maquinaria enzimática especializada para su multiplicación e incluso dispositivos para inhibir la multiplicación de las células que infectan. El grado de sofisticación de algunos virus llega al punto de invertir la primera etapa, DNA- -RNA, en el curso normal de expresión de la información genética (DNA- R N A proteína) que Francis Crick llamó el dogma de la biología molecular, convirtiéndolo en RNA- -DNA, es decir, in virtiéndolo. La formación del RNA, llamado mensajero, es promovida por un enzima, la RNA, polimerasa o transcriptasa (puesto que transcribe al RNA la información contenida en el DNA) capaz de copiar en forma de RNA la secuencia de bases del DNA, que le sirve de molde o guión en este proceso. La transcripción inversa RNA- DNA, es promovida por un enzima viral, descubierto por David Baltimore en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, al que denominó transcriptasa reversa. Este descubrimiento le valió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1975, y con razón, ya a. que dichos como u e s t o s e s t á n en constante estado de renovación, es decir, de destrucción y reconstrucción. Hoy sabemos que muchos enzimas, las proteínas que catalizan o promueven los millares de reacciones químicas que ocurren en todas las células de un organismo, se renuevan a tiempos muy diferentes; mientras unos tienen una vida corta, sólo de unos minutos, otros tienen una vida de varias horas. El significado de estas diferencias se nos escapa. Las células de un ser vivo no reposan jamás de este constante trasiego químico. Todos los seres vivos, incluso las células más simples, requieren energía, no sólo con fines mecánicos como la motilidad y el consiguiente desplazamiento, sino para formar a partir de compuestos más simples compuestos orgánicos complejos tales como los carbohidratos de elevado peso molecular (el almidón en las plantas, el glucógeno en los animales) o las grasas, que almacenan como reserva energética, y las proteínas y ácidos nutreicos que desempeñan otras funciones. La energía almacenada en esos productos se libera por así decir mediante su combustión; pero esa combustión no es instantánea como cuando calentamos un terrón de azúcar a elevada temperatura, sino que se realiza a través de una larga cadena de reacciones intermedias. Para poner un ejemplo, diré que la energía almacenada en la glucosa es utilizada por la célula mediante su degradación sucesiva a través de una veintena o más de reacciones individuales. Este proceso, que requiere oxígeno, conduce a la oxidación de la glucosa a anhídrido carbónico (CO 2) y agua (H 2O) Esa oxidación no llevaría de por sí a una liberación de energía utilizable por la célula si no fuese canalizada de una manera única, exclusiva de los seres vivos, hacia la formación de un compuesto conocido como ATP. Cuando el ATP se desdobla formando ADP y liberando fosfato inorgánico, libera a su vez unas 10.000 calorías de energía. Esta energía es la que los seres vivos utilizan exclusivamente para cubrir todos sus requerimientos energéticos. Se dice que el ATP es la divisa biológica, la moneda con que los seres vivos pagan sus deudas energéticas. Es quizá significativo que cuando el ATP pierde dos átomos de ácido fosfórico, liberando unas 20.000 calorías, se convierte en AMP, uno de los cuatro eslabones distintos que en elevado número constituyen las cadenas del RNA. Aún cuando he tenido que dejarme mucho en el tintero, creo que he podido dar una idea de la gran complejidad de las reacciones que son la base de la vida y de las propiedades de los seres vivos. Debo añadir que para la mayoría de los científicos, la vida es explicable en casi si no en su totalidad en términos de la física y la química. Eso no quiere, sin embargo, decir que sepamos lo que es la vida. ¿Lo sabremos jamás? Severo OCHOA CARRANZA, 25 I MADRID I