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LUNES 25- 5- 87 ESPECTÁCULOS ABC 97 John Ford, un director ensalzado, alabado y aplaudido, protagonista en la Filmoteca Se ofrecerán ochenta títulos de su vasta producción Madrid. Ángel Luis Inurria Un clásico de la historia del cine, ensalzado por cineastas, reverenciado por cinefilos, alabado por la crítica y aplaudido por el público, John Ford, será el protagonista durante este mes y los próximos de junio y julio de la programación en la Filmoteca Española. Unas ochenta películas, prácticamente la totalidad de las que le han sobrevivido y que le han colocado en el Olimpo cinematográfico, componen este extenso y completo ciclo. John Ford realizó casi un centenar y medio de películas (aproximadamente la mitad pertenecen a la época del cine mudo) de las que se conservan unos noventa títulos. Es ésta, por tanto, una oportunidad única de echar un amplio vistazo a una de las filmografías más extensas y brillantes de la historia del cine, así como de perfilar su personalidad como autor, que se encuentra reflejada en la ya célebre anécdota que protagonizó, aún en el cine mudo, cuando un productor le recriminó por llevar el rodaje retrasado y Ford cogió algunas de las páginas del guión no filmadas, las arrancó y así se puso al día. El cineasta norteamericano de origen irlandés nació el mismo año en que se realizaron las primeras proyecciones públicas del cinematógrafo (1883) en Cape Elizabeth, Maíne, y falleció en 1973 en California. Su último trabajo, que asombró a la crítica, fue Siete mujeres realizado en 1966, aunque cinco años después rodó un filme propagandístico para los servicios de información estadounidenses, titulado Vietnam, Vietnam y que está incluido en el presente ciclo. Su primer contacto con Hollywood fue como actor, en 1914, a las órdenes de su hermano, el director Francis Ford, un hombre que, según el propio Ford, dominaba la técnica y el lenguaje del cine, que en aquella época era totalmente subsidiaria de los hallazgos de Griffith. Casualmente, un día que llegaron al estudio unos ilustres visitantes, Ford fue encargado de realizar algunas demostraciones. Fue tan convincente que Cari Laemmle ordenó que le dieran un empleo de director, pues gritaba muy bien. En 1917 realizó su primer filme, firmado como Jack Ford, cambiando su nombre artístico por el de John a partir de 1923. Los primeros títulos pertenecían al western especialidad en la que Ford es considerado maestro, pero el cineasta ha tocado, y con éxito, todos los géneros; es maestro en cambiar todas las tonalidades en sus películas, donde el humor comparte la tragedia, y las peleas más espectaculares alternan con los sentimientos más humanos y profundos. Desde el principio hay temas que el maestro muestra en sus obras. La familia, la amistad, el sacrificio, el amor; todo dosificado. Mucho se ha hablado y escrito sobre el clasicismo y el modernismo del cineasta que inmortalizó en sus westerns el paisaje del Monument Valley, pero también de su presupuesto reaccionarismo. Baste recordar, sin entrar en polémica, que le echó una mano a Josep Leo Mankewicz durante la caza de brujas desencadenada por McCarthy, y que mucho antes de que la mala conciencia de Hollywood utilizara la figura de Custer, como referencia paralela al Vietnam, Ford dirigió en 1948 Fort Apaché (uno de tos títulos glorificadores de la caballería americana, junto a La Legión invencible y Río Grande donde se trasponía la derrota de Custer en Little Big Hom, y donde, al final la derrota se convertía en leyenda glorificadora. Años más tarde, Ford contaba otra leyenda en El hombre que mató a Liberty Valance pero descubriendo la verdad, volviendo a hacer uso del flash back desde otro punto de vista de la cámara, y bajo otra perspectiva moral. Este mismo filme modélico, presentaba también una curiosa secuencia, con James Stewart fregando los platos en la cocina de la taberna, donde la cámara ocupaba el lugar de la cuarta pared, ejemplificando una muestra de teatro cinematografiado, tema que hoy descubren en el cine actual los redactores de Cahiers du Cinema La armonía de los productos fordianos, es tan perfecta que disimula las capacidades técnicas del realizador, que aunque sin evidencias ostentosas, ganan, por su propia discrección, una mayor servidumbre y efectismo al contenido emotivo y argumental, aunque no por ello deben de olvidarse. El conocimiento y el dominio del- lenguaje cinematográfico, los aprendió Ford en el cine silente. Si no hubiera continuado su obra en el sonoro, probablemente, a pesar de sus célebres El caballo de hierro (1924) y Tres hombres malos (1926) no sería considerado hoy uno de los más grandes realizadores de la historia del cine. El realizador que con La diligencia (1939) puso los cimientos del western psicológico, prefería que fueran tos personajes quienes se movieran, y no la cámara, en cuya elección de encuadres poseía un dominio que sólo evidencian quienes trabajaron en el cine mudo. Su influencia en los guiones fue notoria en el silente, y al llegar el sonoro, mantuvo una feliz complicidad con el guionista Dudley Nichols, con quien además del revolucionario western anteriormente cinetado, colaboró en La patrulla perdida (1934) ejemplo de espacio exterior dramático, donde no se ve al enemigo; en El delator (1935) donde con la complicidad de un cámara de sus películas mudas, Joseph H. August, compuso una brumosa atmósfera expresivista, que es lo más recordable del filme; en Hombre intrépidos (1940) donde al igual que en la realización anterior del mismo año, Las uvas de la ira el cámara era Gregg Toland y también, por ejemplo en El forajido filme manierista y fallido, donde los picados y contrapicados harían muy feliz al operador Gabriel Figueroa, pero no a Ford, al menos al finalizar el rodaje. La riqueza de análisis y los matices de las realizaciones del maestro, son tan ricas como la generosidad con que Ford trataba a sus personajes, identificados plenamente en la pantalla con los actores por él utilizados. Nadie podrá olvidar a sus protagonistas: John Wayne, James Stewart, Henry Fonda, Maureen O Hara, y a sus tan ciudados secundarios, Ward Bond, Walter Brenan, Víctor McLaglen, por nombrar algunos de los más populares de su etapa sonora. Finalmente, es obligado citar la forma sencilla y efectiva en que utilizaba la diagonal para crear profundidad de campo, incluidos los movimientos de caballería en el Monument Valley, y la forma en que, como en el silente, utilizaba el triángulo de Rafael para componer el cuadro, cuyo ejemplo más sistemático es la lírica, dramática y poética Pasión de los fuertes donde él mismo creó la leyenda. Forma, contenido y emoción, fueron siempre conjugadas al unísono, y con resultado sobresaliente, por este clásico moderno, y contemporáneo clásico, que supo, cómo nadie, sin caer en temurismos baratos, emocionamos, poniendo un nudo en nuestra garganta, a veces incluso llegando a la lágrima, al tiempo que impartía un magisterio cinematográfico con una fluidez y perfección, q é consiguieron aunar el arte, la industria y el espectáculo, logrando aquiescencia universal Es decir, Ford, hizo Cine. SflLfl ROCIEPfl Un pedazo de Andalucía en Madrid BAILE POR SEVILLANAS con LOS ROMEROS DE LA PUEBLA ALBOREA UPASE UNA NOCHE INOLVIDABLE! CAPITÁN HAYA. 19 SIS Tel. 456 14 39