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ABC, póg. 76 SUCESOS LUNES- 25- 5- 87- Los atracos me han ahogado dice el joyero queha renunciado a s i negocio Sigo creyendo en la Policía pero no en la Justicia Madrid. V. Sánchez y J. F. Alonso La inseguridad es tan grande que la gente compra muchas menos joyas. A todos nos gusta lucirlas, pero no se puede salir a la calle con ellas porque nos las quitan en la primera esquina. Antes daba gusto, venían a las joyerías con alegría, pero ahora tienen miedo. Un tirón puede acabar con lo que les ha costado mucho esfuerzo. ¿A dónde va a parar todo el producto de esos robos? Alguien tendría que darnos una explicación Manuel Iglesias Puebla, el joyero que ha decidido cerrar su establecimiento después de sufrir dos robos que le obligan a partir de cero tras treinta años de trabajo, se pregunta cómo se vuelve a poner, en circulación el botín de los atracos a establecimientos de joyería. En Madrid, hace cinco años, había un centenar de comercios dedicados a la compra- venta de oro. En la actualidad, hay más de cuatrocientos. Algunos de ellos actúan como verdaderos mafiosos porque saben que lo que compran es robado asegura Manuel Iglesias. A él mismo le han intentado vender cadenas de oro rotas y manchadas de sangre. El caso de este joyero no es único en te calle Fernando el Católico, donde está situado su pequeño comercio. Por aquí nadie se ha librado de la visita de los delincuentes comentan indignados tos vecinos y los propietarios de los múltiples establecimientos que llenan la zona. La óptica, la farmacia, el bar... añade el señor Iglesias. De noche y de día, con pistolas y navajas... Me siento desamparado, los atracos me han ahogado. Yo, a pesar de todo, todavía creo en la Policía, que bastante hace con detener a los maleantes, pero no en la Justicia, ni en las leyes. Aiguien debería buscar soluciones para que no salgan a la calle a las dos horas Esa opinión también está en la calle, entre los vecinos. Algunos de ellos es posible que escuchen los ruidos que hacen al forzar las puertas. En mi caso- comenta Manuel- utilizaron hasta un grupo electrógeno y un pico, y en la madrugada se oye todo; sin embargo, hoy en día, nadie nos buscamos problemas. Enseguida te llevan a la Comisaría a declarar y puedes pasar allí más tiempo de el que tardan en salir los ladrones. Denuncias algo y al final acabas siendo tú el culpable Los vecinos tienen miedo a comprometerse en aigo que les puede ocasionar muchas molestias, tienen miedo a salir a la calle con algo que tes puedan robar, a ser atracados en su propio domicilio. Por eso, ahora que estamos en plena campaña electoral- -reflexiona en voz alta el señor Iglesias- me pregunto: ¿Quién está dispuesto a cumplir con sus promesas de acabar con esta inseguridad? ¿A quién tengo que votar? Algunas de las casas de compra- venta de oro actúan como verdaderas mafias -V Seguros La situación de los pequeños comercios de joyería se ve agravada por los elevados impuestos que tienen que soportar y por la casi ausencia de primas de seguros en el sector. Su coste es tan elevado que a rnuchos de estos pequeños empresarios les resulta imposible sufragarlo. Una prima anual puede llegar hasta las 700.000 pesetas. Y, a veces, como en el caso del señor Iglesias, la compañía aseguradora decide rescindir la póliza después de sufrir el primer atraco. Entraron tres individuos y me pusieron la pistola en el pecho; se llevaron 800.000 pesetas en joyas y, encima, luego me dicen que no puedo seguir con el seguro explica el joyero. En el último asalto ha sido aún peor: el botín que consiguieron los delincuentes asciende a más de cuatro millones y ahora no tenía seguro que le pudieran rescindir. Además de lo robado en joyas y relojes, los ladrones en esta ocasión también se llevaron objetos que los clientes habían dejado en compostura. Sobre el mostrador quedaron únicamente las bolsas vaoías. El importe de estos objetos asciende a. un millón de pesetas, que ahora está empezando a abonar a sus propietarios. No sé de dónde voy a sacar tanto dinero, aunque algunos clientes se están portando muy bien; otros, en cambio, quieren cobrar cuatro veces más dé lo que valía io que trajeron Manuel Iglesias empezó en el negocio de la joyería a los doce, de aprendiz. Ha pasado mucho tiempo desde entonces, toda una vida de trabajo. Enaqueila época no había atracos- recuerda- salías a las dos de la madrugada y nadie se metía contigo. Ahora no puedes hacerlo. ¡Si esto es la democracia, que venga Dios y lo vea... Treinta años después, Manuel está dispuesto a volver al principio, a Cerrar la jóyen a y trabajar en otra cosa, todavía no sabe en qué, a comenzar de nuevo a los cuarenta y seis. Porque ahora no vivo... Mis hijas, de dieciocho y veinte años, llaman por teléfono cien veces aJ día, temiendo que pueda ocurrir algo en cualquier momento, deseando que lleguemos a casa por la noche Su esposa, que escucha tras el mostrador, confirma sus palabras. Yo también estoy desecha por los nervios, pero él está peor. Creo que va a ser muy difícil que se recupere psicológicamente. Ahora mira a todos con desconfianza, a cualquiera que entra, a cualquiera que camina tras él por la calle La Joyería Iglesias tiene un empleado, Francisco Suárez, que ahora contempla con preocupación el futuro. El también ha empezado de aprendiz, a los catorce años, pero, con el cierre del establecimiento; le espera el paro. La inseguridad ciudadana también provoca tragedias como ésta. La situación que atraviesa Manuel Iglesias es similar a la de muchos otros pequeños comerciantes que, de repente pierden todo io que han conseguido en muchos años de trabajo; pierden, incluso, la vida. Entre impuestos, seguros que no podemos pagar y atracos estamos ahogados. Alguien tenía que soki donar todo esto D El pesquero Playa Estepona con base en el puerto malagueño del mismo nombre, se hundió al chocar ayer con los restos del buque mercante Dimitrius que permanecen sumergidos frente a las costas de Tarifa desde hace varios años. Los ocho tripulantes del Playa Estepona fueron rescatados por un remolcador de la Comandancia de Marina de Algectras y trasladados a Barbate (Cádiz) Un bombero de Lérida muere ahogado en aguas de Palamós Barcelona. Efe El bombero Ramón Soria Martínez, de veintiséis años, falleció ayer en Palamós (Gerona) por causas que se desconocen, mientras realizaba prácticas de Inmersión, según informaron fuentes de los bomberos de la Generalidad de Cataluña. El finado estaba adscrito al parque de bomberos de la Generalidad de Cerverá, correspondiente a la brigada de Lérida. La capilla ardiente y e) funeral de ftamón Soria se celebrará en Mollerusa, localidad en la que residía. Este es el segundo bombero que muere en Cataluña en el plazo de quince d as. El primero falleció mientras realizaba las labores de extinción del incendio que afectó al hotel Sarria de Barcelona. Una red da robo y comercialización ilegal de joyas ha sido desarticulada en Valencia, gracias a una operación conjunta de miembros de las Policías de esta ciudad, Madrid y Barcelona. Las joyas incautadas en diversos domicilios de Valencia alcanzan un valor de aproximadamente cien millones de pesetas. La Policía ha detenido a seis personas relacionadas con esta red. Continúa la búsqueda de los marineros del Genuco San Sebastián. Ep A primeras horas de la mañana de ayer se reanudaron las labores de rescate de Raúl Dávria Vázquez y Juan Francisco Lorenzo González, de veintiuno y veinte años de edad, respectivamente, que desaparecieron en el hundimiento del pesquero gallego Genuco cuando realizaban las faenas de pesca del marisco frente a las costas de La Coruña. Un equipo de buceadores de la Guardia Civil y una lancha de ia Cruz Roja del Mar de La Coruña realizan maniobras para intentar refiotar el casco del barco, ya que según el patrón del Genuco Juan Manuel Martínez Estevez, único superviviente de la tragedia, uno de los dos jóvenes podría encontrarse en el interior de la embarcación, entre las nasas, ya que tan sólo pude ver al otro a flote, enganchado a una boya aunque no pudo precisar de cual de los dos se trataba. Los buceadores encontraron algunas prendas de vestir en las últimas inmersiones, dificultadas por la profundidad a la que se encuentra hundido el pesquero, lo que impide permanecer durante mucho tiempo a los hombres rana sumergidos.