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LUNES 25- 5- 87- OPINION -ABC, pág. 19 A economía española presenta en estos momentos tres complicaciones muy importantes derivadas de su aparato tributario. En primer lugar, no llega a cu brir las necesidades del gasto público con la amplitud que se configura éste hoy día. Cinco grandes fuentes de desembolsos lo complican: el conjunto de las atenciones sociales, las transferencias a las empresas púb l i c a s o p r i v a d a s con pérdidas, las cargas de gasto derivadas de la deuda, la novedad que significa el Estado de las Autonomías y la generosa contratación de funcionarios fuera de los habituales mecanismos de oposición pública. En segundo término, la velocidad del crecimiento en la presión tributaria nos ha colocado en el primer puesto en el g r u p o de países de la OCDE, generando un cansancio que irrita a los contribuyentes y que repercute en la recaudación y en la eficacia del sistema impositivo. La tercera es la constatación de bolsas de fraude muy amplias. Los responsables del Fisco han decidido que no era posible disminuir el gasto. Se han cruzado tantos intereses en el mismo que nadie puede pensar en lograr por ahí alivio de ningún tipo, a no ser que asuma costes políticos. También se han asustado de lo que significa el crecimiento en la carga impositiva. Si insisten en el camino de reforzar el IVA pueden desatar una inflación y, como impuesto sobre el consumo que es, una violenta protesta de amplios grupos populares. Si lo hacen en el sendero del Impuesto sobre la Renta se encontrarán con que los tipos en España comienzan a ser lo suficientemente altos como para disuadir al contribuyente de sus tareas productivas. Ir más allá es evidente que puede frenar los ingresos generales y provocar, de modo simultáneo, paro. Atrapados así, los responsables del Fisco deciden que deben actuar sobre las que consideran intolerables bolsas de fraude. Nada parece detenerles. Disfrazados de justicieros tributarios cumplen ahora en España a la perfección lo que con deliciosa ironía describió así el gran hacendista Einaudi en sus inmortales Mitos y para- L COACCIÓN FISCAL dojas de Ja justicia tributaria: El doctrinario justiciero se indigna presa de lo que el mismo autor llama la satiriasis tributaria Cuando ésta se apodera del justiciero tributario altera el objeto del infpuesto. Es el instante en que sobreviene el terrorismo fiscal El panorama que valora nuestro colaborador es impropio de un Estado de Derecho. El contribuyente, mientras tanto, desde su pavor, observa con irritación creciente que se empuja a la picota a defraudadores de impuestos cuando bastaría con una reforma de la reforma tributaria, que los mejores de nuestros hacendistas pi. den con insistencia, para convertirlos en ciudadanos muy cumplidores de las leyes. El contribuyente, aterrado, ve que su caso nada tiene que ver con aquel ciudadano ginebrino que decía: Pese a pagar tanto, estoy contento. Sé por qué pago. Veo los servicios que se me prestan. A campaña de las elecciones de junio se ha abierto en medio de un clima de desinterés ciudadano. Vuelve a repetirse el fenómeno del año pasado con motivo de las generales. Contrasta esta palpable indiferencia con el fervor del electorado británico ante la convocatoria del día 11. Que nadie trate, pues, de identificar este estado de cosas con la presunta madurez de nuestro sistema político. Seguramente lo que sucede es todo lo contrario. Quizás a causa de las peculiaridades de la transición, nuestras instituciones continúan siendo frágiles. Sólo en este marco de debilidad puede entenderse el abusivo comportamiento de TVE durante la etapa del señor Cal vino. Las manifestaciones estudiantiles de este invierno y la largísima secuela de protestas, a veces muy violentas que han tenido lugar en casi todas las actividades de la vida nacional representan un test sobre el sistema: L DESINTERÉS ELECTORAL LOLA FLORES- ANA BELÉN C ON independencia de las consideraciones que se puedan hacer sobre la aplicación más o menos acertada, más o menos socialmente rentable de los fondos públicos, la obligación de pagar los impuestos debidos no admite excepeciones. Y menos aún por alegar- como suele ser tentación frecuente entre los artistas- servicios brillantes a la cultura popular o incluso a la difusión internacional de una imagen grata del país. No tiene razón, así, Lola Flores en las alegaciones encaminadas a disculpar incumplimientos de sus deberes fiscales. Pero tiene razón, en cambio, cuando critica el trato de favor- en ocasiones, descarado- que reciben de organismos gubernamentales, autonómicos, municipales, algunos artistas que se benefician de no pocos contratos o subvenciones para actuar, más notoriamente debidos a su filiación política que a su categoría artística. No es el caso, por ejemplo, de Ana Belén ni de su marido, pues ambos la tienen bien acreditada. Pero sí es el caso de otros muchos paniaguados. Presidente- Editor GUILLERMO LUCA DE TENA Director LUIS MARÍA ANSON Director de ABC de Sevilla Francisco Giménez- Alemán Subdirector: Antonio Burgos Subdirectores D. Valcárcel, J. Vila, J. Javaloyes, M. Adrio, R. de Góngora, J. Amado ABC Jetes de Redacción: J. A. Gundín (Continuidad) J. C. Azcue (Internacional) B. Berasátegui (ABC literario) A. Fernández (Economía) J. I. Q. a Garzón (Cultura) A. A. González (Continuidad) R. Gutiérrez (Continuidad) L. U. Nicolás (Reportajes) C. Mantona (Continuidad) J. 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Suscripciones: 435 02 25. Apartado 43 Prensa Española, S. A. ¿cómo puede, en efecto, un partido ganar las elecciones generales por mayoría absoluta, y unos cuantos meses después desencadenarse tal oleada de contestación sin que en puridad fuera posible reprocharles a los socialistas el haberse apartado del vago programa electoral- Por el buen camino que los condujo a su segunda victoria? Es claro que existe un notable desajuste entre la España política y la real, y eso es malo para la democracia, cuya esencia reside en la participación de los ciudadanos en la gestión pública. Si los partidos creen que pueden resolver tal asincronía mediante la ley de autofinanciación tan escandalosa que han votado por unanimidad, resulta evidente que se equivocan: esta ley es la expresión elocuente de que entre las instituciones y la calle hay si no un foso sí demasiado terreno de por medio. No está siendo la actuación del partido del Gobierno la más adecuada para poner término a este preocupante estado de cosas. TVE, aunque haya mejorado en estilo, sigue en su anterior línea de comportamiento unidireccional a favor de los socialistas: ahí está la reciente y larga entrevista con Felipe González, a pocos días del comienzo de la campaña. El PSOE ha hecho propio un lema tan peligroso para la democracia como es la negación constante de la oposición: no tenemos alternativa, repiten una y otra vez sus dirigentes. Y como no existe más opción que la socialista, recurren a pequeñas trapacerías para consolidarla más. Y así, en vísperas electorales, los señores Leguina y Barranco se pasan los días enteros presidiendo inauguraciones. El fortalecimiento del sistema democrático debería constituir el objetivo central de nuestra clase dirigente, por encima de cualquier otra consideración. La transición no ha terminado: sólo concluirá cuando los españoles tengan en sus instituciones políticas la confianza que hoy les falta. Los hábitos y usos democráticos no han empapado todavía a la sociedad. Dilatados periodos de autoritarismo o de crispación han engendrado un escepticismo de fondo que no remedian las reiteradas convocatorias electorales.