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Gilda, la muy traidora ECUERDO que antes de nacer, una comadrona rellenita y de sonrisa amplia echaba a suertes nuestros destinos. Yo estaba junto a Isaías cuando me tocó extraer el papelito del saco. Se lo entregué nervioso sugiriéndole que me transmitiese él la noticia. Lo desenrrolló sin prisa. Aquí pone Camerún me dijo. Lo sabía, lo sabía- musité- soy negro. Años más tarde me contaron que mis padres andaban de safari por África cuando decidieron tener otro hijo. Fue cuando vi por primera vez un mapa y supe que España desde el aire era un rostro de mujer que se ponía los Pirineos de peineta. Desde muy pequeño fui un niño bastante precoz (a los siete años cumplí los diecinueve) y en el colegio adelantaba tanto que los profesores terminaron por colocarme un intermitente en el hombro izquierdo y una señal de ochenta en la espalda. Recuerdo con particular nitidez ese día de mi cumpleaños. Mis amigos me llevaron al cine a ver Gilda. Antes de entrar todos comentaban la escena del guante con admirada devoción, pero yo no les prestaba ni demasiado caso ni dinero (pues no estaban los tiempos para ir dejándole mil pesetas a cualquiera) Así que nos metimos a ver a la Hayworth y mi cabeza andaba en otros pensamientos... En mi casa teníamos a una asistenta que siempre se quitaba los guantes con una entrega escénica digna de primera actriz. Tiraba poco a poco de la goma, enrollándola, hasta darles la vuelta. Luego soplaba por la corta manga y con unas vueltecitas empujaba el aire hasta el puño. Ahí empezaba lo mejor, la acción que provocaba los aplausos de todos los presentes en la cocina. Por arte de magia, valiéndose de unos pellizcos magistrales, ¡zop! ¡zop! ¡zop! los dedos iban saliendo uno a uno de la nada R No es que fuese una mujer fatal; es que andábamos fatal de mujeres... hasta dar forma a una especie de ubre de vaca de color rosa blanquecino. Luego, la asistenta colgaba los guantes del grifo de la pila, Adiós señorita, hasta el martes y se marchaba con la cabeza muy alta, sin atender las peticiones de todos los hermanos que, junto a la nevera, coreábamos: ¡Otra! ¡otra! ¡otra! Nos sentamos en la fila 13, y nada más aparecer Rita en pantalla se me atragantaron las palomitas. Cada primer plano de ella era un sobresalto general. Como si las butacas de la sala gritaran al unísono ¡ole! y los espectadores inconscientes nos eleváramos un palmo del asiento para aplaudir la faena. Los muchachos, sin perder de vista las imágenes, nos mirábamos cómplices por el rabillo del ojo. Eso no era un guante, eso era el guante Gilda no sólo se recreaba en su papel de seductora (ese personaje que todos conocíamos bien porque ya habíamos soñado escenas de amor infinito con alguna asistenta perversa) Gilda, la muy traidora, con sus ojos de agua, con sus labios en forma de beso, nos devolvía a la cruel realidad de todos los días: no es que ella fuese una mujer fatal, es que nosotros estábamos fatal de mujeres... Guillermo FESSER El guante de Rita del amor compre? O bien, ¿viaja en metro la mujer fatal? Yo creo que sí (las he visto hacerlo) en la vida real, las mujeres fatales existen de igual forma que en la pantalla, lo que pasa es que es más difícil distinguirlas, y sus crímenes no son sangrientos ni siquiera salen en las páginas de sucesos. Pero lo que está claro es que hay asesinas sueltas, a cuya cabeza no se pone precio ni son perseguidas por la justicia, que son tan peligrosas- o m á s como las del cine. ¿Y cuál es su delito? preguntará el lector. Pues bien: asesinato del amor. ¿Y la víctima? Tú mismo. Muy fuerte, pero así es. No tienes más que mirar sus ojos de tarjeta postal ella te hará subir sólo para dejarte caer es una mujer fatal. (Femme fatale, de Lou Reed Velvet Underground) Jaime de URRUTIA tenía un novio que tocaba en un conjunto beat pero ahora no, aunque sí terminaba de cantar esa canción en el Café Vaivén cuando Jorge Berlanga, seguramente conmovido, como todos, por la noticia de la muerte de Rita Hayworth, comenzó a hablar de la actriz de ascendencia hispana, de lo que significaba como símbolo de mujer fatal, del guante de Gilda que nunca termina de quitarse, y ahí se nos quedó en el aire iniciático del lunes del lugar la posible herencia de Rita Hayworth en la mujer de hoy. Me fui a acostar con una copa de más. Me acordé de Rita, alcohólica y senil. Fui corriendo a la nevera y tomé un vaso de leche. Miré a mi hija, que dormía tranquilamente en su cuarto, y me fui al mío sintiéndome como el póster de Julio Iglesias, en femenino, una mujer sola. Y otra vez Rita: una mujer fatal. Afortunadamente me acordé de un libro de Simone de Beauvoire, y de una lista que hacía: la mujer fatal era como los parias de la India o menos, y el último equipo lo formaban las chicas de Holywood. Mi madre me habla- Y atiendan los médicos, murió atrozmente víctima de la fe ajena. La Garbo se encerró en una pirámide, y hasta hoy. Para qué hablar de la pobre Marilyn. La noticia, sin embargo, es Rita, que murió sin recordar que aún seguía quitándose un guante, y si ella no quería recordar su benéfica influencia en las chicas de hoy, preferí apagar la luz y dormirme, mientras hacía otra lista en la que no pudiese incluirse ninguna mujer fatal: Paloma Chamorro, N Alaska, Las Vulpes, Carmen Maura, Ana Torroja, Ouka- Lele, o Paz Muro, Las Chinas, Victoria Í S c Abril, Luz Casal, Agatha Ruiz de o o la Prada, Cecilia Roth, Ana Curra, Juana de Aizpuru, Marta MoRubí lloró por Rita y se fue a bailar rí a rty, Chus Lampreave, Rosariyo, Eva Liberten, Rossy de ba de algunas: Clara Bow, Teda Peor Imposible, Vicky, Martirio, Vara, Gloria Swanson, Jean HarBibí Andersen y yo misma. Todas low... Yo vi a otras en la tele: Gresomos buenas 1 chicas, y más de ta Garbo, Marlene Dietrich... Y en una hemos tenido algún novio que el cine: a Rita, a Ava Gardner tocaba en un grupo de rock. Me- que adora el Valdepeñas- Mari- dormí soñando que la mujer fatal lyn Monroe y a la Taylor, que de hoy es quizás el transexual que creo que es la última, y arrepenti- hace Carmen Maura en la última da. película de Almodóvar, que crece Fatales, ¿para quiénes lo fue- y crece regada por la manguera. Al ron? Para la fantasía de los hom- día siguiente me levanté y fui al esbres, seguramente. Pero muchas lo tudio de Atrnold a bailar. pagaron carísimo. Una, cuya madre era de no sé qué religión, que no ve bien que a los enfermos los RUBÍ Cru ABC 115 SÁBADO 23- 5- 87