Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
GENTE y aparte Ricas y famosas Fatales son todas Se trataba de una vuelta ¿Sí? ¡Hola! ¿Qué tal una cena con vuelta incluida? Pero... ¡Oh, vamos! No te hagas de rogar. En media hora paso a buscarte. Está bien. Hasta ahora. No puedo evitarlo. Me encanta la gente directa. No admiten excusas. Pero... ¿qué he hecho? Todavía no acabo de entrar por la puerta y ya sólo tengo treinta minutos para ducharme, vestirme y... ¿qué me pongo? El vaquero es de lo más socorrido, y con esa blusa italiana que me costó casi un sueldo está divino. Treinta y ocho minutos, y ya estoy. Todo un récord. ¡Alto! Mi lunar. Lista. Llegamos al Café de Belén. Menos mal que había reservado mesa. La encargada no hace más que desquitarse de tos espontáneos que aparecen sin previo aviso. Es tan pequeño -m e comenta mi amigo- Lo prefiero así -l e contesto, mientras vislumbro entre albóndiga y albóndiga a la altísima Paola Dominguín- ¡Qué delgadez la suya! Y eso que no para de comer. Tras el obligado café, salimos disparados. No hay cosa peor que reposar la cena. Modorra asegurada. Tomamos la primera copa en el Cock. Lugar frecuentado por cuasi intelectuales, alguna que otra belleza y muchos de esos que se apuntan a un bombardeo. Estamos de suerte. La garrafa no ha hecho estragos todavía y podemos pedir algo sin miedo a destrozamos la úlcera. Desde mi estrecho punto de mira identifico a la siempre- tropical Vaitiare, acompañada por Pepe Vela. Todo son sonrisas. Treinta grados a la derecha, y la sencilla Eva Cobo asoma entre mil cabezas. ¡Es tan natural! Ni una gota de maquillaje, ni un poco de carmín corrido. Lo que se dice la cara lavada. Fin de la copa. Un par de calles más arriba, y entramos en L Ultimo. Local insólito para encontrarte con los más ávidos de la noche. Una plantilla de jóvenes semi- rockerós, ayudados los fines de semana por unafinlandesa, te reciben al son de una música de lo más acorde con las exigencias del local. Alguien me empuja ¡Willmore! Es todo un arrebato de alegría. ¿Te viste el sábado? -S e me olvidó. Estuve en una cena. Luego fui a casa de Eusebio Poncela, y acababa de grabar la película. Si te digo la verdad, solamente me he visto una vez. No abuso del egocentrismo. -Ha pasado mucho tiempo, ¿no crees? -Casi ocho años. Fíjate, ahora tengo treinta y siete largos... ¡Y tan largos! Es de esos personajes que han vivido por dos o por tres. Nunca me gustó la mediocridad Sí, pero tampoco fue de divo, y ahora se permite el lujo de tomar copas sin tener que ocultarse tras unas gafas de sol. Suspiramos al hablar de Iván Zulueta. El sí que tiene imaginación ¿Por quién lo dirá? Mi amigo me hace una seña. Se trataba de una vuelta Tiene razón. Lo que no sabe es que una y no más. Beatriz CORTÁZAR 114 ABC Q UE pocas quedan ya que embelesen, ni en celuloide ni en cinta magnética, por muy princesas que sean, de enjutas carnes, por cierto. ¿Fatales? Todas lo son. Rita lo fue en el Isabelle Rossellini- Blue Velvet -constituye un consuelo por la segunda ausencia de Maribel Verdú, que ya cultiva su fatalismo con éxito internacional mundo entero, y sobre todo en la España del octavo año triunfal, porque, como decía Umbral, reencarnaba un canon sexual novedoso. Flaca, alta y con grandes senos ocultos bajo el raso. Se adelantó quince años al toque PlayBoy. También estaban, entre otras, la Stanwick y la Crawford, las dos mejores- mujeres- cowboy del cine americano 40- 50. Todo un derroche en cuero negro. En cambio, Jane Wiman ha tenido que llegar a la senectud para convertirse en impenetrablemente abyecta, ya que como musa de Mr. Melodrama (Douglas Sirk) no pasaba del escarceo pudoroso con Rock Hudson (mejor para ella) A medio camino entre lo fatal y lo leve, y localizado el fenómeno principalmente durante los 60, yo haría otra interesante subdivisión: LOS YOGURES. Criaturas aparentemente inocentes, pero con una fuerte dosis de morbo. Fue Sue Lyon (Lolita) la primogénita de esta numerosa familia. Brigitte Bardot fue amada e idealizada por Bob Dylan y por otros millones más de anónimos seres. El streep- tease de Jane Fonda en Barbarella encendió a más de uno, y las aterciopeladas voces de las dos petit francaises (Sylvie y la Hardy) son ejemplos más que cualificados para consolidar el término. Aunque quisiera citar a otras de más oscuro recuerdo como Anita Pallemberg- novia de casi todos los Stones- Marianne Faithfull- Í d e m- France Gall- muñeca de cera- Jane Birkin- -o Monica Vitti vestida con mono negro de pelele en Modesty Blaise. De las de ahora me quedo con LIO, porque Káthleen Turner y compañía están un poco fondonas. Y en el apartado nacional, subdivisión de fatales sólo ha habido una: SARA (la Montiel) Edi CLAVO Fatalidades M UCHOS dirán: muerta Rita, se acabaron para siempre las mujeres fatales... Craso error. Las fatalidades contemporáneas también se prodigan entre lo mejorcito del cine moderno; es decir, entre sus jóvenes actrices. Quien no haya visto a Káthleen Turner en Fuego en el cuerpo o en La pasión de China Blue no sabrá de qué le hablo. Los demás, seguro que ya han perdido la serenidad con que iniciaron la lectura de este texto, rememorando la carne y el verbo de esta mujer de ensueño perverso, capaz de declarar sin ningún tipo de vergüenza: Sé que al entrar en un restaurante todos los hombres están obligados a mirarme; los que no lo hacen, o son ciegos o son gays. Bien es verdad que las modernas femmes fatales tienen algunas características radicalmente distintas a las de las viejas glorias. No en vano se han liberalizado las costumbres y hoy en día cualquier hija de vecina que se comportase en público como Theda Bara, por poner un ejemplo consagrado, sería inmediatamente tachada de loca, o aún peor, de revivalista kistch. No. Ahora las chicas malas tienen que ser realmente malas. O sea, pervertir directamente y por el lado más oscuro, con alevosía, nocturnidad y un gusto acentuado por lo que esté fuera de las normas establecidas en lo que a sexualidad se refiere. Ahí están, para corroborar lo dicho, irresistibles y agresivos, los moratones, a r a ñ a z o s y demás grains de beauté de la especialista en cosmética internacional Isabella Rossellini, en Terciopelo azul antítesis absoluta de la prototípica novia- de- la- rebequita- delana- rosa que todos tenemos o hemos tenido alguna vez escondida en lo más recóndito de nuestra adolescencia. Pedro CALLEJA El crimen D ETRAS de toda femme fatale cinematográfica que se precie, siempre hay un borrascoso crimen llevado a cabo con tanta sagacidad y fría precisión que, cuando acaba la película y uno se levanta de la butaca, sospecha que ha sido tan vilmente engañado durante una hora y media como el pobre esposo o el que parecía listísimo amante de la señora de turno. Y es que los mejores guiones de cine, esos de final- sorpresa, suelen estar al servicio de una mujer fatal cuya primordial función en la película es camelar al personal de dentro de la pantalla y del patio de butacas ai mismo tiempo. Recuerden por ejemplo, el lunes pasado a Rita Hayworth en La dama de Shangai, o a Káthleen Turner en Body Heat, de reciente reposición. Pero una cosa es el cine y otra la vida cotidiana. Yo me pregunto: ¿la mujer fatal hace la SÁBADO 23- 5- 87