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Aquel traje Ó ECUERDAN el terrem J moto de San FrancisI I co, en 1906? Yo tampoco. Pero si me acuerdo de un traje más acariciabie que la piel. Me acuerdo de un guante y, más que de un guante, de una media que emergía tras el respaldo de un sofá. Con una pierna dentro, claro. No lo niego. Hago pública confesión de mi irreprimible fetichismo. Son las ventajas de escribir con seudónimo. Que nadie se queje. Rita Hayworth se llamaba Margarita Carmen Cansinos. No sé dónde leí que era sobrina de Cansinos Asséns, pero esto puede que sea mentira. Más aún, ojalá lo sea, porque así seguiremos dándole a la imaginación, y le podremos inventar a Rita un romance con Borges. O con Javier Otárola, aquel colombiano que en los cuentos de Borges se ligaba a las nórdicas. Las niñas españolas que se llaman Margarita, cuando se cansan de un nombre tan largo, cortan por la mitad y se quedan en Marga. Desprecian lo mejor. Rita es nombre de hembra pecaminosa y golfona. De mujer que vuela como una mariposa y pica como una avispa, igual que hacía Cassius Clay al boxear. Llamarse Rita es como llamarse Lola, o Carmen. Bueno, Carmen un poquito menos, porque el nombre de Carmen sólo es pecado cuando lo pronuncia un extranjero. Rita se llamaba Margarita Carmen. Yo tuve una amiga gaditana que, milagros del barroquismo andaluz, se llamaba Lola Carmen. Pero luego la pobre era una mosquita muerta. Y es que a veces no basta el nombre exacto de las cosas. Javier OTAROLA Sumario Siete días sin Rita Berlanga Rubí Vara Urrutia Clavo Cortázar Calleja Barquín Fésser Panero EI Hortelano Manera de ver cómo la ciudad, en sí, se hace mujer fatal a través de las gatas de un valenciano que vino a Madrid a dar con la mujer fatal: El Hortelano El Madrid fatal O se ha llorado demasiado en Madrid. la muerte de Rita Hayworth. En una ciudad más atenta a echar leña en el fuego del presente que a ocuparse de las cenizas del pasado, importa menos la desaparición de Gilda que la aparición de toda una generación de Gilditas campando por sus respetos a la vuelta de una esquina o en cualquier club nocturno. Ya no hay mujeres fatales en el cine español, desde que Sarita Montiel se pusiera hecha un tonel. Pero si el espectáculo no está en las pantallas, sí lo está en la calle. Toda mujer, hasta la que profesa N SÁBADO 23- 5- 87 de santa y fiel esposa y se pasa ei que cuelgan el uniforme de las tedía haciendo calceta y preparando resianas, mandan al garete los lisopicaldos, ha deseado en algún bros del BUP y se convierten en momento llevar la fatalidad consigo herederas de Rita Hayworth, piny destrozar los corazones de los tándose con vicio, peinándose sin hombres, utilizándolos como si fue- recato, vistiéndose con desdoro, para salir luego a adueñarse de la ran ropa interior de quita y pon. Algunas nunca se han atrevido, noche y volver locos a los caballepero en los últimos tiempos el esta- retes La ciudad en sí se hace mujer llido de la moderna Babilonia madrileña nos ha deparado la eclosión fatal, con su fascinación intangible de un sinfín de vampiresas de los que se escapa de las manos, ochenta, conocedoras del poder fe- mientras los travestis de la Castemenino y maestras, a pesar de la llana esperan fatales que los abocorta edad, en manejar los hilos fetee Glenn Ford. que convierten en pelele al más Jorge BERLANGA avezado conquistador. Colegialas ABC 113