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23 mayo- 1987 ABC ííftrario Pensamiento y Ciencias Sociales ABC XI EI negocio de la privatización La Banca y finanzas mexicanas en el siglo XIX Edouard Cointreau. Privatización. El arte y los métodos. Unión Editorial (Madrid, 1986) 197 páginas. 1.250 pesetas A privatización está de moda. Liberales habrá que anuncien triunfales que todo se debe a su secular prédica antiéstatal; burócratas no faltarán que insistan en que dicha acción emerge de la consciencia del propio Estado de brindar mejor atención a su majestad el contribuyente; tampoco escasearán los recelos y pragmáticos que verán tan sólo a la penuria fiscal como causa determinante. Pero todos habrán dejado a un lado un aspecto tan importante como poco estudiado, y que el libro que reseñamos contribuye a iluminar: la privatización puede ser un espléndido negocio. Nada hay en este libro de doctrinario o partidista. Edouard Cointreau ha dirigido un equipo formado por él mismo y otros cinco franceses, un alemán y un inglés, especialistas en comunicación y finanzas, miembros del COPS (Centro de Observación y Prospectiva Sociales) y declara paladinamente: Este no es un libro teórico, sino un manual de trabajos prácticos. Leonor Ludlow y Carlos Manchal (eds. Banca y poder en México (1800- 1925) Editorial Gr ¡jalbo (México, 1986) 427 páginas; Bárbara Tenenbaum, México en la época de los agiotistas, Fondo de Cultura Económica (México, 1985) 235 páginas I la historia económica latinoamericana del siglo XIX, especialmente de su primera mitad, es una gran desconocida, aún lo es más la historia financiera, ya que durante bastante tiempo los estudios sobre el crédito y la Banca se relegaron a un segundo plano. Por ello, y también por su calidad, los libros aquí comentados son un importante aporte que permiten, para el caso mexicano, llenar un gran vacío. Bárbara Tenebaum se dedica a estudiar la época que va de la Independencia a la Reforma, pasando rápidamente de puntillas por la historia tradicional como el período de los años difíciles Y si bien es cierto que fueron L S La edición original apareció en francés en febrero de 1986. Faltaban pocas semanas para las elecciones legislativas y el libro suscitó mucha atención, entre otras razones por haber eludido cuidadosamente las disputas ideológicas. Si el Estado- por los motivos que sean- opta por privatizar, ello habrá necesariamente de movilizar un enorme volumen de recursos de toda suerte. El mundo de las finanzas, la publicidad, la comunicación, se verá inevitablemente afectado por las operaciones y mejor será que esté preparado. Tal es el mensaje de la obra. Redactado con un estilo de informe- e l lenguaje es pobre y la impresión padece algunas erratas- el trabajo revisa en primer lugar el panorama de la privatización en dieciocho países de Europa, América y Asia, y expone a continuación diez experiencias concretas, cuyo estudio constituye lo mejor del libro. Algunos de esos casos son espectaculares, como el de la British Telecom, pero todos tienen interés: BCRÍC y Société des Alcools du Québec, en Canadá; Conrail y US- West, en Estados Unidos; BT y el sector inmobiliario, en el Reino Unido; Telefónica, en España; Lufthansa, VAG y VEBA, en Alemania; Médiamétrie, en Francia; y la Banca Nazionale del Lavoro, en Italia. La evitación de consideraciones teóricas o políticas conlleva limitaciones: chocará al lector español la ausencia del caso Rumasa y también cómo pasan los autores de puntillas sobre el carácter monopólico de Telefónica. La ingenuidad del mensaje mismo- las privatizaciones pueden ser suculentos negocios para el sector privado- provocará un respingo en más de un lector que ponga en ello más énfasis que en la carga de la que se libera el Estado. En todo caso, siempre será útil saber no sólo por qué privatizar, sino también cómo hacerlo. Carlos RODRÍGUEZ BRAUN años de gran inestabilidad (entre 1821 y 1857 se sucedieron 53 Gobiernos, cientos de ministros, varias Constituciones y tres invasiones extranjeras) no por ello se justifica su olvido. Tras la emancipación, la economía se desestructuró, la minería de plata se hundió (no tan profundamente. como comúnmente se cree) y se produjo una gran evasión de capitales (a Cuba, Europa y Estados Unidos, fundamentalmente) todo lo cual disminuyó en forma sensible la recaudación fiscal. En este contexto, el embrión de Estado surgido de la Independencia requema recursos que garantizasen el funcionamiento normal de la Administración. De esta forma los agiotistas comerciantes que prestaban dinero al Estado, se convirtieron en una especie de banqueros del Gobierno que no sólo financiaban la acción gubernamental, sino también permitían una cierta estabilidad política. En palabras de la autora: La consistencia con que efectuaban los préstamos creó una estabilidad informal dentro de la muy visible inestabilidad política, y logró la preservación de la soberanía mexicana. Tras el fracaso de la política crediticia ensayada con Gran Bretaña (especialmente después de la crisis de 1825) se comenzó a acudir al endeudamiento interno. A partir de la década de 1830 los comerciantes usureros formaron una especie de monopolio que les permitió consolidar y diversificar sus negocios, llegando inclusive a invertir en actividades industriales. Si bien muchos de los agiotistas eran extranjeros, pronto apostaron por una política nacionalista. Una de las épocas en que tuvieron una mayor actividad fue durante los intermitentes Gobiernos de Santa Anna (1832- 1855) El libro comentado no es sólo un libro sobre los agiotistas o el desarrollo de la deuda interna, sino un trabajo excelente sobre la Hacienda y las finanzas mexicanas del siglo XIX, que comienza con un buen análisis de la Hacienda colonial. El otro libro, del cual Leonor Ludlow y Carlos Marichal son editores recoge un conjunto de doce monografías, por lo general de muy buen nivel, referentes a la historia del crédito, las finanzas y la Banca. Una nota común de los trabajos es que no sólo analizan las cuestiones estrictamente económicas, sino también los actores sociales involucrados. Si bien, los temas estudiados son diferentes, el principal aporte de esta obra colectiva es que permite un conocimiento preciso de la evolución crediticia mexicana en algo más de un siglo, a partir de la consulta de archivos y de fuentes documentales hasta ahora poco o nada trabajados. Los trabajos de Clara García y Francisco Cervantes estudian el sistema crediticio al final del periodo colonial, a través de las actividades del Consulado de Comercio de la ciudad de México y del crédito eclesiástico, que se vio seriamente afectado desde 1805 por la consolidación de los vales reales. Bárbara Tenenbaum y Rosa Meyer se ocupan del papel de los agiotistas en la primera mitad del siglo XIX. Mario Cerutti, Raquel Barceló y Francisco Núñez analizan la evolución del crédito en la segunda mitad del siglo XIX desde una óptica regional. Carlos Marichal revisa el nacimiento y la expansión de la Banca mexicana, y lo compara con el resto de América Latina; así distingue dos etapas, una primera de organización, con ensayos muchas veces fracasados (1850- 1873) y otra segunda de despegue (1880- 1900) El desarrollo de la Banca, desde un punto de vista institucional, es analizado por José A. Bátiz. Por su parte, Leonor Ludlow se encarga de estudiar la experiencia que supuso la creación del primer Banco Nacional de México. Los problemas bancarios de los últimos años del porfiriato, especialmente en lo referente al crédito agrario, y de la Banca en los años posrevolucionarios son tratados respectivamente por Abdiel Oñate e Hilda Sánchez Martínez. Pese a las desigualdades lógicas existentes entre los distintos trabajos, el conjunto de la obra permite tener una clara idea de las temáticas tratadas. Señalar, por último, que el libro se completa con una excelente y exhaustiva bibliografía sobre la cuestión. Carlos D. MALAMUD