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X ABC ABC 23 mayo- 1987 -Pensamiento y ciencias sociales- L AS preocupaciotributaria como la que nes del presente efectivamente hubo soestimulan mubre el tráfico y las venConcepción de Castro, El pan de Madrid, el abasto en las ciudades españolas del chas veces el interés tas de alimentos. Todo Antiguo Régimen. Alianza (Madrid, 1987) 329 páginas; varios autores, Madrid en la so- ello requiere, desde hacia determinados asciedad del siglo XIX, dos Vols. Comunidad de Madrid (Madrid, 1986) 569 y 566 págipectos del pasado, luego, mayor verificanas; David S. Ringrose, Madrid y la economía española, 1560- 1850, Alianza (Madrid, pero también ocurre ción; en principio, pare 1985) 495 páginas que los prejuicios y vace poco probable que loraciones del mundo con las características actual perturban el ennaturales, políticas y tendimiento de la realidad histórica. Uno de que España con las Indias; es decir, al asimi- económicas de la España del Antiguo Régilos problemas de la historia de España que lar más mercancías de las que exportaba, men pudieran haberse dado otros efectos pueden haber sufrido más este tipo de in- Madrid precisaba de un flujo de rentas que económicos de la capitalidad sobre su entorfluencia es el de la relación, a lo largo del procedían, justamente, de fuentes fiscales y no físico diferentes de los que se dieron (saltiempo, entre Madrid y el resto de la nación. patrimoniales. Por otra parte, según este au- vo el de una mayor propensión a las importaEn España se fue experimentando un percep- tor, la acción estimulante de los consumido- ciones, si es que aquélla se situaba en la petible proceso de centralización creciente del riferia) En segundo lugar, habría que ver cuál Estado, desde 1700 hasta el último cuarto del hubiera sido la evolución económica del inteactual siglo, salvo pocas e intermitentes etarior sin el foco de atracción madrileño, cuanpas de liberalización en las cuales, de forma do las comunicaciones eran dificultosas, la invariable, se manifestaron impulsos desceneconomía estaba insuficientemente monetiza- tralizadores, lógicamente más arraigados en da y no se había completado la integración aquellas sociedades con unas características de los mercados. culturales e históricas más diferenciadas. La Investigaciones también recientes, como la aversión de amplios sectores de opinión en de Concepción de Castro, parecen avalar el diferentes regiones hacia el Estado centralista punto de vista más optimista acerca de los encontró en Madarid- l a capital de esa orgaefectos positivos de la aglomeración madrilenización absorbente de recursos y voluntaña sobre la economía de su entorno durante des- una- inmediata representación física de el Antiguo Régimen. Esta autora sugiere que los defectos e inconvenientes del sistema. la demanda de cereales por los madrileños Madrid, para estos críticos, era una ciudad- cabe pensar lo mismo de otros productosartificial y parásita, donde se agolpaba una pudo vivificar la economía de mercado y el muchedumbre de burócratas improductivos, aumento de productividad en las regiones aristócratas absentistas y políticos voraces, agrarias próximas. Pero, en realidad, el libro que vivían gracias a la corriente de rentas e de Concepción de Castro no es sólo un libro impuestos que, de todas las provincias, conde la economía de Madrid en tanto que merfluían hasta el centro. cado; es también un estudio sobre los cambios en la política comercial y de abastos en Una de las imputaciones que tradicionalla España del Antiguo Régimen. A partir de mente se han hecho al Estado centralista, y un examen de la situación de Francia e Inglapor ende a Madrid, es la de haber distorsioterra, la autora investiga cómo evolucionó dinado el sistema de comunicaciones intrapecha política hasta comienzos del siglo XIX. ninsular: según ésta visión, el control guberParticularmente interesante es el capítulo denamental impuso una red radial, primero de dicado a las reformas de los ilustrados sobre caminos, luego de ferrocarriles, al margen de la racionalidad económica, con el solo objeto res madrileños se reducía sensiblemente si liberalización del mercado interior del pan, de intervenir el territorio con presteza en caso se tiene en cuenta, en primer lugar, que gran cuando se abolió la tasa en 1765. Este capíde que surgieran problemas políticos o milita- parte del margen de beneficios de los agricul- tulo es recomendable para quien quiera conores en algún punto de la nación. Investigacio- tores en ese comercio retornaba a Madrid en cer, en todo su dramatismo, los temores de nes recientes han demostrado que, aunque forma de tributos y rentas de la propiedad. En los gobernantes, Campomanes sobre todo, resulta indudable la inspiración política y ad- segundo lugar, el consumo de las clases al- acerca de las consecuencias sociales de una ministrativa del modelo radial de comunica- tas se satisfacía, en muchos casos, con pro- medida que estimaban económicamente ineciones, no por ello debe ser considerado des- ductos de elevado precio y procedentes del ludible. La ausencia de control sobre el precio pilfarrador o económicamente arbitrario. Hubo extranjero o del litoral, con lo cual no se aten- del pan favorecía a largo plazo a productores inversores, muchos extranjeros, que, a me- taba por esta vía la producción de las comar- y consumidores, en virtud del comportamiento diados del siglo XIX ofrecieron un elevado cas limítrofes. Una de las conclusiones que normal del mercado. Pero a corto plazo poprecio por obtener la concesión de algunas se deducen de esta interpretación es que si dían producirse movimientos especulativos, de estas líneas. La realidad demostraría lue- España hubiera tenido su capital ea otra de- acaparamientos, situaciones de protesta y rego la Sensatez de sus planteamientos en for- marcación, probablemente en la periferia, el belión, como de hecho ocurrieron. En realima de sustanciales ganancias durante algu- crecimiento económico del país hubiera sido dad, sin tasa de precios, la intervención gunos periodos. diferente, cabe pensar que más rápido, equi- bernamental en el aprovisionamiento de pan a Madrid continuaría hasta comienzos del siOtra de las inculpaciones que se han he- tativo o eficaz. glo XIX. Entonces, como tantas otras institucho a Madrid es la de absorber recursos para En realidad, esta tesis está sustentada por ciones del Antiguo Régimen, el mecanismo el consumo de una masa económicamente el punto de vista de que Castilla, la Castilla interventor se diluyó sin graves traumatismos estéril, en forma de impuestos y de rentas próxima a Madrid, habría visto, en ausencia sociales. También en reciente publicación percibidas de diversas regiones por propieta- de la capitalidad en esta última ciudad, más debe destacarse un aspecto no suficienterios residentes en la Corte. Bajo esta afirma- desarrolladas sus posibilidades por medio de mente tratado por la historia económica: Mación subyace la posibilidad de colocaciones un comercio intracomarcal, o bien por envíos drid como generador de servicios financieros, alternativas de dichos recursos en inversio- más cuantiosos a otras zonas de la Penínsuya en el Antiguo Régimen. Jesús Cruz, José nes más productivas, plausiblemente en sus la. También subyace en la tesis del profesor Cayuela, José A. Martínez, entre otros, aborzonas de procedencia. El libro del profesor Ringrose la creencia de que con la capital de dan este sector apasionante de un problema Ringrose sobre la economía de Madrid desde España en Sevilla o Barcelona no se habrían- t a historia de Madrid- que aún precisa de el siglo XVI al XIX se inscribe en esta opi- dado fenómenos de absentismo por parte de muchos esfuerzos. nión. Para Ringrose, cuyo esfuerzo investiga- los grandes hacendados o de la alta nobleza, dor resulta loable, Madrid reproducía con las ni habría habido un consumo suntuario por provincias el mismo esquema de explotación estos sujetos, ni habría existido una presión Pedro TEDOE DE LORCA El mito del centralismo madrileño