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23 mayo- 1987 ABC O hace falta tocarte. Tu carne es ya la mía cuando, lejos, tus poros dan a mi sed el agua de noria, en la que giro como un ave nocturna despojada de alas. Tú me las has quitado, sin cortármelas; las pliegas y las guardas en las secretas cúpulas del alma: qué importa si coronan catedrales o si mezquitas, porque en todas ellas faltan los pararrayos que detengan desbandadas de nubes, cejas tuyas, que desorbitan ojos, mis tormentas; y tampoco hay escalas que me apeen del dolor, las ortigas, de estar siempre queriéndote. Venecia, marzo de 1987 ABC IX N M IS ojos son ya luz de tus paisajes, almendras son los tuyos en los míos. De mis limbos las horas indecisas se han vuelto mediodías, lentas tardes que son las del amor que nos tenemos. El mundo vive a ritmo de caderas, las tuyas, que las mías son compases que, sin cansarse, siguen la alegría: Por fin los otros son nuestros testigos, que no ven, a tres palmos, cómo beso tus pies cuando te miro y lo que sorbo, sin que sospechen dónde están mis labios, del vino azul de todos tus cartílagos. ¡Que sepan y que sepan, pues no creen que en nuestro amor Dios hace de mendigo! ¡Que boguen (hacia atrás) nuestro es el río! Las Dueñas, abril de 1987 voz heló tu oído, que ha buscado mi lengua, la misma que es un cámbaro, si sostiene la tuya. No me temas, destino de mañanas y de tardes, de noches que son mías, las tuyas, sin tocamos o juntos desde entonces. ¿Cuándo fue aquel lugar de las salidas, con horas para otros? Llegábamos tú y yo, culpables, inocentes, tú y yo, como las velas azules, que navegan sin barca. ¿Lo recuerdas? ¿Cómo acordarse de lo que no empieza, de lo que sólo acaba con nosotros que nunca acabaremos de querernos? mis palabras, los colores tuyos. JNo olvides que esa voz era la mía. Ya lo supo Rimbaud: Je est un autre. ELDUQUEDEALBA de la Real Academia Española LUEVE sin detenerse y se detienen las horas que transcurren en tu ausencia. Mido teselas con los pasos largos y es que recuento todos tus recuerdos. vas Sé, ahora, que he vivido de ellos antes de conocerte y que, después de muerto, Me llega sólo su tierra arropará mi cuerpo. tes, Soy nada. ¿Me dijiste que me quieres? -idas el siervo de tus ojos. ¿No me hablas? nadie. ¡qué premio de tortura en mis entrañas! vi que era ¡cuánta rabia por todo lo que, cerca, mzas, me lame, mansamente, la mirada! ita ¿Por desventura estás en sazón de otros? Ipa, ¿Qué casas pisas, que ya son cabanas? eligros Quizá incluso recuerdes que te quiero; na; puede que hasta no olvides que me amas. itanas Pero con ellos sigues o entre ellos, les árido vuelves? junto a cosas que viven por derrama. ¿No sabes que al tenderles las puntas e digas de tu historia, los matas y me matas? óana. ijril de 1987 Las Dueñas, abril de 1987 (por debajo ndo no estás perro, L