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VI ABC ABC 23 mayo- 1987 Poesía L vasto panorama de la poesía española de posguerra ha sido comentado ya con cierta generosidad, con la insistencia que merece. No obstante, las lecturas posibles no se han agotado aún. Y, prescindiendo de las antologías conocidas- l a consultada, la de Castellet o cualquiera de las posteriores- este libro de Manuel Mantera es, junto con La poesía española de posguerra de Víctor de la Concha- todavía vigente y diríamos que originalísimo y eficaz en su planteamiento- radicalmente básico para establecer un marco de análisis. Las espaldas de esta generación poética han recibido los azotes de todas las rupturas, al elegirla como chivo expiatorio de los males de una lírica arruinada por el contexto político. Claro es que la feroz metonía ya ha terminado. Y nadie puede tomar hoy el rábano por las hojas: la sociología es una cosa- Manuel Mantero acota el término posguerra con datos concretos de las condiciones de la época- y otra cosa la peculiar ética y patética de estos poetas surgidos de ese caldo de cultivo. Sin estos poetas de la promoción de los años cuarenta, la cultura de España sería otra Y todo porque supieron estar a la altura de las circunstancias, emblematizando una poesía existencial y social cuando en Europa- pese a los cercos y aislamientos interiores- campeaba lo existencial y lo social. Mantero se apresura ya en el prólogo a otorgarles la credencial que necesitan al considerar que su calidad, sin entrar en comparaciones con los poetas del 27 ó del 37, es alta. Nos encontramos con un estudio que supera la alta vulgarización para entrar en terrenos de la investigación literaria. Manuel Mantero es uno de los grandes líricos de la generación del 50, que había demostrado su competencia (e independencia) crítica en Poesía española contemporánea La poesía del yo al nosotros y Los derechos del hombre en la poesía hispánica contemporánea Tres años de trabajo abonan el resultado, en buena parte, espectacular de este libro, donde toda una promoción lírica recupera su lugar colectiva e individualizadamente. Manuel Mantero en este ensayo mayor suministra las claves históricas, culturales y literarias- con un riguroso análisis estilístico, sobre todo- porque es la manera fundamental de buscar en los poemas, en la obra de estos once autores examinados, al hombre. Podrá extrañar la perspectiva con la que se acerca a los poetas, que en alguna ocasión- e n los casos más a la vista de Hierro y Bousoño- se produce en una dicotomía turbadora. Sobre todo, porque rompe con los esquemas hasta aquí conocidos. Por sobre las propias expresiones de lo céntrico y lo ex- céntrico sobrenada un fuerte correlato de acuerdo porque el autor es poeta, además de crítico- y simultáneamente ambas cosas- -y encuentra el hilo común de una generación hasta ahora estudiada con pocas excepciones bajo patrones sublimantes o excesivamente retóricos. Creemos que la condición andaluza de Manuel Mantero le sienta extraordinariamente bien en este trabajo. Es un hecho histórico que buena parte de la crítica había ejercido cierta incomprensión sobre determinados E POETAS ESPAÑOLES DE POSGUERRA Manuel Mantero Espasa Universidad. Madrid, 1987. 580 páginas poetas y tendencias- concretamente, sobre el hoy en alza grupo Cántico -juzgándolos con un daltonismo negligente. Mantero restaña esas heridas, al ofrecemos un estudio, que. se nos antoja definitivo, de la poesía de Ricardo Molina, lírico que desde su sentimiento de lo órfico, de su poesía que es lira que canta y encanta, puso la distensión im- prescindible en un tiempo poético cruzado por el existencialismo trágico y la poesía social en trances obsesivos. Pero hay también otros aciertos del mismo calado, como prueba de la sensibilidad casi épica del poeta para captar todos los matices de la lírica peninsular: en el entendimiento de poetas como José Luis Hidalgo, al que incrusta en la tradición existencialista de nuestro siglo; o en la valoración adecuada en todos sus perfiles de José García Nieto. Es muy difícil que puedan discutirse sus interpretaciones, aunque acaso se acusen algunas ausencias obvias en un panorama: Gabriel Celaya, Angela Figuera, Victoriano Cremer, José María Valverde, Miguel Labordeta, etcétera. Todo ello no compromete la validez de su juicio, aunque a un lector con cierto sentido de la orientación le parezca excesiva la autonomía que concede a Camilo J. Cela como poeta surrealista o las setenta páginas dedicadas a Ramón de Garciasol, excesivas con todo y ser poeta en clara hombría modelado, ciertamente. Vale, por eso, la lectura abismática, reflexiva y golosa de once líricos que Mantero hace comparecer en toda su cordialidad y en todo su trama literaria. Hay un ensayista de alta escuela dentro que hará las delicias- y en algún punto motivará la discusión de detalledel iniciado, lo que no merma, en absoluto, la aproximación calidad para lectores menos especializados. Manuel Mantero escribe desde el rigor de la crítica con una decisión que llamaríamos monumental y fundadora. Eso que quede claro. Para el futuro, este libro incluye unas pautas de obligatoria lectura para tratadistas y estudiosos. No cabía esperar de una investigación tan exhaustiva sorpresas e intuiciones. Pero es claro que las hay, puesto que el autor no se deja fuera su fino instinto de buen catador lírico y su conocimiento cabal de todas las evoluciones y revoluciones de la posguerra poética. Destacaríamos en su aproximación a José Luis Hidalgo el haber logrado señalar su atmósfera nada anecdótica y desasida de Los muertos así como el aislamiento en su tubo de ensayo de sus típicos rasgos estilísticos. Asimismo, en un autor como Vicente Gaos, un tanto perdido en un neorromanticismo retórico, logra entender con buen registro su escepticismo metafísico, político y social tras una inicial lucha con Dios. Ante Rafael Morales, autor que le es particularmente querido, no se olvida de recuperar su yo en su última obra, como saludable reacción a su pesimismo deprimente. Únicamente cabría matizarle que Morales sólo es poeta social secundum quid, lo que explica su concepto parcial de lo social, oponiendo el individuo a la sociedad, en vez de integrarlo. Con un cabotaje de envergadura nos presenta a Carlos Bousoño con enorme y buida penetración, sobre todo al estudiar la última etapa irracionalista. Considera- creemos que con justicia- a Blas de Otero como el momento existencial más expresivo de la posguerra analizando su despegue del cliché formalista en su sistema lingüístico, con la valoración de lo f ó n i c o y su r e n o v a d o barroquismo, para llegar en su recapitulación a considerar su triunfo poético y su derrota personal. Hierro tiene también en la consideración de Mantero un minucioso estudio, con matices no divulgados hasta ahora. Su poesía del momento o su poesía de reportaje se desdobla en poesía del recuerdo o de alucinaciones El crítico logra desarrollar muy bien el cruce de los planos temporales y espaciales, como nota distintiva de la poesía de Hierro. Ya decíamos que una de las cimas de Poetas españoles de la posguerra estaba en el acercamiento a Ricardo Molina, poeta al que presenta prácticamente como nuevo, en todo su esplendor, en ocasiones iluminando otros rostros cercanos al suyo. Señala que el autor de Elegías de Sandua da al cuerpo una importancia que en su época rehuían bastantes poetas. Mas la pica puesta no se limita a eso. Molina cuando dice su palabra crea un mundo y cuando canta lo hace de una envolvente manera, fresca, jugosa, primaveral y conscientemente sentida. Pero el capítulo donde relaciona el orfismo y el cristianismo del poeta es de mano maestra, acaso porque nadie- salvo los destellos de Mariano Roldan en su edición de Regalo de amante y Cancionero -ha sabido llegar como él al fondo de su simbología poética. Libro denso y rico, necesitado de una asimilación serena, que se erige, por su propia enjundia, en un pilar de basalto de la exégesis literaria. Y que, por fortuna, exige una continuación que el lector espera. Florencio MARTÍNEZ RUIZ