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50 ABC SAN ISIDRO 1987 Historia de la plaza de toros de las Ventas (IX) SÁBADO 23- 5- 87 1943, el año del adiós de Nicanor Villalta La temporada de 1943 ofrece un muestrario amplio de todas las figuras del toreo. Las corridas de fuste se celebran durante los meses de mayo, junio y la primera quincena de julio, para retornar a los carteles grandes en el otoño, pues se suceden en octubre tres grandes acontecimientos: la reaparición de Domingo Ortega (que este año vuelve a Madrid, donde no toreaba desde el 14 de julio de 1940) y la despedida de Nicanor Villalta. Toma la alternativa El Albaicín, que no había actuado de novillero en nuestro plaza, y que se doctora con la compañía de otros dos diestros gitanos ciento por ciento, como son Cagancho y Rafael Vega de los Reyes Gitanillo de Triana con los que alternaría muchas veces hasta aquellas dos corridas consecutivas de Vista Alegre del año 1948, en la que matarían toros de Sánchez Fabrés y Concha y Sierra, cuando ya el cartel daba sus últimos pasos, pero con un canto del cisne triunfal. Además de la alternativa de El Albaicín, confirman ese año su doctorado: El Andaluz, el 6 de mayo, de manos de Pepe Luis; Valencia IH, el día 15, con Juanito Belmonte de padrino; Manolo Escudero, el 29, también de manos de Belmonte, y Mario Cabré, el 7 de octubre, el día del regreso madrileño de Domingo Ortega, que le cede los trastos. Veintinueve festejos mayores se dan en 1943. Dos más que el año anterior, lo que supone un aumento claro de corridas de toros, pues en 1940 se dieron veintiuna y una más en el transcurso ie 1941. En aquellos años de la posguerra proliferaban las novilladas a comienzos de la temporada y en el verano, y el total de espectáculos con corridas de toros a lo largo del año era poco más que la actual feria de San Isidro, pero- eso s í todas las combinaciones eran redondísimas y, además- sobre todo en mayo y junio- se intercalaban multitud de corridas extraordinarias en jueves. Siguiendo la relación de nombres que intervienen en cada temporada, se ve que no dan lugar al relleno de la tercera fila, a esas corridas de oportunidad de principios de año o del estío: afortunadamente no existían. Los matadores de toros distribuyeron así sus puestos: Morenito de Talavera, siete corridas; Pepe Bienvenida, Pepe Luis Vázquez y Antonio Bienvenida, seis; Manolete y Gallito, cinco; Nicanor Villalta, Juanito Belmonte, Pedro Barrera y El Andaluz, cuatro; Cagancho, Gitanillo de Triana, Manolo Martín Vázquez, Domingo Dominguín, Valencia III y Manolo Escudero, tres; Victoriano de la Serna, Maravilla, Curro Caro y Paquita Casado, dos; una, Pepe Gallardo, José Ignacio Sánchez Mejías, El Estudiante, Chicuelo, Jaime Noain, Domingo Ortega, Mario Cabré y El Albaicín. En cuanto al resultado artístico hay que hacer constar que Pepe Luis Vázquez empieza a encontrar el sitio con el estoque, y así obtiene sendas orejas los días 6 y 20 de mayo por dos haceres en los que destapa su tarrito de las esencias que va anexo a su sentido de la hondura del toreo. El diestro de San Bernardo se encuentra en un momento arrollador (recorre muchas veces el anillo en otras tardes) que sólo es cortado por aquella cornada de espejo, en un ojo, que le infiere el 25 de julio un toro de José Escobar en Santander, alternando con El Estudiante y Morenito de Talavera. Estos dos últimos toreros también logran galardones en las Ventas. El primero corta una oreja el 23 de mayo, tan sólo unos meses antes de coger un par de sustituciones de Manolete en las corridas generales de Bilbao y volverse a poner en total vanguardia hasta su retirada en 1947. El segundo, a base de valor y con el número fuerte de sus pares de banderillas, torea en 1943 en Madrid más que nadie: alterna mano a mano con el rey del segundo tercio que es Pepote Bienvenida y logra trofeos el 2 de junio y el 20 del mismo mes. En la primera de estas fechas también son orejeados Juanito Belmonte- que conserva su alto nivel- y Manolete. El Monstruo seguía su escalada hasta la más alta cima, y tuvo también una gran actuación- vuelta y oreja, respectivamente- frente a una corrida de Galache, y el 15 de julio consigue otro apéndice de un toro de Antonio Pérez. Pepe Bienvenida realiza una temporada completísima (corta una oreja el 23 de mayo, el 27 de junio, el 4 de julio... y demuestra estar en el mejor momento de su larga carrera; Pedro Barrera también es premiado con un apéndice auricular el 6 de junio, y Domingo Ortega vuelve a maravillar a los madrileños en la tarde de la confirmación de Mario Cabré, en la que resulta cogido Antonio Bienvenida. Y llegamos a Villalta, a Nicanor, al mejor matador de toros de todos los tiempos- junto al señor Curro Martín Vázquez y Rafael Ortega- al torero que más orejas ha cortado en Madrid a lo largo de una carrera (aunque creo que El Viti le va a la zaga) al que le esperaba al público a la hora de la suerte suprema: perfilándose con él, marcando los tiempos con él y saliendo de la suerte con él; mientras se estremecía en aplausos a su bizarría y nobleza baturra. Y con Villalta- a l igual que el año anterior con Marcial- se iba también el último rescoldo de una época heroica. Los últimos esterto- Villalta cortó en Madrid más orejas que nadie res de los reyes del volapié. En aquellos años veinte los hubo de primera fila, desdé Fortuna- proveniente de la década anteriorhasta el también vasco Martín Agüero, sin olvidar al mexicano Luis Freg, al catalán- r e cientemente desaparecido- Eugenio Ventoldrá, al madrileño Luis Fuentes Bejarano. Todos ellos con Villalta al frente tomaron el testigo de aquel Manuel Varé Varelito al que un toro de Guadelest se llevó por delante un día de feria de abril de 1922. Pero Villalta era también el parón espeluznante que cortaba en seco el viaje del toro y la respiración de los espectadores. Y además el valor constante que estremecía, el pundonor de dar todas las tardes lo que llevaba dentro. La honradez puesta de manifiesto día a día y toro a toro. Y, sobre todo, la más auténtica historia del toreo de Madrid. La oreja segura en aquellas corridas de abono de Ja anteguerra. El recuerdo de aquella tarde en la plaza vieja, en la que Nicanor tuvo que estoquear siete toros por cogidas de sus compañeros Manolo Bienvenida, Domingo Ortega y Maravilla, cortando un aluvión de orejas y saliendo en triunfo y en volandas hasta la Puerta del Sol, calle de Alcalá arriba. Por eso, cuando consumió su última corrida en Madrid- e n vísperas de su adiós zaragozano- el público se le vovlió a rendir y su espada continuó siendo espejo para que se mirasen en ella todos aquellos futuros matadores de toros. José Luis SUAREZ- GUANES Joselito abandonó ayer la clínica de Loreto Madrid. Efe El torero madrileño José Miguel. Arroyo Joselito abandonó a mediodía de ayer la clínica de Loreto, una semana después de haber sufrido una grave cogida en el ruedo de la Monumentalde las Ventas durante la actual feria de San Isidro. -Tras recibir el alta hospitalaria, el joven torero se dirigió a la finca Los Valles en Colmenar del Arroyo, donde todavía deberá guardar un posoperatorio de varios días vigilado por su médico personal, el doctor Pedro Ochoa. Antes de abandonar la clínica, Joselito visitó la habitación 506, donde está internado el otro herido muy grave de San Isidro, el novillero salmantino José Luis Ramos. Ambos toreros mantuvieron un breve diálogo, durante el cual Joselito le expresó su deseo de una pronta recuperación, despidiéndose hasta que nos veamos en la plaza El diestro madrileño manifestó que ahora lo difícil es asimilar la última recomendación de los médicos, en el sentido de que no podré montar a caballo por un timpo, ni siquiera torear de salón Su apoderado, Martín Arranz, señaló que el torero perderá unas veinte corridas por este percance.