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SÁBADO 23- 5- 87 SAN ISIDRO 1987 A B C 49 Patio del desolladero TARDE DE EXPECTACIÓN, TARDE DE DECEPCIÓN Madrid. J. L. S. -G. A las seis de la tarde todo eran caras sonrientes, íbamos a presenciar uno de los carteles de más fuste de la feria. José María Rodríguez Colorado es, después de Enrique Múgica, uno de los políticos más fijos en la plaza de las Ventas. Ramón Mendoza, presidente del Real Madrid, asiste a la reaparición de Antoñete mientras deshoja la margarita del traspaso de Hugo Sánchez a la Roma Antoñete se dobla con el cuarto público que le trata no como un torero, sino suelto. Ni un pito. Se presiente el petardo. No como un enemigo personal, con increíble parece que pueda haber ninguna posibilidad odio. El diestro decide matar. Lo hace de es- de éxito para el torero. El toro llega con la tocada caída. Se dividen las opiniones con boca cerrada a la muleta, crecido, cortando pasión. los viajes. Silencio en las masas. Manzanares lo cita con la derecha, prueba, no se acopla. Se tuerce la tarde Comienzan los pitos, las palmas de tango. El tercero fue protestado, de salida, por Otra vez la diestra en funciones. Consigue chico. Toda la lidia de los dos primeros ter- meter el buey en el engaño un bar de veces. cios transcurrió en una continua repulsa. El Porfía con ganas de agradar. Con la izquieranimal estaba inválido. Embestía renqueante, da tira bien del animal un par de veces. Sufre y el trapío, en verdad, era más bien escaso. una colada. Insiste con la otra mano. Ahora Ortega Cano muleteó voluntarioso, pero sin se le acusa de empleo de la punta de la mulucimiento. El toro no se prestaba. La tarde leta. El manso no se entrega. Las ganas de se había torcido. No había el menor resquicio agradar no se le pueden negar al torero para animar a un público que ya estaba frío, cuando todos creíamos que iba a hacer una contagiado de la protesta, que impusieron al- faena de aliño, que era lo indicado. Acaba de gunos aficionados. El diestro cartagenero media estocada tendida. Suena un aviso por acabó con el animal de estocada atravesada la larga faena. Termina con un certero descay seis descabellos. Tras los pitos para el toro, bello. Otra vez se dividen las opiniones prese hizo un silencio para Ortega Cano. dominando las palmas de la mayoría. Tampoco Lolita ni su marido, Guillermo Furiasse, se quisieron perder el acontecimiento. El pintor Calderón Jacome, acompañado de su esposa, María Barroso, se encuentra muy contento del éxito de los carteles anunciadores de la feria de San Isidro, que han salido de sus pinceles. Tomás Campuzano vela armas para los toros mexicanos del domingo: En un principio el público no vio las dificultades de mis miuras, pero luego reconoció el mérito. Muchos toreros van entrando en los tendidos: Curro Vázquez y su bella esposa, Paty; José Fuentes y Manolo Vázquez, que acababa de ser entrevistado en televisión por Fernando Sánchez Dragó. El doctor Zumel sigue siendo de los fieles: de su bisturí salió el capote que salvó la vida a Parrita; Rafael Campos de España -maestro de la palabra- entra por los aledaños del dos. Vemos también a Osear Alvarez- Ossorio (en la cresta de la ola con su discoteca de sevillanas) a Ignacio Aguirre- que nos deleita todas las mañanas con su pluma- a Antonio Matos y su mujer, Lola Careaga, a Pablo Zarco, Arturo Cimarra, Mercedes Montoliú, Mary Camacho, Miky Higueró, María Victoria Vélez, José Luis Moreno Manzano... A la salida del festejo los gestos son hoscos y tristes. Para Lucio Sandín: No ha habido suerte; han estado molestos por el aire, que no les ha dejado compenetrarse. El duque de Primo de Rivera aboga por Manzanares: En el segundo toro no lo ha entendido la gente. Ha estado enorme el torero. Pedro Lozano, director de Barclays, alaba la técnica de Manzanares: Antoñete y Ortega Cano, sin ideas. La señora de Ansaldo es lacónica: Todo malísimo. Sin comentarios es el juicio de Pity Sanchomata. Y eso fue todo. El público, tornadizo, derriba a los ídolos- que ensalzó ayer. Ni una leve palma festejó el regreso de Antoñete. El viejo maestro del mechón blanco salió por la puerta de cuadrillas entre silbidos y- l o que es más triste- como un corredor sin retorno. No hubo suerte... El cuarto hace cosas de manso ante el capote; pero secdeja pegar en un larguísimo primer puyazo. Sale el toro de los encuentros perdiendo las manos. Todavía tomaría dos más, pero sin codicia, apagado tras el primer lanzazo. Antoñete comenzó la faena muy animoso, con toreras dobladas y un cambio de mano acompañado de torerísimo recorte que hizo concebir ilusiones al público. Se hace un ¡mpresinante silencio. Se le respeta en estos momentos. Cita en los medios. El aire no le deja estar. Se lo lleva al tercio. El toro se queda corto. Y cortos son también los derechazos. Produce la impresión- ¿imposible en él... -de codilleo. Así instrumenta dos series. El público se enfada. Antonio mata de dos pinchazos, media delantera y eos descabellos. Le pitan con fuerza al torero de las Ventas. Nada El sexto también es protestado por cojo, pero es manso de solemnidad. Se encienden los focos. La tarde se nos muere de asco bajo la luz eléctrica. Ortega Cano no pudo sacar faena al que cerró plaza. El manso desarrolló genio. Embistió mal, con arrancadas cortas que el de Cartagena no encajó. La verdad es que el toro no valía un real. Lo mató de pinchazo hondo, pinchazo y estocada. Escuchó pitos. Error Fue un error traer la corrida de Manolo González, que encima no salió buena, para la reaparición de Antoñete. Lejos de aliviarle- s i eso era lo que pretendía- lo que se hizo fue encrespar más los ánimos. Fíjense que han salido por delante en lo que llevamos de feria corridas tan serias como las de Eduardo Miura, Puerto de San Lorenzo... El contraste era demasiado grande con éstos de Manolo González, que ya de por sí no lo podían resistir por las propias hechuras del toro, que tiene otro tipo, siempre más recortado que los que se lidiaron en festejos anteriores. La corrida de Manolo González no era para Madrid. Esta es la verdad. Vicente ZABALA Pajarraco t i quinto, descarado de cuerna, se emplaza. De salida no se le protesta. Algunos persisten que Manzanares no puede estar bien. No es respeto al torero, sino un compás de espera para ver si puede hacer el ridículo. El toro es manso, se va del capote de Manzanares y del caballo, negándose a la confrontación. Por fin, toma un puyazo saliéndose