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48 ABC SAN ISIDRO 1987 Octava corrida de la feria de San Isidro SÁBADO 23- 5- 87 Antoñete no debió reaparecer con los toros de M. González Abierta hostilidad para José Mari Manzanares Una gran expectación, no exenta de morbo, ha acompañado hoy a la reaparición de Antoñete en las Ventas. Que nadie piense que por el hecho de ser madrileño lo tenía todo hecho. En la capital no valen los paisanajes. En Madrid no se entienden las presiones regionalistas- nacionalistas creo que las llaman ahora- sino los últimos éxitos, que son los que dan los contratos. El mismo Antoñete puede decir cómo le iba erv su pueblo cuando atravesaba baches. No valía eso de ser tan de las Ventas como las propias tablas de la barrera. Cada vez que resucitó fue a base de dejarse la piel en el empeño. Y cuando se abandonó se fue al hoyo. Y lo de Chenel no es más que un ejemplo; que le pregunten a Julio Aparicio cómo le trataron los madrileños la tarde de su despedida; que recuerde Manolo Escudero los siseos irónicos cuando tomaba espada y muleta para brindar. Y eso después de haberle pegado en la actuación anterior treinta naturales a un toro en un palmo de terreno; que cuente Luis Miguel Dominguín lo cuesta arriba que se le hacía torear en las Ventas, donde los éxitos se producían en auténtica pugna con sus paisanos, triunfaba no por el público de Madrid, sino a pesar del público de Madrid; y no digamos de las escasas oportunidades que le dieron a Alfonso Merino para que rehiciera en cuanto se le fue un pie; el cachondeo que tuvo que soportar Parrita, al que llamaban en Madrid el Manolete de los pobres o la sucursal de Manolete Y no es cosa de contar todo lo que relatan Marcial Lalanda y Antonio Márquez de la dureza con ellos de aquella época del abono, cuando todavía no había feria de San Isidro. Ser de Madrid no es una canonjía precisamente de cara a la afición del foro Antoñete torea tres tardes en San Isidro por propios méritos, por sus últimas temporadas triunfales, y no por enseñar la partida de nacimiento. Me da pena de los empresarios de por ahí, acosados por toreros, cuyo único mérito profesional es decir que han nacido en la región donde se encuentra la plaza. Pero eso sólo ocurre en los toros. No conozco a nadie que se presente a los presidentes del Barcelona, Betis, Valencia o Deportivo de La Coruña exigiendo el puesto de delantero centro con el carné de identidad en la mano. De momento, la inclusión de Antoñete en la isidrada está más que justificada. Una vez tomada la decisión de retomar, por polémica que resulte la noticia, él tenía su sitio en la feria. El lugar que se había ganado a una edad inverosímil para ejercer el arte de torear. Descolocado Antoñete se hizo presente para ejecutar un par de verónicas que no tuvieron remate, porque el toro se abrió mucho. El de Manolo González se salía suelto de los encuentros, manseando notablemente. Ortega Cano se ciñó por verónicas en su quite. Antoñete tantea por bajo por uno y otro lado repetidamente. Algunos se impacientan. El maestro se endereza y, entre algunas dudas, lógicas porque el toro se le cruza constantemente, logra un par de derechazos, instrumentados con gusto y parsimonia. El manso se va a la querencia del chiquero. Vuelve a poner el torero del mechón blanco el engaño delante de la cara del animal, pero éste le prueba, le duda el toro al torero, amagándole, y, naturalmente, el diestro no se confía. Decide matar. Lo hace de media, de la que rueda el toro sin puntilla. Pierde el maestro el engaño en el encuentro. Suenan fuertes pitos. Ortega Cano brega con el sexto manos muy bajas, fue un prodigio de buen gusto. Cuando tomó la muleta, la proteste contra el toro, que se había iniciado en varas, ya había crecido considerablemente. El toro blandeaba de remos. Es cierto. Las dos pri- 4 meras series con la derecha le salieron limpísimas, muy templadas, excelentemente rematadas. De pronto surgen gritos de abierta- y vieja- -hostilidad contra el torero, que sufre las consecuencias, a continuación de la flojedad del toro, que pierde tas manos por dos veces y se derrumba otra. La faena se hace imposible. El toro en el suelo y un sector del Hostilidad Embraguetado, bien de verdad, toreó con el capote José Maria Manzanares al segundo de la tarde. El quite por chicuelinas, con las Ficfia de la corrida Plaza Monumental de las Ventas. Octava corrida de la feria de San Isidro. Seis toros de Manolo González, chicos para la plaza de Madrid, continuamente protestados. Tampoco salieron buenos para los toreros a excepción del segundo, pero era blando de remos. -Antoñete, de azul y oro, media estocada (pitos) En el cuarto, dos pichazos, media delantera y dos descabellos (pitos) José Mari Manzanares, de corinto y oro, estocada caída (división de opiniones) En el quinto, media tendida, un descabello (aviso y división de opiniones) Ortega Cano, de gris plomo y oro, estocada atravesada y seis descabellos (silencio) En el sexto, pinchazo hondo, pinchazo y estocada (pitos) Un ayudado de Manzanares al quinto