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SÁBADO 23- 5- 87 ENGO la impresión de que se está volviendo a leer el viejo libro de Oswald Spengler Der Untergang des Abendlandes (La decadencia de Occidente en la admirable traducción de Manuel García Morente) Vale la pena, porque es un libro formidable, a pesar de sus arbitrariedades y manifiestos errores; uno de esos libros con los que es bueno discutir, pero después de haberlos leído, porque encierran visiones de gran acierto, que importa completar y corregir, pero sin perder sus porciones de verdad. En mi curso del Colegio Libre de Eméritos Universitarios sobre La filosofía creadora del siglo XX tuve que ocuparme de ese libro hace unas cuantas semanas. Y ello coincidió con que algunas personas me dijeron que estaban leyendo por primera vez, con bastante asombro, La decadencia de Occidente. Y ahora encuentro en un artículo de JeanFrancois Revel, publicado en La Nación, de Buenos Aires, una referencia a Spengler y su obra. TRIBUNA ABIERTA ABC, pág- 35 rudimentaria? Y se preocupa por el descenso de la enseñanza superior y su escaso valor. Por Julián MARÍAS Es evidente que hay cen Hacen de lo conocido un objeto rígido en todas partes síntomas de decadencia, y que puede medirse y dividirse. Repite casi algunos muy alarmantes; pero ¿podemos volliteralmente las palabras de Bergson y de ver a hablar de decadencia de Occidente En primer lugar, en Spengler apenas hay Unamuno. Y esto invalida lo que pudo ser una con- mención de América, ni siquiera de los Estacepción genial de la historia. Su morfología dos Unidos: el hemisferio occidental casi no entra en su horizonte. Pero ahora ve las vidas históricas desde fueesto es impensable. Y por mucho ra. No ve, cómo ya señaló temque- interesada, tendenciosapranamente Ortega, que mostrar mente- se nos intente persuadir la relatividad de las culturas es de la irremediable decadencia de hacer faena absoluta, que aunHispanoamérica y hasta de los que el descubrimiento de una Estados Unidos, la verdad está verdad es siempre circunstancial, bien distante. En el caso de los la verdad descubierta es absoluEstados Unidos, más bien en el tamente verdadera. Al renunciar otro polo, y estoy muy lejos de a la razón, Spengler no descubre creer que la América hispánica, la razón de la historia, lo que se de lengua española o portuguesa, llamará en español la razón hissea decadente; más bien sus agitórica, que ve cómo se hace el taciones son síntoma de vitalidad hecho y da razón narrativa de él. -s i se quiere, en muchos casos Esta concepción, grandiosa ¿Es deseo de no olvidar lo valioso, de no mal orientada. pero a última hora naturalista, dejar perder lo que merece conservarse, aundestruye lo más propio e íntimo Lo que sí hay, en Europa y en que sea muy transformado, incluso sustanJulián Marías de la historia. Y esto llevó a la América, es lo que podríamos cíalmente rectificado? ¿O es que se cierne de la Real Academia Española llamar un principio de decadensobre nosotros, de nuevo, la amenaza de la idea de decadencia como algo inevitable en las culturas en cia consentida Lejos de ser decadencia, que explicó en buena parte el su caso, a Occidente. Y esto es lo que pare- irremediable e irreversible, es una amenaza éxito de ese libro, publicado entre 1918 y ce retornar. Lo curioso es que Revel centra aceptada. Porque cuando se mira la historia 1922, a raíz de la primera guerra mundial (y este temor en Francia- -país casi sin deca con ojos racionales- -no racionalistas se de la derrota de Alemania) En el prólogo del dencias a lo largo de toda su historia, si se descubre su carácter creador, inventivo, innoprimer volumen, fechado en 1917, en plena guerra, Spengler escribió: Deseo que este li- exceptúan los últimos veinticinco o treinta vador, inseguro; en una palabra, humano. El bro no desmerezca por completo de los es- años- Y señala algunos rasgos de los que porvenir está en nuestras manos, en las maacostumbramos aplicar a la interpretación de nos de los hombres; será- dentro de las limifuerzos militares de Alemania. España y los países hispánicos: el riesgo de taciones que impone la realidad- lo que queSpengler invocaba como sus antecedentes desaparición como nación independiente; el ramos. Lo grave es que renunciemos a la caa Goethe y Nietzsche: de Goethe- decía- el seguir objetivos inconciliables; defender privi- lidad, que nos contentemos con lo que nos método; de Nietzsche, los problemas. El legios en nombre de la justicia social y desi- sirvan los gobiernos, los medios de comunimayor acierto de Spengler era la reivindicagualdades en nombre de la igualdad; final- cación, los partidos políticos, los poderes ción de la historia y su manera de entender la mente, usar la intolerancia y la mala fe, de económicos; que no nos paremos a distinguir realidad. Galileo había dicho que la Naturalemodo que no se planteen a fondo los proble las voces de los ecos que olvidemos lo za está scritta in lingua matemática. Y la hismas sino como armas de guerra contra el ad- que poseemos, que renunciemos a nuestra toria ¿en qué lengua está escrita, cómo leerversario. Y, lo que es particularmente intere- herencia, es decir, a los recursos con los la? Para él la morfología de la historia universante, insiste en el deterioro de la lengua, en cuales podremos hacer el porvenir. sal se convierte en una simbólica universal. el aplauso de cualquier degradación de ella, Nada de esto es inevitable. Europa y AméTenía Spengler un desprecio sin límites por con el pretexto de que mientras nos comlos filósofos de su tiempo. Es curioso que ni prendemos todo va bien. ¿Cómo se puede rica han creado en más de dos mil quinientos menciona en su obra a los más grandes, Diltdefender el interés y la universalidad del fran- años un repertorio de ideas, métodos, conocihey, Bergson, Husserl, Scheier; por supuesto cés- s e pregunta- con un vocabulario cada mientos, lenguas universales y de alta perfectampoco a Heidegger, posterior a su libro. vez más pobre y una sintaxis cada vez más ción, todo lo que hace posible una vida civilizada, estimulante, generosa, creadora, insePero es implacable en su juicio: Mas si degura, dramática, apasionante, que no cese de jando a estos grandes hombres volvemos la proyectar y hacerse cada día más intensa y mirada hacia los filósofos actuales, ¡qué veratractiva. El Occidente no se ha estancado güenza! ¡qué insignificancia personal! ¡qué en ninguna de sus formas; no ha dejado de mezquino horizonte práctico y espiritual! En I Fabricación Propia de mirar hacia adelante; naturalmente, apoyánvano busco a uno que se haya hecho ilustre dose en su larga memoria, individual e histópor algún juicio profundo y previsor sobre rica; dicho con otras palabras, partiendo de lo cualquiera cuestión decisiva del presente. que es, de lo que se ha hecho. ífesaTV O 65 xO 45 xO 5O- 25.9OO pts. Lo malo es que Spengler, aunque reconoce Mesas deTV, centro, rincón, auxiIiares, consolas, La tentación de hoy- ciertamente estimulala peculiaridad de lo histórico, no es capaz de estanterías, umas. peanas y baño. r medidas especiales j da e inducida desde fuera- es la suspensión comprenderlo adecuadamente. Todo acontede la invención, de la innovación. Y la manecer- dice- -es singular y no se repite nunca. rcálla, K) O j ra de conseguirlo no es ya la detención en Lleva consigo la nota de la dirección- d e l una forma dada, sino algo más radical y efi tiempo de la irreversibilidad. Lo acontecicaz: el olvido y abandono de la propia realido, que es como el producto, que se opone dad; en otras palabras, la enajenación. Creo al producirse, y como el anquilosamiento, que que ésta sería la única manera de que se se opone a la vida, pertenece irrevocableprodujera una decadencia de Occidente, emmente al pasado. Pero, inmerso en el irrapezando por su ruptura, por la separación, de cionalismo de su tiempo, vuelve la espalda a sus dos lóbulos. Pero el Occidente ha puesto la razón: Sólo lo que carece de vida- o lo siempre su vida a la carta de la razón. Y hoy vivo, si se prescinde de su vida- puede ser Víctor de; la Serrf 3; ÍI 2; Tfnos; 458 65 00 04 se sabe ya qué es razón y cómo se deriva de contado, medido, analizado. El intelecto, el Concha. Esi) g 20- íííriós. 250 15 18 61 la historia. Talleres: Arturo Soria, 99- 416 3O 62 sistema, el concepto, matan cuanto cono- T LA SOMBRA DE LA DECADENCIA 1 METACRILATO pSlÍ fltOtOf 9 l