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8 A B C OPINIÓN SÁBADO 23- 5- 87 Panorama SEMANAS SIN DOMINGO H ACE quince años hablábamos de la civilización del ocio hacíamos planes para la que llamábamos cultura del tiempo libre que nos parecía ver acercarse desde un horizonte no demasiado lejano. Et horizonte llegó- o nosotros, como el Ulises, de Tennyson, hemos atravesado tres lustros- y las perspectivas halagüeñas se han desvanecido, cubiertas por una niebla errátil. La gran crisis, de diagnóstico difícil- ¿petróleo, instituciones, ideologías... alumbró en las naciones industrializadas trillizas incorregibles: inflación, paro, huelga. Se trabaja menos que nunca no sólo porque aumenta el paro, sino porque se ha ido produciendo una desaceleración del tiempo de trabajo, una reducción del horario y del calendario laboral (de 1974 a hoy la reducción de horas laborales en la vida de un obrero industrial es aproximadamente de 15.000) Pero ya nadie habla de la cultura del ocio sin saber bien por qué; hay acuerdo unánime en que resultaría irónico y casi insultante pregonar su culto. La Historia y la vida desbaratan los sueños de los individuos y también corrigen los programas políticos. El logro máximo de los movimientos sindicalistas, por el que han venido combatiendo las fuerzas del trabajo y por el que han ejercido la mayor presión social, la reducción de la jomada laboral, ha resultado ser un error, sobre todo al presentarla con el acicate de la solidaridad, puesto que en vez de crear más puestos de trabajo y más tiempo libre ha creado más paro y más inflación. Si la reducción del tiempo de trabajo fuera acompañada de una reducción del salario, las economías no se habrían tambaleado. Pero los occidentales queremos todo a la vez, y así nuestros productos pierden progresivamente competitividad frente a los asiáticos- japoneses y coreanos- que se conforman con ganar poco, trabajar mucho y de propina regalan horas de faena al patrón. Ni virtud burguesa ni valor social, el espectro del trabajo se ha roto, quebrándose en mil pedazos como partículas de un calidoscopio que dan múltiples variantes: el trabajo negro, la chapuza, el temporero, el interino, la actividad volante, la suplencia... por un lado, y el absentismo laboral, el paro y las huelgas, por otro, significan trabajo por hacer, deterioro de la vida comunitaria, degradación progresiva, én vez del progreso, la liberalización y el ocio que nos habían prometido. El mal está en que a la ¡dea bíblica de castigo que conlleva el trabajo se le sumó la idea política de explotación, y el hombre mientras trabaja sufre en su mente las connotaciones dolorosas y constrictivas de un despotismo sin rostro. Habría que considerar el trabajo como valor en sí mismo, como el título máximo de derecho a la vida, de derecho al pan, sintiéndolo así, nuestras semanas- como las de García Márquez- no tendrían domingos, pues sabríamos con preocupación que si no hacemos lo que necesita ser hecho, algo se vendrá abajo, o alguien más solidario lo tendrá que hacer por nosotros. El novelista colombiano el día que no escribe se siente como si no tuviera derecho a comer. Marta PORTAL -Haces unos discursos tan convincentes... Pero ahora olvídate de que eres político y dime algo sincero en lo que creas realmente. Planetario ELECCIONES Y GRAMÁTICA C OMO de verbena pueblerina el arranque la noche del jueves de la campaña electoral. Los socialistas prepotentes y los pedepedistas desfallecientes, marcaban los extremos, ánodo- cátodo, de la débil corriente eléctrica que debe estremecer durante tres semanas escasas a este pueblo cansado que además de estar harto de elecciones empieza a no creer en ellas. municipales porque tiene, además de la virtud para decidir, la condición que decide. La potencia y el acto. Tratemos de explicar la diferencia con un ejemplo. En muy anteriores elecciones el PSOE anunció que crearía ochocientos mil puestos de trabajo. La promesa procedía de su capacidad decisoria. Había tomado la decisión de poner a trabajar a ese casi millón de parados. Lo que le faltaba, y entonces no lo sabían los electores y tal vez los propios socialistas lo ignoraban también, era la capacidad de decidir. Fueron los del puño y la rosa decisorios. No fueron decisivos. Como el mundo es redondo, el mundo rueda decía Bécquer en una de sus rimas. Rodar ha rodado mucho el mundillo español después de aquella promesa de los ochocientos mil, hija de la facultad decisoria. Todos hemos aprendido que para muchas cosas este socialismo de Felipe y Alfonso carece de poder decisivo. Por eso tantas cosas siguen mal, aunque ahora el PSOE esté llenando el país de ilusorios carteles que hablan de las cosas bien hechas ¿Qué cosas? No digamos aquello de averigüelo, Vargas García Vargas, a fuerza de huevazos en su americana de ministro, ya sabe que en la sanidad ni él ni su antecesor han hecho las cosas bien hechas ¿Para qué seguir? Castedo puede prometer y promete que lo decisorio será seguido de lo decisivo si los candidatos del CDS llegaran al Poder. Por eso lo dice, porque esa llegada, por ahora es tan sólo un subjuntivo; es decir, una duda- clara- una posibilidad- dudosa- un deseo- evidente- Las elecciones son para hablar en futuro. No lo olvidemos. Lorenzo LÓPEZ SANCHO A AP le fallaba el láser, cuyas ráfagas azules se perdían por la fachada del Centro Colón y sus banderas y chinchines eran ahogados por las sevillanas de la calle de Genova y la retemblante megafonía del sacro chiringuito colombino que navega por el canal de Jorge Juan. El PDP parecía un puro crespón funeral. Estaba de corpore insepulto No sé por dónde andaría Gerardín al que la desventura de Cary Hart le parece incomprensible, pues cree que política y donjuanismo no tienen por qué llevarse mal. Sólo el compacto Castedo, mínima carrocería, incluso comparada con la también reducida de Hernández Mancha, dijo en la noche inaugural una frase feliz. Nuestra presencia- -la del CDS, claro- dijo es decisoria y decisiva en la vida de la Comunidad. Estamos acostumbrados a que los ministros, como si fueran locutores de la tele hablen mal. Incluso a que sustituyen los pretéritos por subjuntivos, como si lo que sucedió se temiera o deseara que llegara a suceder y otras lindezas de la nunca repasada Gramática castellana. Castedo dijo algo que podría parecer una redundancia: Nuestra presencia decisoria y decisiva. No lo es. Lo decisorio es lo que tiene virtud para decidir. Lo decisivo, en cambio, es lo que decide o resuelve. Significaba Castedo con fortuna semántica, con precisión, que el CDS presenta sus candidaturas autonómicas y