Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EDITADO PRENSA POR ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 23 DE MAYO DE 1987 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ABC van jamás al campo, incluso que no han visto jugar a su equipo ni en la televisión. Por lo tanto, son difíciles de escrudriñar los motivos por los cuales este hecho ha acaecido. Y son muy extraños y posiblemente incomprensibles para las gentes que no conozcan profundamente Cataluña. Pero ahí están. En momentos difíciles fueron bandera de barcelonismo, de catalanismo, si se quiere, de una simbólica fidelidad a unos sentimientos. Pero el hecho es que el Barcelona se representa a sí mismo, y ha sido la gran devoción de cinco o seis generaciones sucesivas de catalanes desde los años veinte hasta nuestros días. Creo que el barcelonismo futbolístico es una de las grandes y respetables lealtades de Cataluña con sus fidelidades elementales, con sus ilusiones que a veces parecen pueriles y son frecuentemente iracundas, con sus éxitos y desesperanzas. A través de años de una historia dramática y adversa esta lealtad ha pasado intacta. Que no era solamente una cosa política, se demuestra que cuando se ha afirmado la identidad de Cataluña, y de sus instituciones, la afición, la pasión y hasta si se quiere la idolatría, no han desaparecido. Bien a la vista está y en este momento, no tan sólo los socios, sino los anónimos seguidores, de quienes, como hemos dicho, a veces no le han visto jugar ni una sola vez mantienen su apasionamiento incesante. El caso del Madrid se me antoja más difícil analizarlo, pero a mí me agradaría que se me permitiera avanzar alguna teoría sobre el madrileñismo, que ahora lógicamente está renaciendo. Porque si alguna de las Comunidades autónomas buscan su identidad, Madrid siempre la tuvo monárquica, irrefutable y firme. Como es sabido, desde que en 1561 Felipe II instaló su Corte en Madrid, la coronada villa se ha ido afirmando por la gracia de la asimilación de los perpetuos recién llegados. Felipe III fue el primer Rey nacido en Madrid, y aunque en REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 280 0 6- MADRID M E pide este tradicional diario algo que para mí resulta muy difícil, pero a la vez es una invitación muy difícil de rechazar: que escriba algunas reflexiones sobre el partido MadridBarcelona que se va a jugar hoy en el Camp Nou. EL MADRID- BARCELONA, NECESARIA RIVALIDAD Ante todo me resulta chocante la elección de mi modesta persona para escribir sobre fútbol. Quiero confesar, porque la verdad vaya por delante, que voy a escribir de fútbol más bien como curioso de las actividades, pasiones, alegrías y desesperanzas de una afición nacional que porque forme parte de ella. Yo, en mi vida, que ya es larga, he visto jugar sólo cuatro partidos al Barcelona, el primero en 1929 por ser más exacto. Y no creo que pasen de la media docena más los encuentros a los que haya asistido. Y no crean los lectores que no me ha interesado el espectáculo multitudinario. He sido crítico de toros, de tenis y de boxeo en tiempos pasados, porque parece ser que el deporte que a mí me fascina es el esfuerzo individual, el problema psicológico, a veces técnico, y, en ocasiones, estético, que representa un hombre enfrentado con su propio esfuerzo. Es el prestigio de la presencia, que interesaba tanto a Jean Cocteau al admirar el prodigioso juego del boxeador panameño Alf Braun en el ring, la maestría lógica e implacable, sobrada de facultades y de inteligencia. Es decir, el elegante misterio de la superioridad. Así pues, el deporte colectivo ha tenido para mí menos emociones y, desde luego, mucho menos interés, a buen seguro de una manera injusta. Pero así es y así me interesa puntualizarlo. Como bien puede imaginar quien lea estas líneas, sólo puedo plantear unas reflexiones sobre la pasión, la rivalidad, el espíritu competitivo y quizá otros más oscuros sentimientos que agitan un partido como el actual entre el Barcelona y el Real Madrid, en un momento de competición por los primeros puestos del campeonato de Liga. Intentaré ser totalmente objetivo. Y para ello quisiera aludir a las aficiones peculiares de dos ciudades y lo que ve cada una de ellas en su c ub respectivo. La historia del Fútbol Club Barcelona, como la mayoría de entidades deportivas tradicionales, nació de la práctica del deporte por algunos entusiastas del deporte. En principio he de decir que el Barcelona no pretendió representar Cataluña, ni satisfacer el menor espíritu de autonomía. No era otra cosa que una estricta agrupación deportiva. Luego, los barceloneses y muchísimos catalanes lo han escogido como su ilusión simbólica. Conocemos apasionados- que no son, por cierto, los menos vehementes- que no los años de 1601 a 1606 ordenó trasladar la capital a Valladolid, luego retornó la Corte a su Madrid natal. Bajo el reinado de su hijo Felipe IV nace, firme, el madrileñismo. Cincuenta años más tarde, en 1558, ya Alonso Núñez de Castro, cronista de Su Majestad, escribe un libro Sólo Madrid es Corte obra que yo releo con curiosa complacencia. Ingenios madrileños cordiales, humanos, espontáneos, que van de Lope de Vega a Tirso de Molina, afirman literariamente el madrileñismo que luego será popular, constante y tenso, a través del siglo XVIII, el XIX y lo que llevamos del XX. Una de las elecciones selectas del madrileñismo ha sido, a su vez, elegir al Real Madrid como su mayor equipo representativo. Esta elección no ha ido teñida del dramatismo que las visicitudes políticas y las catalanas han puesto en el Barcelona. A veces se me antoja que la pasión por el Real Madrid tiene algo más de lúdico y castizo que las fidelidades deportivas y entrañables de los barcelonistas. El caso es que los clubes son también muy distintos: llenos de avatares en sus directivas, el Barcelona, democrático y mediterráneo- sólo el actual presidente del Barcelona y su predecesor, Agustín Montal, han acabado sus mandatos desde la fundación del club- contrasta con el peso específico que han tenido los presidentes del Madrid. Pero por encima de todo ello, yo quiero ver como elemento esencial la competencia deportiva, la calidad del juego; lo importante en cada caso para sus seguidores es el deseo que sean los mejores en una empresa en la que depositan una serie de ilusiones dentro y fuera del deporte. Por esta razón es justo, creo yo, exigir que estas ilusiones se desarrollen con dignidad, con la mayor estabilidad ética y emocional. Se trata del hecho de competir dos equipos que se tienen por los mejores de España y que posiblemente lo son a través de varias décadas. Elegirse como rivales es una manera de honrarse, justificando a veces los excesivos apasionamientos, las mutuas y divertidas- para un observador desapasionadoacusaciones, polémicas e incluso invectivas. La afición casi ritual, un punto fanática, hacia un nombre y a unos colores. A dos ciudades y a dos maneras de interpretar, incluso esta asociación que es el fútbol: asociación de juego y asociación de hombres, de seguidores, de entusiastas, de apasionados. Esta mezcla a veces convierte los simples juegos en verdaderos, intactos e intachables símbolos. Juegue la pelota, pues, para angustia y alegría- una mezcla tan grata al español sentado- de las aficiones de tan distintas y vibrantes ciudades, con la rivalidad necesaria de sus campeones. Néstor LUJAN PRINCIPE DE VERGARA, 29 I MADRID I