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PELÍCULAS FIN Primera sesión Viernes cine Largometraje especial Richard Carlson, Deborah Kerr y Stewart Granger comentan las incidencias Lizza Minnelli está casi tan bien como Nueva York en este filme de amor y desamor de Martin Scorsese. Esta es una de sus dos mejores interpretaciones Peter Falk sobresale entre la corte de macedonios y ladrones Las minas del Rey Salomón Director: C. Bennett y A. Marton. 1950. Color. Noventa y ocho minutos, a las cuatro y cinco, Primera Cadena, en Primera Sesión New York, New York Director: Martin Scorsese. 1977. Color. Ciento treinta minutos. Hoy, a las diez y veinte, por la Primera Cadena, en Viernes Cine El filo del cuchillo Director: Abner Biberman. 1966. Color. Noventa y dos minutos. Sábado, a las siete y media, por la Segunda Cadena, en Largometraje Especial Fue, en su día, esta película- segunda, y mejor, de las varias adaptaciones cinematográficas de la novela homónima de Rider Haggard- un auténtico hito del cine de aventuras africanas, y aunque hoy haya perdido parte de su atractivo original, sigue siendo, especialmente para los espectadores maduros y proclives a la nostalgia, pero también, sin duda, para los más jóvenes, un más que grato pasatiempo, aunque ciertos efectos especiales dejan ver la trampa y, en momentos concretos, el decorado de estudio se alie mal con los exteriores naturales. Obra de dos realizadores, cabe achacar a Andrew Marton las escenas espectaculares, mientras Compton Bennett se habría limitado a dirigir a los actores en las intimistas. Y ello debido a que Marton ha sido, fundamentalmente, un director de segunda unidad a quien se deben, entre otras hazañas, la legendaria carrera de cuadrigas de Ben Hur que firmara William Wyler. En cualquier caso, la puesta en escena es, ante todo, funcional, lo que, acaso, contribuya a que quede demasiado al descubierto la ingenuidad de la trama y lo que los personajes tienen de excesivamente elemental. Encabezan el reparto Stewart Granger, un mediocre actor que, en el cine. de aventuras, lograba resultar convincente, y alcanzó incluso- auténticos triunfos personales, como el de Scaramouche y una Deborah Kerr sin duda demasiado elegante en todo momento, pero que hace buena apareja con su oponente. Los demás se limitan a cumplir. 124 ABC Allá por los años cuarenta- concretamente en 1942- se realizó una película que firmaba el rutinario Archie Mayo, titulada entre nosotros Viudas del jazz que contaba la dificultad de las mujeres de ser esposas de los mejores miembros de una orquesta, que en la ocasión era nada menos que la del legendario Glann Milles, que aparecía personalmete en el filme, interpretándose a sí mimo. Treinta y cinco años después, Scorsese, a partir de un guión de Earl McRauch y Mardik Martin, ha vuelto sobre el tema, centrándolo, esta vez, en una sola pareja, y situando la acción, más o menos, en la época del título primigenio Muy mal acogida en sus momento, la película, que indudablemente tiene baches narrativos, ha ganado, no obstante, con el paso del tiempo y es, vista hoy, un notable retrato de una época, de unos ambientes, a la vez que una pasablemente patética historia de amor y desamor, en la que una puesta en escena acaso demasiado pulcra en aras de su afán de estilización ofrece, con todo, hermosas imágenes- firmadas Laszlo Kovaks- y un espléndido trabajo de cuantos componen el reparto, con Robert de Niro, actor- fetiche del realizador, a la cabeza, y una Liza Minnelli que nunca, salvo quizá en Cabaret ha estado mejor y que, por más de un motivo, recuerda a su insigne progenitora, la sublime Judy Garland. Lamentablemente, a juzgar por el metraje que indica TVE, la versión que veremos es la abreviada en la que falta un esplendoroso número de casi veinte minutos de duración, De hecho y aunque el filme, en su día, fuera exhibido en salas comerciales, incluso en Estados Unidos, la película es el episodio piloto de una serie televisiva titulada Los procesos de O Brien que, salvor error, no llegó a emitirse en España y que, en cualquier caso, tuvo corta vida en su propio país, y en ella Peter Falk, que luego sería. el supérpopular detective Colombo, encarna a un abogado cuando menos peculiar que, en esta ocasión, es contratado por unos ladrones para ayudar a un oficial macedonio a recuperar una joya que le fue robada a su Gobierno en su día. Planteada con cierto sentido del humor, la aventura, en la que no falta la correspondiente dosis de intriga, con abundancia de muertes violentas, está narrada sin especial fortuna por Abner Biberman, un realizador al que no hay que confundir con su casi homónimo Herbert Biberman, autor de aquella película mítica en el campo del cine comprometido que fue La sal de la tierra Es, en suma, una modesta pieza de entretenimiento, que cumple con sus no menos modestos propósitos, sin más, y que, a falta de cosa mejor que hacer, se deja contemplar sin fastidio. Su mayor atractivo es el reparto, sobre todo en lo que hace al protagonista, que más adelante, además de la serie citada, haría divertidas películas semipolicíacas como Un cadáver a los postres y Un detective barato Le acompaña, entre otros, un David Carradine joven. Y el principal papel femenino, el de la esposa del abogado O Brien, está a cargo de la injustamente olvidada Joanna Barnes. VIERNES 22- 5- 87