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ABC, pág. 48- TRIBUNA ABIERTA -VIERNES 22- 5- 87 OS titulares de los periódicos, raro es el día; recogen opiniones, calificaciones, críticas y hasta vituperios y, en definiti- va, cuestiones relativas a los jueces a la judicatura a los Tribunales y a la Justicia, con minúscula y con mayúscula. La indignación del hombre y de los entes sociales contra los atropellos vestidos o no de razones de todo orden es justificable; contra la imprudencia o impericia se entiende y justifica; e igualmente sucede contra las conductas minimizadoras de las normas que rigen los más esenciales alojamientos de la convivencia en democracia. Pero aun sentado todo esto, no puede justificarse la perseverancia con que se acosa a los servidores de la ley, y menos aún el que las calificaciones se generalicen de manera tan inconcreta que afecten a todo un colectivo, se quiera o no, y sea éste de la naturaleza que sea; y cualquiera que fuese su adscripción ideológica, y sobre todo cuando todos los errores políticos se justifican y silencian, procedan de donde procedan. ¡Y se agiganta la demagogia de las razones! El protagonismo polémico que se ha atribuido a los miembros de la Magistratura deviene de la politización- naturalmente, orgánica para unos y naturalmente política para otros- en que se ha situado a su máximo órgano de Gobierno, que constitucionalmente, está configurado como un poder del Estado autónomo y, por tanto, independiente. Primero se comenzó el tema, cuestionando la conformación del Poder Judicial interpretando los artículos 112 y siguientes de la Constitución; tema éste que quedó zanjado por el Tribunal Constitucional, acepte uno, ad intra o no, las tesis y la hermenéutica que justifica la sentencia con que concluyeron- d e momento- los conflictos que el Poder Judicial a nivel de su máxima representación entonces, planteó al poder legislativo y por ende hoy, al poder ejecutivo Era esperable, infortunadamente, que próxima la política a la configuración estructural de uno (del concebido como independiente) Poder Judicial, se multiplicasen las exigencias, las opiniones, los criterios y, desgraciadamente, las calificaciones de quienes son la efectiva tutela de los ciudadanos y del Estado nacional. L FE, JUSTICIA Y LIBERTAD El problema, ingrato para el lector de periódicos y revistas y para el radioyente o televidente, se pone de manifiesto en forma que se destacan en titulares de todos los medios informativos: Ultimátum de los jueces vascos al Consejo del Poder Judicial El Poder Judicial ampara a los jueces frente a la intromisión política de dirigentes socialistas los policías arremeten contra los jueces el ministro de Justicia defiende a los jueces vascos se critica duramente al Poder Judicial etcétera. Unidos todos estos titulares a editoriales y comentarios de todo orden, que aderezan desgraciados incidentes puntuales, nada deseables desde ningún punto de vista e impropios de la mesura y ponderación que toda autoridad conlleva. Pero lo cierto es que todo ello y otras muchas cosas, como los comentarios sobre el ya pasado caso de la titular del Juzgado de Instrucción de Bilbao o la de Granada, lo qué desvelan no es- que no existan constitucional- bres cuando aún existan muchos capaces de auxiliar en este difícil momento. Si es prePor Ramón HERMOSILLA ciso, incluso, rectifican- do. Y acudiendo, si mente condiciones marco, objetivas, para po- preciso fuere, a la consulta popular nacional. No es el momento de concretar estos ner las cosas en su punto y respetando el derecho a la información y el de libertad de ex- puntos, de los que hay que arrancar, pero sí presión y crítica de ciudadanos e instituciones para decir que la conexión del ministerio fisde todo orden, sino que lo que sucede es cal y el Ejecutivo no deben en ningún caso quees necesario que se propicie el normal mermar la independencia funcional del Minisfuncionamiento de las instituciones en que se terio Fiscal, que sufre, también, tantas veces, encarna la Justicia. ¿Cómo? Mediante la los embates de las alas de los conflictos, creación y desarrollo de unos cauces de ex- como muelle. Potenciando el consejo fiscal presión de los poderes públicos que tran- de tan antigua implantación y raigambre; y quilicen al ciudadano español y no le hagan todo ello sin desconocer la inestimable apot sentirse perplejo como en una partida de tación que los demás órganos colaboradores ping- pong en que de un lado estuviese provinciales y nacionales de la Justicia, como una parte del Estado y de otra, otra parte función, de uno de los poderes del Estado, del Estado y, por fin, de arbitro un ter- deben significar. Sin esas soluciones, el detecer poder sujeto al plácet político o popular rioro de la convivencia será notable porque o de los medios informativos que, traspasan- los enemigos reales están haciendo imposido los niveles de la libertad, tuviese, per ble, con la constante muestra de todo tipo de se el derecho de pedir, exigir, criticar o con- influencias y de violencias, el efectivo dereculcar las reglas de todo el sistema ordenado cho de las libertades que propugna la Constien una especie de vocerío, cuyo eco debiera tución, cuya interpretación es polémica, y que producirse atronadoramente, exigiendo, pri- comienza con la protección a la vida, desde mero, la coherencia y el orden a quien invoca su origen hasta la muerte. Sólo así tiene una la necesidad de su tutela y desconociendo la justificación social, trascendente y plena, la necesidad de los medios humanos y materia- potestad de Gobierno y la encarnación de la les de todo orden que para el desempeño de autoridad de conducción de los poderes pútal función jurisdiccional (que conlleva, desde blicos y del hombre, cuya dignidad es princiluego, la de reprimir sus propios excesos, de- pio y justificación de toda civilización. Sólo así es posible que el Estado de Derecho se fectos o deficiencias) son necesarios. apoye en su base fundamental que es el norLa Justicia es, con minúscula y con mayúsmal funcionamiento de la Justicia, guardando cula, un pilar del Estado. Preservar la paz soestricto respeto a los derechos individuales, cial no es sólo una función constitucionalmendel que el más importante es el de descansar te obligada, sino cívicamente imprescindible. en la fe de un sistema judicial alejado de caliSus prioridades son evidentes; su improvisaficaciones, epítetos, intencionadas calificacioción- por ejemplo, la sustitución de personas nes degradatorias individuales, sospechas e experimentadas por personas a ensayar, por imputaciones que destruyen lo más profundo necesarios que gradualmente sean- es un del ser social y colectivo en que el hombre, riesgo que, además, se produce en un moeje y destino de todos los Estados democrátimento en que existe una crisis profunda. Porcos, debe asentar su vida y su proyección fuque si crisis es que el Estado, concurrencia tura. Y ello con la seguridad de que imperará de tres poderes del que uno es arbitro, dos sin domesticidad alguna el triple lema que hide ellos no puedan facilitar a este último las cieron famosos los romanos y que tradujo Cinormas, los cauces y los instrumentos para la cerón al hacer de los jueces en esta magisnecesaria defensa de la ciudadanía, fuera tral frase: Veré dici potest, magistratum esse ésta de la ideología que fuese, con la dignilex loquens; lex autem mutus magistratus dad que la excelsa función de juzgar (incluso (puede decirse en verdad que el magistrado para autocorregir a través de sus órganos naes la ley parlante; la ley, en cambio, el magisturales, sus humanos o funcionales defectos) trado silencioso) Y ello será porque, como la existencia de crisis del sistema es un hedecía el insigne romano, en De Officiis El cho evidente. Hecho del que han de ocuparfundamento de la Justicia es la fe se, abandonando ya a un lado las disquisiciones que por teñidas dé concepciones tan Es, pues, urgente solventar la crisis de fe dispares han dejado de lado las necesarias en la Justicia. Para ello las líneas maestras soluciones, que no pueden ser otras que, sin- pasan, a mi juicio, por cuanto he indicado. Si téticamente, las siguientes: así no fuera, es urgente abordar la crisis, robusteciendo la fe en la Justicia por cuales 1. Aceptar la existencia de una crisis. 2. Aprestarse a la reparación de ésta me- quiera otros caminos hábiles, no políticos y diante un diálogo constructivo, dentro del no arbitrarios. Todo el Estado de Derecho se fundamenta marco constitucional. 3. Dar unas soluciones que no pueden en esa inconmovible fe en la Justicia, porque ser más que oír a los órganos máximos en tanto la seguridad espiritual como la física y material penden de aquella confirmación posique se encarna la función de juzgar a través del Consejo del Poder Judicial y de las aso- tiva que enuncia el viejo aforismo: Extra iusciaciones profesionales, autorizadas para pro- tam civitatem nulla est securitas (fuera de la piciar que los otros poderes del Estado (legis- Justicia la seguridad es nula) Y, sobre todo, porque alguien dijo que persona desde su polativo y ejecutivo) establezcan la necesidad de posibles nuevas regulaciones de orden es- sible origen- -nasciturus- es un hombre dotructural y funcional y dotar a este puntal de tado de estado legal. He ahí la gran necesidad de la fe en la Justicia, binomio inseparaEspaña de los medios que efectivamente neble; porque sólo en él radica la esencia de la cesita sin despilfarrar el capital de experienlibertad. cia que supone el tener que improvisar hom-