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VIERNES 22- 5- 87- OPINION -ABC, pág. 19 EAN cuáles fueren en su última raíz las razones por las que don Osear Alzaga ha dimitido de la presidencia del PDP y por las que además anuncia, para después de las próximas elec ciones, que renunciará a su escaño de diputado, cosa será de lamentar que el conjunto de las circunstancias políticas actuales favorezca la retirada, la pérdida para el juego político plural, de personalidades tan avaladas de prestigio profesional y tan capaces. Y aunque no se trate de episodio insólito porque los de esta naturaleza son normales en las democracias, no por ello dejan de significar la creación de vacíos personales no fáciles de llenar. Osear Alzaga es un político serio, capaz, equilibrado y prudente. Es, además, un gran jurista y un hombre recto y honrado. Su brillantez intelectual sobresale de la mediocridad general La retirada del señor Alzaga obliga, sin embargo, a recordar datos precedentes de alcance inevitable. Cuando el PDP, luego de las últimas elecciones generales, produjo la ruptura política de Coalición Popular separándose incluso parlamentariamente de ella, pese a haber conseguido sus votos en listas cerradas de la Coalición y no propias, la reacción de la opinión mayoritaria no fue favorable y prevalecieron manifestaciones de censura. Desde estas mismas columnas- y dejando naturalmente a salvo la libertad de decisión política de cada partido- se señaló previamente hasta qué punto parecía evidente la necesidad de no romper Coalición Popular: la conveniencia de mantenerla como la base más ancha del contrapeso político que la hegemonía socialista requiere. Pero la separación cristalizó. Nueva ocasión para que se ahondase la discrepancia surgió en la moción de censura planteada por Alianza Popular, que no fue secundada en la votación por el partido del señor Alzaga. Y en posteriores episodios políticos se ha mantenido, ya enconada, la rotunda oposición entre los que fueron aliados. Cuando AP presentó co mo candidato a la alcaldía de Madrid a un político procedente del PDP, el señor Alvarez del Manzano, la presentación de otro candidato del PDP, el señor S LA CRISIS DEL PDP González Estéfani, provocó la indignación, justificada, del centro derecha. E Todos estos episodios han contribuido al deplorable fenómeno de la división de la derecha: es decir, de la natural integración o entendimiento entre partidos distintos cuyas afinidades ideológicas son mucho mayores, en definitiva, que sus divergencias. Y que en cualquier caso o b t e n d r í a n m u c h a mayor asistencia electoral coaligados que en insolidaria comparecencia. A este planteamiento se ha negado el PDP. Y ante la retirada de Alzaga forzoso es deducir que el partido no tiene ante sí horizonte. Y que ha perdido, además, alguna importante coordenada de equilibrio interno. L 75 aniversario de la muerte de don Marcelino Menéndez Pelayo está transcurriendo en medio de un sorprendente silencio. Sorprendente e injustificable. Por eso, Julio Caro Baroja, personalidad de tanta independencia como prestigio, se ha visto obligado a analizar tan anómala reacción desde la Tercera de ABC (20- 5- 87) Evocaba en su artículo el eminente antropólogo los largos años de forzado unanimismo que España ha vivido entre 1939 y 1975, y comprobaba con dolor la vigencia entre nosotros de las consignas y de los silencios en 1987, diez años después de las elecciones generales que alumbraron el primer Parlamento democrático tras cuatro décadas de a u t o r i t a r i s m o SILENCIOS L margen de los intereses de partido, cabe esperar que las tendencias de voto refuercen la estabilidad de las instituciones en la triple elección del 10 de junio. No son pocos los que piensan que convendría evitar el predominio hegemónico de un partido, tentado de perpetuarse en el poder. Porque la democracia sería, a plazo no largo, la primera víctima de la falta de alternativa. Para que ésta se produzca es necesario que las fuerzas de centro y derecha- representadas hoy fundamentalmente por Hernández Mancha, Jordi Pujol y Adolfo Suárez- -encuentren fórmulas de entendimiento cuando, se aproximen las elecciones generales de 1990. En los últimos meses el socialismo parece perder terreno: el liderazgo de González y los resortes materiales del poder no han compensado el proceso de vaciamiento ideológico, de rectificaciones y silencios, sólo difuminados por la utilización abusiva de una televión en monopolio, cuya permanencia cuartea a ojos vistas el edificio democrático. Alianza Popular tiene ya un mayor número de sedes en España que el PSOE: pero un partido no es sólo maquinaria. En el caso de AP urge ahora más la claridad ideológica que la definición del liderazgo. Porque la mayor coherencia del programa constituiría su gran fuerza. Las limitaciones regionales de Pujol, la fragilidad del CDS- partido que descansa en la popularidad de su líder- y el prolongado esfuerzo necesario para, caso de AP, hacer un gran partido en la oposición, son hechos que, por ahora y mientras no cristalicen, coordinadas, las fórmulas de centro y derecha, favorecen al PSOE. A EMPIEZA LA CAMPAÑA Presidente- Editor GUILLERMO LUCA DE TENA Director LUIS MARÍA ANSON Director de ABC de Sevilla Francisco Giménez- Alemán Subdirector: Antonio Burgos Subdirectores D. Valcárcel, J. Vila, J. Javaloyes, M. Adrio. R. de Góngora. J. Amado ABC Jefes de Redacción: J. A. Gundtfi (Continuidad) J. C. Azcue (internacional) B. Berasátegui (ABC literario) A. Fernández (Economía) J. I. G. a Garzón (Cultura) A A- González (Continuidad) R. Gutiérrez (Continuidad) L. Lz. Nicolás (Reportajes) C. Maribona (Continuidad) J L Martin Descalzo (Sociedad) J. Olmo (Edición) L I. Parada (Suplementos Económicos) L. Prados de la Plaza (Confnudad) C. 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Ahora las consignas y silencios llevan el pie cambiado, decía Caro, pero s i g u e n siendo y significando lo mismo, esto es, el rechazo del pensamiento libre, la anulación de lo distinto, el triunfo del nuevo analfabetismo. Hay miedo al poder: al poder político y a cualquier otra expresión del poder: el académico, el periodístico, el profesional. Y porque hay miedo- decimos nosotros- y porque hay incultura- debemos añadirno se vacila en silenciar un nombre egregio. El espectáculo es ciertamente penoso. El autor de Orígenes de la novela o de la Historia de los heterodoxos españoles o de Horacio en España fue un genio, un prodigioso ordenador de una generación aún no descubierta que en poco más de medio siglo de vida creó una obra ingente, que ha acumulado sobre España y su cultura, y sobre toda la cultura occidental, una información de tal magnitud que- -para continuar diciéndolo en términos informáticosaún dista de haber sido enteramente procesada. ¿Qué se pretende desconociendo a Menéndez Pelayo? ¿O sucede que no es autor de las preferencias del poder? Nos permitimos ponerlo en duda, aunque sólo sea por respeto al electorado socialista. Menéndez Pelayo fue un gran conservador, de talante inequívocamente liberal, que creía- era su derecho- en una idea, católica, de España. ¿Habrá que recordar que el conservadurismo liberal es una de las ideologías vertebradoras de la Europa actual? ¿Debemos mencionar a T. S. Elliot, Prancois Mauriac, Thomas Mann, Rainer María Rilke, Marcel Proust, Gilbert K. Chesterton, Gustave Lanson, Bernard Shaw, o entre nosotros, por citar un solo nombre, a José Ortega y Gasset? Quienes callan, ¿ignoran- o desprecian- -la significación de Dalí, de Menéndez Pidal, de Vargas Llosa o del Borges por no ser lo bastante izquierdistas? Un tufillo de pseudoprogresismo y de incultura es el triste olor que emana del silencio tejido en torno a uno de los gigantes de la mejor España. Ninguno de los grandes españoles del siglo le regatearon jamás la admiración o el elogio. Los mediocres, sí. Ellos, sí. Y, al parecer, tienen mucho que decir en esta hora silenciosa.