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VIERNES 15- 5- 87- SUCESOS -ABC, póg. 77 Asesinados otro policía y un vigilante durante dos nuevos atracos enMadrid El agente fue rematado a tiros cuando se hallaba en el suelo Madrid. Ricardo Domínguez y José Luis Semprún Cuando aún no se han apagado los ecos de la muerte del policía Antonio Sánchez Tornel, asesinado por tres atracadores en un club de carretera de Moraleja de Enmedio, se produce un hecho semejante en la persona de Mariano Mateo Sanz, de treinta y un años, agente del Cuerpo Nacional de Policía. A últimas horas de la noche, fallecía también en Madrid un vigilante jurado como consecuencia de los disparos de dos atracadores. En el primero de los sucesos también resultó herido de carácter leve a consecuencia de un golpe en la cabeza otro agente del mismo Cuerpo. Sobre la identidad de esta persona, las fuentes informantes guardan mutismo por obvias medidas de seguridad. El escenario donde cayó mortalmente herido el policía Mateo Sanz es el pub Balandros, situado en el paseo de Santa María de la Cabeza, 67, donde al filo de la una y media de la madrugada del miércoles al jueves irrumpen cuatro individuos que, estratégicamente, se sitúan en diversos lugares al objeto de tener cubiertos todos los puntos del local y dominadas a las quince personas que en aquellos momentos se hallaban en el mismo. De cualquier forma, estos nuevos clientes no darán muestras de sus intenciones hasta instantes después, en concreto cuando uno de los camareros les sirve las copas que previamente han- pedido. Es entonces cuando los desconocidos- uno de ellos es de alta estatura y muy delgado- extraen de sus bolsillos unas medias de mujer con las que se cubren el rostro para, acto seguido, sacar también de entre sus ropas diversas armas, tanto blancas como de fuego, así como un taco de billar. intentan desesperadamente detener aquella locura. Los secos estampidos de los disparos resuenan por todo el establecimiento rasgando las balas el aire de un lugar a otro. En la penumbra del pub pueden distinguirse claramente una serie de fogonazos como si de fuegos artificiales se tratara. Los gritos enmudecen. Cada cual logra ponerse a salvo como buenamente puede. El vigilante jurado murió al ser alcanzado en el pecho por los disparos realizados por dos individuos sanaron con su víctima. En el tiroteo él agente cae herido- según ha podido comprobarse posteriormente, tenía ya agotada la munición de su pistola- momento en que se cree es aprovechado por los asesinos para rematarle en el suelo; cuando es recogido el cadáver el forense cuenta en el cuerpo hasta ocfio impactos de bala. La sed de sangre de los maleantes parecía no haberse acabado con este cruel crimen ya que, según testigos presenciales, tras la muerte de Mariano, y mientras arrebataba violentamente la cartera a un cliente, el individuo que portaba el taco de billar gritaba: ¿Dónde está el otro poli... ese hijo de p... ¡Hay que matarle! El agente Mateo moría veinticuatro horas después de que otro policía nacional, Antonio Sánchez Tornel, cayera abatido por las balas de otro atracador. En ambos casos las víctimas se encontraban libres de servicio, como también ocurriera el pasado mes de abril con el policía municipal Florencio Aldovera Carrasco, al que un maleante, que más tarde fue detenido en Gerona, le asesinara de una puñalada en el corazón, cuando intentaba detener a aquellos dos individuos que, días antes, le habían robado a punta de cuchillo 10.000 pesetas en un cajero automático de la glorieta de Ruiz Jiménez, en el distrito de Chamberí. Mariano Mateo, soltero, había ingresado en el Cuerpo en abril de 1978. Era natural de Segovia, ciudad en la que hoy, viernes, recibirá cristiana sepultura y en la que será instalada la capilla ardiente. El sepelio partirá del Instituto Anatómico Forense de Madrid, en cuyas dependencias permaneció el cadáver para serle practicada la autopsia. La muerte de Mariano Mateo es también desgraciadamente una más de las que se han producido en Madrid por causa de la inseguridad ciudadana desde primeros de año. Es, como decíamos al principio, un eslabón más de esa larga cadena de víctimas, entre las que se encuentran el estudiante de Moratalaz, el hermano de Antonio Gades, el farmacéutico del barrio de Bilbao, y otro, y otro. Y otro... Se agota la munición Llegará un momento en que a uno de los policías, el amigo de Mariano, se le agote la munición, instante en que se agachará para comprobar las vainas en el tambor de su revólver. Esta distracción será aprovechada por uno de los maleantes para asestarle un fuerte golpe en la cabeza con el taco de billar, causándole una impresionante brecha por la que manará abundante sangre. Sin embargo, el agente reacciona y golpea con la culata un brazo del maleante para, acto seguido, echar a correr por la puerta de emergencia en dirección a la calle con la intención de buscar refuerzos. Cuando el agente regresa al local, tras haber alertado al 091 desde un teléfono cercano, todo habrá terminado. Los asesinos, quizá uno de ellos herido, escapan en una furgoneta. Desgraciadamente, este nuevo asalto, que es sólo un grano más del largo rosario de atracos que padece la ciudad, se habrá cobrado una nueva vida. En esta ocasión la del agente Mateo. La muerte de Mariano Mateo fue una especie de ejecución ya que los criminales se en- Confusión y pánico Confusión general. Gritos y muestras de. pánico en más de uno. Y puede que también incredulidad de alguien, a la que su mente engañe y confunda la realidad del momento con la ficción de un filme. Pero aquello, desgraciadamente, no es una película. Y entre los clientes, dos policías: Mariano Mateo y otro agente que, como el anterior, está adscrito al personal de la Comisaría de Arganzuela. Y con ellos, una amiga. Los agentes, al principio, quedarán tan estupefactos como el resto de la clientela, aunque pronto reaccionarán. El compañero de Mariano da un grito: ¡Alto, Policía! al tiempo que saca su revólver... Todo es visto y no visto. El funcionario logra sujetar la mano de uno de los asaltantes que también empuña urt revólver y hacer que el arma apunte al techo. Entretanto, Mariano intenta infructuosamente ayudar a su compañero... El asaltante al que el otro agente ha logrado prácticamente reducir pide ayuda a gritos a sus cómplices, uno de los cuates se encuentra en aquellos momentos parapetado tras la barra, al tiempo que amenaza de muerte a un camarero para que le haga entrega del dinero. El delincuente, al oír las voces del otro criminal, hará uso de su arma y se entablará un tiroteo. La confusión y el miedo llegan a un punto límite y se trastocan en histeria colectiva, sólo paliada por las voces de los agentes que, de nuevo, a los gritos de lAlto, Policía! Llanto en el entierro del agente asesinado en Moraleja Madrid. V. Sánchez En medio de un clima de dolor y llanto contenido fueron inhumados ayer en el cementerio de Carabanchel los restos mortales del policía nacional Antonio Sánchez Tornel, asesinado a tiros por tres individuos en el transcurso de un atraco perpetrado en un club de Moraleja de Enmedio. Acompañando la comitiva se encontraba Maite, esposa del agente Tallecido, sus hijos Antonio y Rubén, y los padres de Antonio, además de sus hermanos, todos ellos visiblemente emocionados, pero a la vez dando muestras de una gran entereza de ánimo. Antonio, el hijo mayor, de once años. mantuvo entre sus manos la gorra de su padre durante todo el sepelio sin derramar una lágrima, sirviendo de consuelo a. su madre y a sus abuelos. En unos grandes almacenes En la tarde de ayer volvía a correr la sangre en la capital, cuando un vigilante jurado, Lino Goas Vidal, que realizaba su trabajo en las Galerías Sepu de la calle Virgen del Sagrario, cayó mortalmente herido al ser alcanzado por los disparos efectuados por dos atracadores. J l suceso tuvo lugar sobre las siete y me- día, cuando Lino Goas, de treinta y cuatro años, recibió en el pecho dos impactos de bala disparados por dos individuos que asaltaron el establecimiento. Aunque fue rápidamente trasladado al Hospital Provincial, falleció a los pocos minutos. Fuentes policiales no habían conseguido averiguar, a la hora de cerrar esta edición, si los atracadores habían conseguido botín alguno.