Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
AL LORO U A N D O- nucip- o disciVt x i l i i- un mjindo ira tiblf Ijinrií i lcnianicnKun pialo ctínirví l; t patcd, y la i L í T i i j Chposa. no queriendo qm- ÜJirsíle ainis. pn seclM con i ual xiolonnd un p; ii df plauís coniíJ el l í c h i i V cu. indii irav los pla van las íuciUcs, v tras 3 l u c n i o s las soperas hasia que ni en b nio jJ ni en el apnl a d o i qucd; i una sola pieza de l o M iniaaa. no Í C crej que ci m a n d o es un invcní alo ni ta niujcT una loca. A l conirario. El alcprc deporte que acabamos de describir, pcTmiiicndi les a ambos dcNcarftar en uni. i5 cuanlos golpes rápidos deosivos t o d a la energía c l c c i r i c u que se había acumulado en sus pei ona i. les asegura, al parecct. mucho mejor que mni- un mcdicameniit, la pvríccla cx nscn- anón de su equilibno mcnlal y neI oso. -N o se f i e n u s i c J o s d e l hombre que nunca híi rolo un HUMOR C Antología del humor LA CURA DEL PUERCO ESPIN Por Julio CAMBA pliilo- d i c e n ni efcclo. los psiquiairas, quienes (honni ioit gur mal V pcns no c- -de supív ner p r e c i s n m e n i c que c s t c n subvencionados pnir los iabricanies de vajiLla- Si no se rompe alpun pialo de vcü en cuando, no se les da S IIJ 7 a los ncr nos. y si no se les da solaz a k s nervios, acaban por formariC en la subconsciencia una icne de compleius que convierten al niAs pinTado en la pcür persona del mundo. V. p, iía e il. ji eijuivocos, los psiquialí. is añaden que el precio de los píalos a romper debe eslar en relación direclj con IÜ lortuna liel que lo romT a, porque, de crtro modci. sena i g u j l que SI cstri perdona no rompiese absolulumcnle nadií, Ls deKXT. que los millonano e equi -ucarian p- r completo si acar Cinisen l a i l u s i i n d e p o d e r aliviar sus ataques nerviosi s haciendo añicos cada día un. i v a j d l i i de 4 CMI o 3l Ml peseTas. No. Estas vajillas se quedan pjra los híípares de la clase media, en donde rto siempre son fácdcs de reponer, eJ millonario que m se argüe, por ÍJ menos, unas cuanlas piezas de Sevies o de Sajorna, no loprará nunoi evitar la conpcstión que e ha llevado a tantos de dios al otro mundo A l i o r d elcvanilo esta leona del terreno domcslicu al terre- no internacjonal v vieridu cómo ios lii mbres se C i j n lirando hoy unos a oíros, no VÜ los platos ni los apara di) ti. üinn hasla las propias catedialcs a la e j bcza, ¿cabe pen ar el que scmeianie pioci dimienlí s i r v j leaimenic para i: alm; Lr su. s neiVios V disipar sus rencores l í rque- -haciendo cas omiso, como SI ello no luvierj U menoi imporlancia, de la relaCJí n uuc debe línisiir siempre cnTic ios remedios y las cnleimedades- lo que yo me temo es que Ocurra p r e c i s a m e n i e lodo Lo contrario v que. al final de esta sa irapatieslu. cuando se quieran restañar las hcndas de un mundo ma. s c n jido de ixlios y de bavoncías que nunca, la tarea no oírezca menos dificultades de las que ofreceria, por ejemplo, el ponerle un emplasto a un puerco espin. (ABC. ie- 5- 1944) N la noche, a o c o t. una puL- na golpea. Esc portazo inesperado y ditílsinie ha i n t e r r u m p i d o el denso silencio de La madrugada en sel a. P. ircce una puerta hállenle que rebota y deja un ect de súbita violencia. Oira vez la nada ii ca ciilab e. Vuelve la t S curidad a transcurrir sm sonidos. Pero de pionlo se o e de nuevo como un puctla percute e n un l u g a r i r t a c r i n i b l e un poco más cerca que antes, con mavOT eslridenaa, jTlam! Quedamos alert; un m o m e n t o pero no es piisibk deducir c u i l A el ongen de esc portazo repcüdo y cri- aenltf cuyo ruido se apíouma. Ahora acechamos ya en el silencio, nicplosos de la calma, casi stguro de que la noche insistirá con su mLsieno sonoro. Y en sejjuida el inquie lanlc golpe vuelve. ifHtavia mas c s i c n i ó r e o no ya L e j a n o E Palabra de h o r r o r NOCTURNO SEÑTÍMENTAL i; Tlam! í Esta vez es un impacto seco que sobrecoge el animo y lo predispone a una espera vigil a n t e A g u a r d i i m o s c o n el alíenlo contenido v un primer ¿mago de miedo, tln cualquier mstante puede ocurrir que esc ponaio nttcturno rcsuenu nuevamente, con brusquedad repentina y pvorosa. Ligeramente mcorporados. tensos, j t c n demos, aictidemos... hasta que al f m iin un lenuo rumor di aviso sJquieriL se reproduce el goLpe descojiicrianie, enorme, protundo. cada vez mas cercano, aunque todavía recóndito Oui ¿a en Idti escálelas, quiza una V niana en el r e l l a n o U n a c o r r i e n t e tal vez. Pero no, no, cü imposible: en el aire hay bonan ¿a esta n o c h e E l n e n t o no puede ser. la luna no hace estas cosas Ornen, entonces, descarga en lo oscuro ese mdescilrable estrepito i ue se a c e r c a P o r q u e ya, ÜjlLamül. el portazo acaba de sonar casi lunio a nosotros, en un Lugar que no pt drtamos precisar, peri cusa d i s i j n c u cv rresponde a hi que nos scpüía d i la puerta del piso. SjiK- mo que no ha sjdo alh. que no es esa puerta I J que h j ojpejdo, pero sentimos clanimenie que el gran sonido íaniasmal ha aviiuTado m s en la noche esia j punto de alcanzarnos. Vieni: sin duda, siene. aiiriloso pero terrible, ya llega, una especie de sombra ruidosa le precede en el silencio negro y nos a d v i e n e que ha i n v a d i d o La casa. linTIh n Con un largo escalofrío recibimos el porid ¿o fantástico, que ha sonado en el umbral de nuestra habitücit n, ¡aunque no allí exactamente: mas cerca, mas, a los pies de la cama, alh, en el aire, sin goznes ni hisagiras, con estruendo i r r e a l a b r u m a d o r que nos asalta, nos atrapa, nos periciM y hace por fin su nismico Er irloso porosdede La npiels portazo. dentr o otros j j i J j T l a m l! V siilo entonces comprendemt. s que alguien ha entrjdo por la puerta de nuestro corazón, y que la hn cerrado con tanta energía pi rque no piensa salir jamás. Ignacio TORRUOS