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W í jnia isa, los Jíncipes gsciend por la escalinata de la catedrafqatólica de, aC Marcha Real Infantes de arina de España cían guardia de honor a la entrada del templo mejor dicho, del Estado de entonces ofrecía a sus lectores la información sobre la boda del futuro Rey de España. No sólo la Prensa española en general, salvo honrosas excepciones, sino la propia televisión ofrecieron una pobre cuando no manipulada información sobre el histórico acontecimiento. Así, por ejemplo, los periódicos y revistas recibieron del Ministerio de Información y Turismo la orden de no prestar atención a la ceremonia ortodoxa de la boda que siguió a la ceremonia de rito católico. Las fotografías que llegaron a España fueron censuradas. Al Gobierno o al Estado de entonces, que era lo mismo, le preocupaba la boda del Príncipe Don Juan Carlos por varios motivos. Uno de ellos por la manifestación monárquica que ello suponía y que iba a ser la primera masiva d e s d e el r e i n a d o de Alfonso XIII, a pesar de la distancia geográfica del escenario de la ceremonia. Otra de las preocupaciones, la más importante, era el Conde de Barcelona. Como el Estado, el Gobierno y los censores de la época sabían que la presencia del padre del no- vio en una boda es tan obligada como la del padre de la novia, en este caso el Rey Pablo, y en evitación de que se pudiera aprovechar la ocasión para que los españoles le conocieran más y mejor, el Ministerio de Información advirtió a los medios de comunicación que se mantenía en pie, a pesar de la boda, la sugerencia vigente entonces sobre la prohibición de publicar aquellas fotografías en las que apareciera la imagen del Conde de Barcelona. Por supuesto que muchas publicaciones respetaron la suge- rencia en evitación de problemas y porque además no resultaba difícil eliminar una imagen de una fotografía por muy en primer plano que ésta estuviera. Lo que ya si resultó de encaje de bolillos y digno de figurar en los anales de la historia del periodismo mundial fue el tratamiento dado por Televisión Española, que consiguió el circense más difícil todavía al ofrecer la película de la boda como si ésta se hubiese celebrado en plena selva, ya que consiguieron cubrir la imagen del Conde de Barcelona, que ocupaba el lugar más destacado junto a los novios en el altar, tras ramas 19