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118 ABC ESPECTÁCULOS DOMINGO 10- 5- 87 Joan Crawford: La categoría de superstar elevada a profesión La actriz se pierde en el recuerdo tan sólo diez años después A los diez años de su muerte muchos la habrán olvidado. No fue, en efecto, un sex- symbol ni siquiera una actriz fabulosa. Fue, sin embargo, en vida y a lo largo de casi medio siglo, la imagen misma del giamour la superstar por antonomasia. Haciendo de los defectos virtudes, convirtió su inmensa boca en reclamo, en lugar de disimularla, al igual que con sus anchos hombros, que, destacándolos, Creó un estilo todavía hoy dé moda Vivió, de hecho, por y para el estréllate, e incluso su vida íntima, a juzgar por lo que cuenta una de sus hijas adoptivas, Christina, en su despiadada biografía Mommy dearest estuvo organizada en función de lo que de ella debía decir la Prensa. Y logró lo que ninguna actriz, antes ni después, ha conseguido: eclipsar a la mismísima Garbo en el único filme en el que las que eran a la sazón reinas de los estudios Metro Goldwyn Mayer compartieron la cabecera de cartel, aunque no apareciesen nunca en el mismo plano; fue en Gran Hotel Cori la Metro, en efecto, hizo Miss Crawford lo más notable de su carrera, pasando después a depender, a partir de los años cuarenta, de Warner Brothers e incluso dé la tronada Republic y otras productoras más o menos miserables con tal de no desaparecer de la pantalla; y no porque la obligaran las necesidades económicas, ya que había heredado de su cuarto marido, del que enviudó en 1959, un importante puesto en ia empresa Pepsi Cola- de la que se convertiría en public relations itinerante- sino por el ansia enfermiza de permanecer, aunque fuese a costa de bordear el ridículo e incluso, en algún caso, de caer en él. De su primera etapa cabe destacar títulos como, aparte el ya citado Gran Hotel Viva- mos mejor No más mujeres La hora radiante Un rostro de mujer y, sobre todo, Mujeres una película de George Cukor- -quien la dirigió en varias ocasiones- con reparto exclusivamente femenino. Del período Warner, por descontado, se sitúa en la cima Alma en suplicio que le valdría, en 1945, un Osear, galardón para el que también había sido escogida por Amor que mata y la entre nosotros inédita, salvo error, Sudden fear además de la tardía ¿Qué fue de Baby Jane? que la iniciaría en el ciclo de cine terrorífico en el que acabó su carrera. Y antes hizo, para la Republic, la inolvidable Johnny Guitar sin duda su mejor película, un western lírico en el que hasta tuvo la osadía, además de participar en un género que por entonces parecía vedado a las superstars femeninas, de vestirse de amarillo, el Color gafe para la gente del espectáculo. Muchacha trabajadora venida a más en los años treinta, mujer atormentada en los cuarenta, madura femme fatale en los cincuenta y asesina, cuando no víctima, en los sesenta, Crawford fue haciendo evolucionar su personaje a medida que pasaban los años, manteniéndose siempre- gracias tanto a su constante actuación fuera de la pantalla como en ella- en la cumbre. Hoy, cuando han pasado dos lustros desde su desaparición física, la actriz es, en cierto modo, una pieza de museo que no ha logrado- a l menos en Europa- el aura mítica de un Bogart o una Monroe; que en cierto modo puede considerarse como un estandarte de la estética kitsch pero que, en cualquier caso, sigue sonando como un nombre auténticamente grande de la pequeña o gran historia de Hollywood. Pese a lo lamentable de sus últimos años, interpretando películas como El caso de Lucy Harbin o Berserk pese- o gracias- al libro de su hija adoptiva- que se llevó a la pantalla con Faye Dunaway en el papel protagonista- y pese, a que, en pocos años, la imagen clásica, Joan Crawford tradicional, de la estrella ha dado un giro de ciento ochenta grados. No estaría de más que un ciclo, a ser posible no excesivamente largo, de TVE nos la recordara un día de estos. Porque, en cualquier caso, fue un personaje memorablg. César SANTOS FONTENLA La necesidad de ser estrella, siempre Madrid. José Arenas Hoy se cumple el aniversario de la muerte de la actriz Joan Crawford, que falleció hace diez años en su casa de Nueva York, de un ataque al corazón. Había nacido en San Antonio, Texas, el 23 de marzo de 1908. Lucille Fay Le Sueur era su verdadero nombre. Con diecisiete años comenzó en el mundo del espectáculo como bailarina, con el sobrenombre artístico de Bonnie Cassin, pues desde muy niña había demostrado grandes aptitudes para el baile. La compañía en la que bailaba la por entonces aspirante a actriz se dirigió a Hollywood con el fin de participar en un concurso de charlestón. Aquella muchacha entusiasta ganó el concurso y, además, varios títulos de belleza. Todos aquellos galardones le sirvieron para conseguir un papel en Pretty ladies, junto a Zasu Pitts. El filme, prácticamente olvidado, sólo guarda el dato del debut de la nueva estrella. Una vez en Hollywood, y con un contrato firmado con la Metro, la productora decidió un lanzamiento fabuloso para su nueva actriz. Fue la vieja factoría de sueños quien le puso el nombre de Joan Crawford. Entre 1932 y 1936 fue la segunda gran estrella de MGM, después de Greta Garbo, auténticas rivales con estilos muy diferentes de enfocar sus respectivas carreras. Frente al silencio de Garbo para guardar su intimidad, estaba una Crawford siempre dispuesta a contar todo y ser su mejor relaciones públicas. Su primer marido fue Douglas Fairbanks, Jr. y se conocieron en un filme que él protagonizaba; Joan hacía un pequeño papel y se enamoraron. Joan tenía cinco años más que su futuro marido. Cuando Douglas cumplió la mayoría de edad se casaron sin el consentimiento de los padres, la célebre pareja Fairbanks- Pickford. La bella Joan consiguió para sí y para quien ella decía su principe azul él odio y el desprecio de sus suegros. Luego vinieron cerca de ochenta títulos cinematográficos y tres maridos más: Franchot Tone, Philip Terry y Mr. Steele, un hombre de negocios de cuya mano consiguió acceder a una vicepresidencia de la firma Pepsi- Cola, de la que hizo su última ocupación. La que fue llamada Venus de Hollywood tuvo una intensa actividad artística, demostrando su gran capacidad para interpretar los más variados personajes. A la pregunta de un periodista: ¿No le gusta pasar inadvertida? la actriz contestó resuelta: No resumiendo así una postura vital y un talento especial para conservar siempre por encima de todo su categoría de estrella. Un año después de su muerte, Christina Crawford, la mayor de los cuatro hijos que la actriz adoptó en la década de los cuarenta, escribió Queridísima mamá (Mommie dearest) -que era como Joan quería que la llamaran sus hijos- En el libro, Christina pulverizaba sin miedo la reputación de la actriz. En Hollywood se apresuraron a pagar medio millón de dólares por los derechos de Queridísima mamá, con el fin de llevarlo a la pantalla. Joan Crawford, una de las heroínas que dio lugar al llamado cine pañuelo intervino en innumerables películas, entre las que cabría recordar Johnny Guitar, ¿Qué fue. de Baby Jane? Bailarina con taxímetro, El cadete de West Point, Vírgenes modernas, Garras humanas, Rose Marie, Jugar con fuego, La indomable, Corazones comprensivos o El último refugio; con Mildred Pierce consiguió, a la tercera oportunidad, el Osear de Holywood para su paso definitivo a la gloria. Pinar de Las Rozas ASISTENCIA SANITARIA Teléfono 630 11 97 TRATO EXCELENTE SOTO del REAL 500.000 LLAVES 2- 3 dormitorios, salón amplio, polideportivo 70.000 m. zonas verdes, piscinas, garaje, trastero MISCASA 521- 11- 10