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DOMINGO 10- 5- 87 CULTURA A B C 75 En esta ciudad, el humanista se sentía más él, más profundo en su pensar conmemorativa del homenaje con una inscripción en letras góticas, obra del académico y ceramista toledano José Aguado Villalba, con el siguiente texto: Toledo, luz de mi vida Al doctor Marañón, hijo adoptivo de Toledo, en el centenario de su nacimiento. 18871987. El Ayuntamiento de Toledo. CHILLIDA Y MARAÑÓN, EN EL CIGARRAL Estamos cuidando el cigarral de menores con fidelidad y respetó al espíritu del lugar, pero procurando que el fluir de la vida no quede estancado en ninguna presa del pasado. Hemos querido evitar la petrificación que acompaña a todo aquello que los hombres consagran y se empeñan en conservar intacto, ajeno al transcurrir de los tiempos. Con esta perspectiva, nos propusimos dejar un testimonio de hoy que pudiera, en el porvenir, recordar la huella, tan profunda como definitiva, del paso de mi abuelo por los senderos del cigarral, y por nosotros mismos. Este proyecto tenía que resultar cualitativamente armonioso con el motivo que deseábamos conmemorar y con el entorno donde habría de situarse. Se ha dicho que solamente tendiendo la mano hacia lo imposible agotamos el límite de lo que está a nuestro alcance. Pues bien, algo así es lo que en esta ocasión ha sucedido. El sueño difuso y presentido se ha hecho realidad, y hoy podemos tocarlo con nuestra mirada. Desde que concebimos esta idea quisimos acercarnos a Eduardo Chillida. Conocíamos su obra genial de escultor universal y por múltiples referencias sabíamos que sus restantes valores humanos- t a l como sucedía en el caso de mi abuelo- no andaban a la zaga de su talento creativo. Pasó algún tiempo hasta que en el verano del año pasado me atreví a llamarle, sin conocerle, sugiriéndole su posible participación en el desarrollo de un antimonumento, que diría Malraux, que evocara la presencia de mi abuelo en El Cigarral La acogida fue entrañable y la respuesta generosa e inmediata. Desde entonces hasta hoy recuerdo con emoción nuestras conversaciones; el nacimiento de la idea en Chillida; su esfuerzo para atender nuestro encargo entre Goethe y Guernica; la entrega de la escultura proyectada en escala pequeña: una pieza mágica que nos fascinó y prendió nuestro entusiasmo, y, finalmente, el traslado de la obra definitiva por los cielos de Castilla bajo el atento objetivo del Rey. Es mi homenaje- me dijo Eduardoa quien no ha de morir nunca jamás, porque ya nos precedió en esa experiencia y porque su obra le trasciende. Evocaré su presencia a través de la ausencia contemplativa de Toledo. Esta escultura, aún sin nombre, se bañará cada tarde en la maravillosa luz que desde su espalda ilumina la ciudad, y; asistirá cada mañana al renacer deslumbrante de un nuevo día. Desde su atalaya será testigo del discurrir del tiempo en este prodigioso recodo del Tajo, donde desde hace siglos todo pasa y al mismo tiempo todo permanece. En el aire de la tarde hay como un vacío, como algo irrecuperable que nos falta. Sólo las alas de nuestra imaginación y las raíces de nuestro sentimiento pueden ocupar este espacio. Nos encaminamos a la colina donde ha quedado situada la escultura, en el mismo lugar donde mi abuelo contemplara tantas veces la silueta incomparable de la ciudad imperial. Allí, en el fondo de nosotros mismos, evocamos a Gregorio Marañón, ejemplo de lo, natural mejor como le retrató Juan Ramón. Llegamos a él, y siguen siendo palabras de nuestro poeta, como a esos parajes gratos donde es bueno reposar. Desde él se ve el mar y el día azul está sobre nosotros, fijo, seguro de que no nos va a dejar: Gregorio MARAÑÓN Y BERTRÁN DE LIS Lugar de asiento En el mismo ambiente de emocionada evocación se inauguró oficialmente al atardecer el monumento que, realizado por Eduardo Chillida, recordará desde ahora, sobre una leve colina del cigarral Los Dolores, la vinculación de la vida y la obra de Marañón a Toledo y a sus gentgs. Además de los hijos y los nietos del doctor Marañón, y las autoridades toledanas, asistieron al acto numerosas personalidades, y entre ellas las señoras y señores duquesa de Andría, Arango (Joaquín) Atienza (Pablo) Becerril (José Antonio) Calvo- Sotelo (Joaquín) Carvajal (Pablo) Cortés (Matías) Diez de Rivera (Sonsoles) Fisac (Miguel) Izaguirre (Pilar) Martín Municio (Ángel) Moya (Rosa) Ortega (Pascual) Ortega (Soledad) marquesa de Perinat, Punset (Eduardo) Schüller (Amador) marquesa viuda de Salvatierra, marquesa de Santo Floro, Soto (Fernando) Toledo (Romualdo) condesa de Yebes y el director de ABC, Luis María Anson. Lugar de asiento fue la denominación con que Chillida bautizó su obra. En el acto inaugural habló Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, nieto del humanista, para explicar que la escultura de Chillida- u n gigantesco sillón de piedra- simboliza, de un lado, la quietud del hombre de ciencia y del escritor trabajando en la paz de su cigarral, y, de otro, el fluir constante del pensamiento de Marañón, que no ha perdido vigencia. Habló luego breve y emocionadamente el escultor Eduardo Chillida. Afirmó que sin conocer a Marañón, tenía referencias muy directas, pues su mujer fue paciente del doctor. Añadió que conocía a fondo su obra y que estaba orgulloso de haber hecho una escultura en su homenaje. Por último, el actor José Luis Gómez leyó unos párrafos del libro Elo- gio y nostalgia de Toledo de Marañón. El cardenal primado don Marcelo González Martín envió una carta muy expresiva a Carmen Marañón sumándose al homenaje. El Ayuntamiento obsequió a los asistentes con un ejempiar de la monografía sobre El cigarral de menores, escrita por don Gregorio Marañón en 1936. El epílogo de la brillante jornada conmemorativa corrió a cargo de Teresa Berganza, que dio un recital en el museo de Santa Cruz. La víspera, Josefina Meneses había dado otro de canciones de zarzuelas, patrocinado por la Diputación Provincial de Toledo, también en honor del insigne escritor. El alcalde de Toledo y Gregorio Marañón Moya en e! momento en oue se inaugura la lápida conmemorativa del homenaje