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ABC, pág. 74- CULTURA -DOMINGO 10- 5- 87 Emocionaba ver a centenares de toledanos apretujados en torno al marqués de Marañón y a sus hermanas para felicitarles y evocar con referencias concretas los días ya lejanos de las frecuentes visitas de don Gregorio a Toledo. Yo lo conocí en la romería del ángel decía a mi lado una mujer. Fui a su consulta en Madrid y no quiso cobrarme nada afirmaba un viejo artesano toledano. En la sala capitular del Ayuntamiento de Toledo se recordó que no había escritor o científico eminente que visitase España y no llegase a Toledo de la mano de este excepcional cicerone queó aprendió de Galdós a andar por las callejas. En Toledo- s e ha dicho- se sentía Marañón más él, más profundo en su pensar, y cuando transitaba por Zocodover en su breve paseo dominical, los toledanos le saludaban con respeto y admiración, pero sobre todo con cariño, porque sabían de su apasionado amor a Toledo y eran conscientes de que no tuvo nunca esta ciudad mejor heraldo ante el mundo que él porque nadie caló más hondo que él en su historia. Varios oradores exaltaron la figura del singular humanista durante el acto académico, al que asistieron las primeras autoridades y que presidió el alcalde, Joaquín Sánchez Garrido. El doctor Juan Muñoz García, que intervino en nombre del Colegio de Médicos de Toledo, aludió al humanismo de Marañón simbolizado en una de sus frases más conocidas- La Medicina es una ciencia inexacta, pero donde no llega el saber puede llegar siempre el amor sugirió que se crease una cátedra donde se divulgara el pensamiento de Marañón, a quien calificó de primer endocrinólogo del mundo. Habló luego un representante de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toíedo, de la que el homenajeado fue miembro de honor. Emocionado y cordial homenaje de la ciudad de Toledo a Gregorio Marañón Una colosal escultura de Chillida, centro y símbolo de los actos Toledo. Luis Moreno Nieto La jornada final del homenaje a Gregorio Marañón en el centenario de su nacimiento fue cordial, entrañable, casi familiar, evocadora del toiedanismo del insigne intelectual, hijo adoptivo de la Ciudad Imperial, a la que dedicó varios libros. Al solemne homenaje de Madrid ha sucedido este otro en Toledo, más sencillo, pero quizá también más conm ovedor. Una colosal escultura de Chillida fue centro y símbolo de los actos celebrados ayer. Trapero del tiempo El marqués de Marañón trazó una semblanza biográfica de su padre, creador de la cátedra de Endocrinología de la Facultad de Medicina de Madrid, inexplicablemente extinguida a raíz de la muerte del humanista. Su capacidad de trabajo era tan asombrosa- d i j o- que, unida a su inteligencia excepcional, a su rigurosa disciplina en la técnica creadora y a su facilidad de asimilación, pudo crear su obra magistral. Decía siempre que él era un trapero del tiempo y así fue, porque supo aprovechar cada minuto como un tesoro. Fue mi padre- -añadió- -miembro de cinco Reales Academias, caso sin otros precedentes que los de Jovellanos y Cánovas. Fue el Único español miembro a la vez de la Academia de Ciencias de Inglaterra, del Instituto de Francia y de la Academia de Ciencias Morales y Políticas de París. Explicó que su padre nunca buscó la política, que no entró jamás dentro de sus activi r dades normales ni de sus aficiones. Finalmente, el alcalde subrayó el talante li- a beral que caracterizó la vida y ia obra de Ma rañón y dijo que en el trato con sus descendientes aprecia hoy el mismo espíritu de tolerancia y de toledanía que han heredado y conservado fielmente. La escultura Lugar de asiento en el cigarral Los Dolores En la imagen, el autor de Los asistentes al acto se trasladaron luego la obra, Eduardo Chillida, dialoga con Miguel Fisac y, en primer término, Amador Schü- a la cercana calle de Santo Tomé, donde ller conversa con Joaquín Arango; al fondo la Ciudad Imperial Gregorio Marañón Moya descubrió una lápida