Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
GENTE La melanina como delito M AS de una razón tenía el rifeño Mahmet para buscar el norte. Aparte que su abuelo combatió en las filas rebeldes durante la contienda civil española, participando en la toma de Oviedo (episodio del cual aún conserva el anciano hilarantes recuerdos y una ristra de orejas a modo de trofeo de guerra) Mahmet poseía una brújula hidráulica siempre escorada hacia el septentrión y unos irrefrenables deseos de ver mundo y de ampliar horizontes. Por todo ello, nuestro joven muslime liquidó su famélico rebaño de cabras y, tras hacerse con una caja de herramientas repleta de transistores, auriculares, elefantes de plástico surtidos, magnetófonos y condones, siguió la llamada de su aguja de marear y se dejó llevar por sus pulsiones magnéticas hasta aterrizar en la estación de Atocha dispuesto a dejar chicas las hazañas de su abuelo y las del mismísimo AbDel- Krim. Con su insólito muestrario deambulaba Mahmet por tabernas y cantinas provocando ia indiferencia de los parroquianos, que fingían no verlo, hasta el extremo de que el mahometano llegó a pensar que Alá le había dotado con el raro don de la invisibilidad, mas no tardó en descubrir que, si bien era invisible para el común de los mortales, no lo era tanto para las fuerzas del orden público, cuya fijación con los hijos del Islam se materializaba en una obsesiva cadena de sospechas, identificaciones, detenciones, retenciones y recelos que lo conducían reiteradamente a las dependencias policiales, y que desemb o c a r o n en una r á p i d a confiscación de sus stocks. Un par de días después de su llegada, Mahmet conocía todas las mazmorras de Madrid y no contaba con un triste preservativo sobre el que caerse muerto. Pero no por estas pequeñas trabas se amilanó nuestro aguerrido rifeño. Si había perdido la brújula y los elefantes, aún le quedaba el ingenio para subsistir. Apostóse en una esquina, y con una uña iba rascando las calcáreas paredes con las que confeccionaba las papelinas que tanta demanda tenían entre los alevines de la cristiandad. Pero esta innocua industria tampoco gozaba del beneplácito de los sicarios del statu quo, que peinaban calles y avenidas con el único criterio de la pigmentación. Después de una ominosa reclusión de más que dudosa constitucionalidad, Mahmet salió a la calle dispuesto a enderezar sus pasos, y los encaminó hacia el rockódromo para celebrar las Creando arte al filo de la muerte D fiestas del santo patrono de Madrid. En la polvorienta explanada, semejante a un sumidero, decenas de millares de vociferantes jovenzuelos agitaban su acné lanzando litronas al escenario. Poderoso es Alá- s e dijo el agaren o- Heme aquí libre, inocente de cualquier mácula y dispuesto a reconciliarme con los infieles escuchando el concierto de Liberales Disléxicos, el grupo más moderno de España. Y con estos dulces pensamientos, el buen Mahmet se deslizó hacia el vórtice de la cloaca al tiempo que Liberales Disléxicos entonaban su mayor hit: La venganza de Annual cuyos ritmos machaconamente oligofrénicos parecían transportar al enfebrecido público a una irracional orgía de xenofobia e irracionalidad. Cuando se extinguió el último fuego de artificio y la masa juvenil abandonó el rockódromo, rodeado de vomitonas y cristales rotos, apenas quedó un pingajo en el lodazal, único residuo del orgulloso agareno. Javier BARQUÍN ECÍA Juan Belmonte, en el admirable relato que nos hizo de su vida Chávez Nogales, que, aparte las cuestiones técnicas, lo más importante en la lidia, sean cuales sean los términos en que ésta se plantea, es que la íntima emoción traspase el juego de la lidia: que al torero, cuando termine la faena, se le salten las lágrimas o tenga esa sonrisa de beatitud, de plenitud espiritual que le hace sentir el aletazo de la divinidad. Hoy en día, cuando el mundo está más comercializado que nunca, los toreros, gracias a Dios, seguimos sintiendo frente al toro esa sensación de espiritualidad, de divinidad que sólo se puede sentir creando arte al filo de la muerte. Ahí es donde radica la verdad y la grandeza de los hombres que nos vestimos de luces cada tarde. Por mucha compensación económica que haya (por otra parte, justa) es esa especie de orgasmo psíquico lo que nos mueve a afrontar la vida y la muerte con esa sonrisa y esa entereza que sólo los elegidos pueden sentir. Mi más sentido respeto y admiración a todos esos hombres, compañeros, que, acariciando la muerte, se juegan la vida para deleite de todos. Suerte. Paco MACHADO matador de toros Mahmet, engalanado para el rockódromo isidril SÁBADO 9- 5- 87 ABC 113