Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
UANDO uno lleva una ajetreada vida social sabe io difícil que resulta a veces ajustar su calendario a la gran cantidad de fiestas y actos de copetín que se celebran a lo largo del año en una ciudad como Madrid. Sí, podemos decir que nuestra capital es un centro de disipación permanente, un paraíso babilónico de frivolidad y molicie. El sitio, en resumen, ideal para vivir para todos los amantes de la bacanal y la mojiganga. Un dilema, sin embargo, se presenta a la hora de evaluar las fiestas populares. Lo real es que uno puede divertirse todo el año. Lo oficial, que sólo en las festividades que marca el santoral. Es curioso comprobar cómo en un Estado laico siguen plenamente vigentes los atavismos religiosos. La autoridad socialista tiene muchos reflejos eclesiásticos, empezando por el dogma de la fe, pasando por la sacralización de las principales figuras que han dado esplendor a su credo. Valga como ejemplo la beatificación y subida a los altares del profesor Tierno Galván. Es tal el fervor con que el pueblo venera su memoria, que hay hasta quien cuelga exvotos junto a su imagen esperando la curación milagrosa de sus males. Llegando la festividad de San Isidro, el labrador pasa a convertirse en viejo pedagogo y, más que otra cosa, se celebra la fiesta de San Tierno, donde, siguiendo su más célebre máxima- A colocarse y al loro se participa en una ceremonia de religión común donde se comulga a base de litronas. ¿Pero qué puede hacer el amante de diversiones exquisitas C El Retiro, tras las fiestas de San Isidro de 1982, primer año triunfal Las fiestas del santo del sofisticado placer de los sentidos cuando llega en Madrid el mes de mayo? ¿Es acaso lo mismo saborear un bien medido cóctel en el jardín de una mansión que una sangría callente en vaso de plástico en una polvorienta verbena? ¿Ver a gente guapa vestida con sus mejores galas, que contemplar la fealdad del prójimo en traje de faena? El concepto general de una fiesta de Ayuntamiento es el agrupamiento masivo, el sudor, la suciedad, las botellas rotas, la pedrada en la sien al músico que actúa, la humareda de churros y sardinas asadas, la violencia a flor de piel. A colocarse y al loro. Mientras tanto, la Policía Municipal se ocupa de cerrar y poner todo tipo de trabas a locales donde se organi- cen conciertos de forma privada, o de presentarse a suspender fiestas particulares en cuanto tiene ocasión. Mientras el alcalde glorifica a la movida, por detrás le pone la zancadilla impidiendo su libre desarrollo. No es lo mismo la frivolidad culta y sofisticada de una vanguardia civilizada que la barbarie plebeya en estridente romería con el apoyo de la Administración. Todo es cuestión de saber vivir, que diría Javier Sádaba. Jorge BERLANGA El meneo madrileño ras al día. La elección del momento para dejarse ver corría a cargo del individuo. Después de la segunda guerra mundial, que la ganaron sin duda los americanos del Norte, fue Nueva York la ciudad más viva de la tierra, hasta que el Swingin London le arrebató el cetro allá por el 65. Madrid, creo yo, no quiere ni puede competir con tales metrópolis, pero mientras en la ciudad sigan existiendo castizos de pura cepa, las espadas estarán en alto. He de confesar que he conocido castizos de pura cepa en Sevilla, BarCualquiera que haya salido al extranjero, celona y hasta en las Rías Altas. ¿Madrid? aburrido extranjero, se habrá dado cuenta de República Independiente con frontera en El que a las siete de la tarde la vida decae como Pardo- me contestó uno de ellos hace muchos si le entrara la pájara. Es el clima, es el tedio, o años- el que quiera diversión, que nos la pala moqueta quizás. A mí me gustan las noches gue- prosiguió- como le pagamos el güisqui de Madrid, con sus atascos en la Gran Vía a y el tabaco a los andorranos. ¿Y los Ministelas tres de la mañana, con esas ganas de juer- rios? A Burgos- me respondió- tan recia, ga que unen a todos los ciudadanos sin distin- tan sobria, tan castellana. ción; eso sí, cada oveja con su pareja. La movida madrileña es ahora un MENEO; En los años veinte, el eje formado por Berlín- es el tumbao que tienen todos los guapos al París- Buenos Aires era la columna vertebral, el caminar como diría Rubén Blades. Lo demás Edi Caligari ha apurado las noches de Es- sistema nervioso palpitante de las noches de lo ha dicho un madrileño. Edi CLAVO paña como quien apura una toba en la mili entonces. Ciudades que vivían veinticuatro ho- M ADRID no es Las Vegas. Ni Socuéllamos, con todo mi respeto para el manchego lugar. Yo, que he viajado por toda España, que la conozco de día y que he apurado sus noches como quien apura una toba en la mili, tengo la completa certeza de que Madrid es la ciudad española cuyo corazón palpita un poco más. Cuando en otras ciudades ya se han recogido hasta las aceras, en Madrid se desperezan muchos, la ciudad hierve, hierve la noche. SÁBADO 9- 5- 87 ABC lll